Aún nos parece increíble pensar en lo rápido que ha avanzado la inteligencia artificial y los cambios que ha hecho en tan poco tiempo en la humanidad. Parece que ha sido más tiempo, pero fue el 30 de noviembre de 2022 cuando la empresa OpenAI lanzó al público su proyecto ChatGPT, un bot conversacional, que cambió desde los procesos de empresas enteras hasta la forma en que se concebía la educación.
Su conquista ha sido de tales magnitudes que el comité del Premio Nobel les otorgó a John Hopfield y Geoffrey Hinton el galardón en Física por descubrimientos e inventos que sentaron las bases del aprendizaje automático y la inteligencia artificial. Esa es la dimensión de la conquista de la inteligencia artificial concerniente a los métodos que han cambiado, las herramientas que hoy están a nuestro alcance y los inventos que hay y habrá.
Referirnos al universo de la inteligencia artificial es como entrar en un mar profundo lleno de complicaciones que generan soluciones. Los investigadores premiados han utilizado herramientas de la física para desarrollar métodos que son la base del potente aprendizaje automático actual. Esto le dio suficientes razones al comité del Nobel para elegirlos a ellos. No es un tema menor que esos hayan sido los méritos para ganar tan prestigiado premio.
El profesor Hopfield realiza su investigación en la Universidad de Princeton, mientras que el profesor Hinton trabaja en la Universidad de Toronto. Ambos galardonados aplicaron conceptos fundamentales de la física estadística para diseñar redes neuronales artificiales que funcionan como recuerdos asociativos y encuentran patrones en grandes lotes de datos.
Podemos creer que los procesos de inteligencia artificial son complejos —y sin duda lo son— pero la facilidad para aplicarlos en nuestras actividades cotidianas son lo que ha permitido que su aplicabilidad sea tan popular y se haya extendido tanto en sus usos. Ese es el paradigma por medio del cual funciona la inteligencia artificial que es rápida y precisa. Por ejemplo, el reconocimiento facial por parte de nuestro teléfono móvil es sólo una muestra de esta a aplicabilidad. Nuestros datos biométricos se usan hoy para reconocernos al checar nuestras entradas y salidas en la oficina, para acceder a nuestras cuentas de bancos o a diversas plataformas digitales. Algo que antes imaginábamos como una fantasía de ciencia ficción, hoy es parte de nuestro día a día.
Las conquistas de la inteligencia artificial serán tan relevantes como los progresos que se generaron por la Revolución Industrial. El salto es tan grande como el que se vivió cuando se cambió la producción artesanal por la producción fabril. Y, aunque estoy segura de que entonces hubo resistencia y voces que criticaron o fueron en contra, frente al progreso no hay alternativa. Hay quienes lo abrazan y quienes no, los que se suben a la tendencia o los que se quedan atrás.
Por supuesto, los beneficios y sus efectos ya son patentes. El profesor Hinton predijo que la inteligencia artificial “terminaría teniendo una enorme influencia en la civilización y supondrá mejoras en productividad y atención médica”. Esto llena de esperanzas a personas que padecen o ven padecer enfermedades que hoy parecen no tener cura.
Sin embargo, no podemos ser ingenuos. Además de aplaudir los avances, progresos, adelantos que trae la inteligencia artificial, también debemos abrir los ojos, poner atención y darnos cuenta de que no todo es prístino y perfecto. Es necesario atender las preocupaciones que se expresan por una serie de posibles malas consecuencias, desde la alteración de fotografías —ya vimos al papá con un abrigo blanco muy elegante de Dolce & Gabanna— nos hemos enterado de fraudes y otras malas prácticas. Hay que atender, en especial, la amenaza de que estas cosas se salgan de control.
Claro está que no todo lo que brilla es oro. Aunque el comité que les otorgó el Premio Nobel de Física, también reconoció la ciencia que hay detrás del aprendizaje automático y la inteligencia artificial tiene sus aspectos negativos. Por un lado, necesitamos entender que si bien el aprendizaje automático tiene enormes beneficios, su rápido desarrollo también ha planteado temores sobre nuestro futuro. Temores que son legítimos.
La Humanidad en general y cada uno de nosotros en particular tenemos la responsabilidad de utilizar esta nueva tecnología de una forma segura y ética en mayor beneficio de los seres humanos. No podemos tapar el sol con un dedo. Incluso, el propio profesor Hinton comparte esas preocupaciones. El mismo comparte que abandonó un puesto en Google para poder hablar más libremente sobre los peligros de la tecnología que ayudó a crear. Hay que escuchar las voces que también advierten sobre los excesos y malos usos de los avances tecnológicos.
El profesor Hinton reconoció estar conmocionado por el reconocimiento. “Estoy estupefacto. No tenía ni idea de que esto iba a pasar”, dijo cuando le contactó el comité del Nobel por teléfono. Es momento de entender que las máquinas aprenden y hacernos cargo de sentar las bases de desarrollo de la inteligencia artificial. Creíamos que el aprendizaje era un atributo de los cerebros animales y ya vemos que los artificiales también saben aprender.
El trabajo de ambos científicos ha servido para que las computadoras sean capaces de imitar funciones humanas como la memoria y el aprendizaje. Hopfield creó una memoria asociativa en 1982, la cual podía almacenar y reconstruir imágenes y otros tipos de patrones en los datos. Hinton, por su parte, desarrolló un método que permite a una máquina encontrar propiedades en los datos de forma autónoma y, por lo tanto, realizar tareas como identificar elementos específicos en imágenes. Estas investigaciones y logros allanaron el camino para sistemas de inteligencia artificial como ChatGPT.
“No tenemos experiencia sobre lo que es tener cosas más inteligentes que nosotros”, declaró.”Va a ser maravilloso en muchos aspectos, también tenemos que preocuparnos por una serie de posibles consecuencias negativas”. Y, sí, el propio profesor declara que: “Mi suposición es que, dentro de cinco o 20 años, habrá una probabilidad del 50% de que tengamos que afrontar el problema de que la inteligencia artificial intente tomar el control de nuestras vidas”.
Para ello, es necesario ponernos manos a la obra hoy y no dentro de cincuenta años. Sentar las bases de un uso responsable y ético de la inteligencia artificial, gozar sus bondades y restringir sus aspectos oscuros. Disfrutar de las conquistas de la inteligencia artificial antes de permitir que sea ella la que nos conquiste.
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