Comienza la Convención Nacional Demócrata que culminará con la nominación oficial de Kamala Harris a la Presidencia de los Estados Unidos. Este evento -que hace apenas unas semanas podría ser visto como un evento rutinario, hasta cierto punto aburrido- es ahora el punto focal de la atención global gracias a lo que se espera de discursos, posicionamientos, propuestas y los liderazgos que se presentarán a lo largo de estos días.
Y es que, contrario incluso a lo que sus contrincantes republicanos esperaban; el entusiasmo por Kamala sigue creciendo. Los sondeos y encuestas demuestran que está penetrando en regiones, estados y segmentos clave y que su estrategia inyecta entusiasmo, motiva, arrastra y mueve a los electores independientes.
Precisamente eso es lo que nos hace esperar una reunión partidista no solamente de envestidura rutinaria sino de un renacer para la política norteamericana. Ahora acompañada de un candidato ágil, experimentado, bien posicionado y también entusiasta seguramente harán énfasis en demostrar el contraste con la postura conservadora, excluyente y más rígida de sus rivales republicanos.
El primer punto relevante debe ser, sin duda, el reconocimiento al liderazgo de Joe Biden, nada puede arrebatarle el mérito de la victoria del 2020 y el haber sorteado muchas dificultades durante los años recientes. Particularmente dejar un saldo de base para que Kamala pueda ahora retomarlo e inyectarle esa dosis de innovación, frescura y energía que se requería.
Los delegados demócratas rendirán tributo al presidente, pero se volcarán hacia el futuro con la mayor muestra de respeto a su legado. Su declinación también abre y consolida las posibilidades de triunfos a nivel estatal y local que pueden mover el balance competitivo en el Senado, el Congreso, las gubernaturas, congresos locales y ciudades que también tienen elecciones.
Los republicanos parecen seguir en la negación, la obstinación y la firme convicción de que se trata solo de una llamarada, una “luna de miel” y se aferran a continuar con el discurso, la estrategia y el mismo estilo de hacer campaña. Pero las señales son muchas de que las circunstancias ya cambiaron, el momento no les es favorable y la coyuntura parece extenderse más allá de sus cálculos.
Trump y Vance se ven apagados, hay que reconocerlo, perdieron esa inercia que los hacia ver en una victoria competida, en efecto, pero muy viable. No han ajustado, parece incluso que no han salido del desconcierto y se acerca la fecha de debates a los que deben acudir con un formato renovado o al menos actualizado.
Es de esperarse una convención concurrida, llena de figuras de todos los géneros: deportivo, cultural, artístico, musical, empresarial, veremos desfilar una larga lista de famosos, influyentes y carismáticas personalidades que tendrán un mejor escenario y que, aunque no se desgarren la camisa al estilo de Hulk Hogan, serán la cereza en el pastel y servirán para mostrar un músculo electoral contundente.
Se espera mucho de la presencia de los Obama, los Clinton y otros muchos políticos demócratas de peso, históricos, trascendentales, relevantes que siguen presentes y que son parte de lo que se vive en las tendencias actuales, su respaldo y su apoyo aportan, suman, convencen, unifican.
La ciudad de Chicago enciende entonces sus luces para dar la bienvenida a unos 4000 delegados con la perspectiva clara de llegar y salir doblemente motivados, encendidos, listos y unidos para dar la mayor de las batallas electorales de los últimos tiempos, cuestión fundamental que se veía poco alcanzable y que ahora los llena de responsabilidades, asignaturas y tareas estructurales para desarrollar en lo que resta de aquí a las elecciones.
La agenda de trabajo incluye lo que serán definiciones fundamentales sobre puntos cruciales de política pública. Economía, migración, relaciones internacionales, conflictos en curso, Medio Oriente, Europa, tecnología, empleo, salarios, aborto, seguridad, adicciones, inteligencia artificial, cambio climático, contaminación, agua, la lista es muy extensa y compleja por lo que los medios, los analistas y los académicos tendrán tiempo para desglosar, digerir, revisar y ponderar cada pronunciamiento.
Muchas áreas que mejorar, muchos puntos que revisar y en todos ellos habrá de marcarse una diferencia absoluta, congruente y contundente. Prácticamente, aquí puede abonarse suficiente capital político -ya desde ahora- hacia una victoria demócrata en noviembre.
Simpatizantes, activistas, líderes, organizaciones, grupos, sectores de la población y votantes mantienen sus interrogantes y reservas, esta es la gran oportunidad de Kamala para terminar de convencerlXs.
El tema económico es central en sus preocupaciones y es ahí donde tendrá que fortalecer todas sus dotes con claridad y precisión, ofertas y proyectos concretos, programas diferentes, ideas viables y soluciones disruptivas. Comparaciones, valoraciones, estimaciones de lo urgente, lo necesario, lo imprescindible.
De esta reunión partidaria se espera además una conclusión y una asunción definitiva: lo que será la separación formal de Kamala y Biden. Es decir dejar atrás su rol y etiquetas como vicepresidenta y ahora dar el siguiente paso, avanzar y convertirse -personal e individualmente- en la candidata, la contendiente, la competidora, la aspirante demócrata.
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