Por Santiago Ginebra Campillo
Tuve la oportunidad de escuchar a Sarah Youngwood, CFO de Nasdaq, en Washington D.C., hace unos días donde mencionó el lanzamiento de un nuevo estudio del Nasdaq Economic Institute titulado “AI Enabling More Entrepreneurship”.
El reporte llegó en un momento oportuno para quienes buscan respuestas sobre el impacto de la inteligencia artificial en la economía real.
El hallazgo central del estudio revela que ya no se requiere una inversión millonaria para iniciar un negocio. Cada vez más, basta con tener una idea y una suscripción mensual a alguna de las plataformas de inteligencia artificial, que rondan los 200 dólares. Los datos del Censo de Estados Unidos muestran que desde principios de 2025 las solicitudes de nuevos negocios se han acelerado notablemente y el momento coincide casi a la perfección con la llegada masiva de herramientas de IA generativa y de codificación agéntica.
Lo más llamativo no es el volumen sino quién está detrás de estas solicitudes: no son las grandes startups de Silicon Valley, sino emprendedores individuales, freelancers y personas con proyectos de medio tiempo que finalmente cuentan con las herramientas para hacer viable su idea. Las solicitudes de empresas unipersonales crecieron más de 20%, mientras que las de compañías más convencionales (restaurantes, empresas de servicios o de mínima manufactura) con planes de contratación permanecieron prácticamente sin cambios.
El Nasdaq Economic Institute también identificó que casi la mitad del incremento mensual de solicitudes proviene de sectores con alta adopción de IA: tecnología, finanzas y servicios profesionales.
Estos son los sectores en los que un operador individual potenciado por IA puede hoy producir lo que antes requería un equipo reducido. Y no es un dato menor: históricamente, esos mismos sectores han registrado un crecimiento de productividad de 2.2% anual en los últimos 20 años, frente al 1.6% en sectores de adopción media.
La diferencia puede parecer pequeña, pero en dos décadas se traduce en una brecha de 17 puntos porcentuales. La IA no solo facilita emprender, sino que también impulsa a los nuevos negocios hacia los sectores más productivos de la economía.
Sin embargo, el estudio advierte que apenas estamos en los primeros innings. Las herramientas de IA agentica llevan poco más de un año disponibles de forma amplia, y el ecosistema completo que será rutinario para el emprendedor individual en 2027 o 2028 todavía no existe. La promesa es enorme, pero los retos son igualmente reales: la IA automatiza tareas que antes generaban empleos (como el diseño de páginas web, la atención al cliente, el marketing, etc.), puede profundizar la concentración económica en quienes ya tienen acceso a estas herramientas, y plantea preguntas aún sin respuesta sobre el futuro del trabajo y la distribución de los beneficios del crecimiento.
Ante este panorama en Estados Unidos, la pregunta obligada es: ¿qué está pasando del otro lado de la frontera? A diferencia del estudio de Nasdaq, no existe en México un dato oficial que mida el mismo rubro. No obstante, el Centro México Digital (CMD) destaca que solo alrededor de 8% de las empresas con 10 o más empleados utiliza inteligencia artificial, muy por debajo del promedio de los países miembros de la OCDE, que se sitúa en el 20.1%.
En el sector manufacturero, la cifra es aún menor: 4.8%. Peor aún, el propio CMD identifica seis cuellos de botella estructurales que frenan la adopción: estrategia, infraestructura, talento, datos, inversión y seguridad digital.
Al interior de México, las grandes empresas adoptan IA 2.8 veces más que las pequeñas. Mientras en Estados Unidos un emprendedor individual puede hoy, con las herramientas correctas, competir en productividad con un equipo pequeño. En México, las empresas siguen enfrentando barreras estructurales que hacen de la IA un privilegio de pocos. La brecha que hoy parece manejable, con el paso del tiempo, se vuelve sistémica.
La IA está redefiniendo quién puede emprender, cómo se construye un negocio desde cero y quién termina quedándose atrás en el intento. México aún está a tiempo de elegir su lugar en esa ecuación. Pero ningún escenario llega solo: lo construyen los gobiernos, las empresas y la sociedad civil, con estrategia y urgencia. El reloj ya está corriendo.
*Santiago Ginebra Campillo es Consultor en Asuntos Públicos en Washington D.C. — Mtro. en Políticas Públicas, Universidad de Chicago.
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