Enlaces rápidos

    Hay momentos en los que, casi sin darnos cuenta, empezamos a ver con mayor claridad.

    Esta semana ha sido una de esas. Entre mapas familiares que revelan historias ocultas, personas que nos recuerdan lo esencial y reflexiones sobre la tecnología que estamos creando, se dibuja un mismo hilo conductor: entender de dónde venimos… para elegir con mayor conciencia hacia dónde vamos.

    Lo que estoy leyendo

    Esta semana me he sumergido en el estudio de los genogramas, una herramienta que permite construir mapas de las estructuras familiares para visualizar, de manera gráfica, las relaciones entre sus miembros y los patrones que se repiten de una generación a otra.

    A diferencia de un árbol genealógico tradicional, el genograma no solo muestra quién es quién, sino cómo se vinculan: dónde hay cercanía, conflicto, distancia o ruptura. Integra elementos como el orden de nacimiento, muertes, enfermedades, adicciones, estabilidad en matrimonios y divorcios, revelando una narrativa mucho más profunda que la simple historia familiar.

    Lo poderoso de este ejercicio es que convierte lo invisible en visible. Permite entender que muchas de las dinámicas que vivimos no son aisladas, sino parte de un sistema que se ha ido formando a lo largo del tiempo. La familia deja de verse como individuos separados y empieza a comprenderse como un solo organismo vivo, con sus propias reglas, tensiones y mecanismos de adaptación.

    En mi trabajo con familias empresarias, especialmente en procesos de sucesión, este entendimiento abre una puerta invaluable. Porque más allá de la estrategia, los mayores retos suelen estar en estas dinámicas no dichas que, al ser vistas con claridad, pueden empezar a transformarse.

    Te dejo una invitación: date el tiempo de indagar en tu propia historia y construir tu genograma. Atrévete a mirar los patrones, las repeticiones, las ausencias y las conexiones. Es muy posible que ahí encuentres explicaciones a dinámicas que siempre has percibido… pero que nunca antes habías logrado entender con claridad.

    Te interesa: Liderazgo humano y trascendente: la ventaja competitiva que no aparece en el balance

    Coleccionando gente hermosa

    Esta semana mi corazón está con mi querido Santiago Macías, quien acaba de sufrir un accidente cerebrovascular y cuyo estado es reservado.

    Santiago es un hombre que ha dedicado su vida a fortalecer organizaciones y a pensar el futuro con profundidad y generosidad. Estratega, autor y consultor, ha desarrollado conceptos como “Empresas Indestructibles” y “Planeación Generativa Integrada”, siempre con la intención de ayudar a las empresas a adaptarse, evolucionar y trascender en entornos complejos.

    Durante los años en que fue Director General de COMPITE, tuve la fortuna de colaborar con él en varios proyectos. Fueron espacios de aprendizaje, de construcción y de reflexión compartida sobre cómo hacer empresas más sólidas y humanas.

    También tuve el privilegio de coeditar con él el libro ¿Por qué México sí?, una obra que refleja su compromiso con el desarrollo del país y su capacidad de ver posibilidades donde otros ven límites.

    Pero más allá de su trayectoria, lo que define a Santiago es su calidad humana.

    Hoy lo tengo presente, con muchísimo amor en mi corazón y con la esperanza profunda de su recuperación. 

    Mi lucha diaria

    Parte de mi dinámica en esta lucha diaria es escribir. Escribo para pensar. Escribo para ordenar. Escribo, sobre todo, para alinear mis pensamientos con aquello que quiero ser.

    Y esta mañana, en ese diálogo —cada vez más presente— con la inteligencia artificial sobre su rol en nuestras vidas, surgió un concepto que me encantó: la IA es un espejo.

    Un espejo que puede reflejar lo mejor de nosotros. Nuestra capacidad de crear, de conectar ideas, de dar forma al pensamiento. Y bien utilizada, puede convertirse en un gran aliado. Una herramienta que nos ayuda a ver con más claridad, a profundizar y a mantenernos fieles a nuestros valores en medio de la complejidad.

    Pero también es un espejo que no es neutro. Si no la alimentamos con nuestro pensamiento, valores y principios no negociables, loo que nos devuelve está influido por cómo fue diseñada y por las corrientes de información que la alimentan. Y sin darnos cuenta, podemos empezar a adoptar formas de pensar, conclusiones o visiones del mundo que no necesariamente son nuestras.

    Por eso, más que tenerle miedo, creo que vale la pena tenerle respeto. Usarla con intención. Cuestionar lo que nos regresa. Pasarlo por nuestro propio criterio.

    No para alejarnos de ella… sino para relacionarnos mejor con ella. Porque en el fondo, no se trata de tecnología. Se trata de nosotros. De cuidar nuestra capacidad de pensar, de sentir, de elegir. Y de usar herramientas como esta para ampliar lo mejor de nuestra humanidad… no para sustituirla.

    Ten un gran día.

    Sobre el autor:

    Mac, visionario emprendedor y líder de opinión en cómo construir el futuro en el cual nos dará gusto vivir. Enseña a empresas, asociaciones y gobiernos a enfrentar mejor el futuro, asumir su grandeza, y hacer una diferencia en el mundo.

    https://kroupensky.com

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

    Suscríbete a Forbes México