México, por su geografía, enfrenta toda una serie de riegos, geológicos e hidrometeorológicos. Esto no es novedad, es una realidad estructural con la que se tuvo y se tiene que vivir, pero también con la que hay que actuar para establecer políticas de prevención cada vez más adecuadas.
En la actualidad ya tenemos evidencias de que estaremos más expuestos a catástrofes, de ahí que se requerirán de conocimientos y de herramientas que ayuden a contrarrestar los efectos de situaciones que no van a dejar de presentarse y que cada vez pueden tener una potencia mayor.
Y no es que no se hayan hecho las cosas de la manera correcta, al contrario, contamos con una protección civil profesional y que se ha nutrido de experiencias a lo largo del tiempo, el asunto es que se trata de una tarea permanente y sin reposo.
Para nada es un secreto, que uno de los problemas más acuciantes que tienen que enfrentar los gobiernos y las áreas de protección civil es el que proviene del agua, las tormentas tropicales y los ciclones.
Son temporadas complejas en las que se tiene que lidiar con desastres de diversas magnitudes y en el que muchas veces, y por desgracia, se pierden vidas.
Cinco estados, Veracruz, Hidalgo, Puebla, San Luis Potosí y Querétaro están enfrentado una situación complicada por lluvias atípicas.
El saldo, aún preliminar, es de 64 personas fallecidas, pero aún hay personas por localizar y muchos municipios de encuentran asilados y sin comunicación, por lo que paulatinamente se tendrán datos ya más precisos.
En situaciones así todo se pone a prueba y no siempre salen librados los políticos que carecen de la sensibilidad adecuada, porque hay que tener la piel dura para aguantar los reclamos y la inteligencia suficiente para plantear la ruta que dé respuesta a demandas legítimas de quienes son afectados por los fenómenos meteorológicos.
Mandatarios como Rocío Nahle no están ayudando. La gobernadora de Veracruz suele tener información de mala calidad, se enredó señalando que el río Cazones solo se había desbordado moderadamente, cuando lo que ocurrió es que se inundaron amplias zonas de Poza Rica.
En lugar de reconocer la gravedad de la situación, trata de escabullirse con la cantaleta de acusar a sus adversarios de cualquier problema que se le atraviesa.
Otro tanto podría decirse del hidalguense Julio Menchaca y del poblano Alejandro Armenta, porque no se trata de que sean magos, sino que traten de ser empáticos.
La gente está enojada y es natural, muchos perdieron a sus familiares y vieron afectadas, quizá de modo irremediable, sus propiedades y pertenecías.
La clave es que la irritación social sirva como plataforma para soluciones de fondo ahí donde puedan darse, reordenamiento urbano y alertas cada vez más oportunas.
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