Aunque su origen se remonta a la India del lejano siglo VI d.C., el ajedrez evolucionó a partir del juego conocido como Chaturanga. Recorrió territorios como Persia hasta convertirse en la disciplina que hoy conocemos, desarrollada en Europa durante el Renacimiento y consolidada en España a fines del siglo XV. En sus inicios, representaba la infantería, caballería, elefantes y carros de guerra de un ejército; con el tiempo, se transformó en una pura batalla intelectual.
A diferencia de otros juegos de mesa, el ajedrez no depende del azar. Es una disciplina que exige conocimiento teórico, estrategia, táctica y un análisis profundo sobre las repercusiones de cada decisión. Se basa en una lógica secuencial donde cada movimiento nos acerca a un único objetivo: el jaque mate.
Un potente gimnasio neuronal
El cerebro utiliza diversas estructuras para analizar, reflexionar y decidir. Es, como se le atribuye a Blaise Pascal, un verdadero “gimnasio para la mente”. Al ejercitar simultáneamente múltiples áreas cerebrales, esta actividad genera una mayor plasticidad neuronal (proceso conocido como “arborización dendrítica”) que, a la postre, fortalece las reservas cognitivas, un factor clave en la protección contra enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.
Múltiples beneficios que trascienden el tablero
Los beneficios del ajedrez son tan variados como sus aperturas, y sus lecciones son directamente aplicables a las diversas esferas de la vida:
- Desarrollo cognitivo: Fomenta el pensamiento crítico y la planeación a largo plazo, permitiendo encontrar soluciones creativas en el tablero y, por extensión, en los desafíos cotidianos.
- Fomento de la resiliencia: Enseña a manejar la presión, a recuperarse de los errores y a capitalizar las derrotas, una habilidad clave en cualquier ámbito profesional y personal.
- Concentración para todos: Es una herramienta excelente para desarrollar la atención sostenida. Por ello, se utiliza como apoyo en casos de TDAH y trastornos del espectro autista.
- Memoria ejecutiva: El aprendizaje de principios, patrones y aperturas ejercita la memoria a corto y largo plazo, fortaleciendo la capacidad de retener y aplicar conocimiento complejo.
- Impulso al desarrollo infantil: En los niños, fomenta el pensamiento lógico-matemático y valores fundamentales como el respeto y el deportivismo.
La enseñanza del ajedrez debería contemplarse en los planes de estudio de educación básica o considerarse con seriedad como una actividad extracurricular indispensable durante la infancia.
Aunque la discusión sobre si es un deporte es eterna, el ajedrez es, sin lugar a duda, una de las actividades más competitivas que existen. Su naturaleza se reafirma con torneos mundiales individuales, por equipos y por países, incluyendo las prestigiosas Olimpiadas de Ajedrez.
El ajedrecista se convierte en un estratega y sus piezas son la metáfora de un ejército intelectual. Aquí, los sacrificios de material, las celadas, los ataques múltiples o las promociones de un simple peón pueden elevar una partida a la categoría de obra de arte. Tal fue el caso de la legendaria “Partida Inmortal”, donde Adolf Anderssen sacrificó su dama, dos torres y un alfil para dar un jaque mate inevitable, demostrando que el valor de los recursos depende más de su posición y funcionalidad que de su simple número.
La adrenalina del pensamiento
Contrario al estereotipo, el ajedrez moderno puede ser vertiginoso y divertido. Hoy se juegan partidas de dos minutos, conocidas como “ajedrez bala”, o batallas de resistencia épica como la que se disputó en el Campeonato Mundial de 2021 entre Magnus Carlsen e Ian Nepomniachtchi. Aquella partida duró 136 movimientos y casi ocho horas, una hazaña de resistencia mental que terminó con la victoria de Carlsen.
Las nuevas variantes, como el Ajedrez 960 —popularizado recientemente bajo la marca Freestyle Chess—, permiten partidas donde el dominio de las aperturas es reemplazado por el razonamiento y la comprensión de principios teóricos.
Los grandes nombres
El juego ha sido liderado por figuras legendarias: desde campeones mundiales como Anatoly Karpov y Garry Kasparov, hasta genios revolucionarios como Mikhail Tal, “el Mago de Riga”, José Raúl Capablanca y Bobby Fischer. Hoy, el noruego Magnus Carlsen continúa dominando la escena mundial.
El talento no tiene género. La historia de las hermanas Polgár es un poderoso ejemplo: Judit Polgár, la menor de ellas, rompió todas las barreras al alcanzar el Top 10 del ranking mundial absoluto, compitiendo de igual a igual con los mejores de la historia. Actualmente, figuras como la china Hou Yifan motivan a millones de niñas y mujeres.
Los niños prodigio muestran la vitalidad del ajedrez. Un ejemplo es el argentino Faustino Oro, quien desde los diez años ha asombrado al mundo al derrotar a varios de los mejores jugadores, demostrando que en el tablero la única diferencia la marcan el talento y la estrategia.
El ajedrez ha inspirado series, como la muy aclamada “Gambito de Dama”, y aunque sus personajes son de ficción, la trama relata las vicisitudes con las que un ajedrecista se topa en el camino a la cima competitiva.
El legado de México: Carlos Torre Repetto
En México, la figura más destacada es Carlos Torre Repetto. Este prodigio yucateco, considerado por muchos como destinado a ser campeón mundial antes de su pronto retiro a los 21 años, dejó un impacto monumental. Se enfrentó a la élite de la década de 1920 y protagonizó una de las partidas más famosas de la historia al vencer al excampeón mundial Emanuel Lasker en 1925. La combinación táctica de esa partida es hoy estudiada en todo el mundo como “El Molino de Torre”. Su legado perdura y su nombre resuena en la historia del ajedrez.
Un fenómeno global en la era digital
En 1997, cuando la supercomputadora Deep Blue de IBM, en una histórica revancha, derrotó a Garry Kasparov, se marcó el inicio de una nueva era. Lejos de ser solo adversarios, los motores de ajedrez se convirtieron en aliados indispensables para el análisis, el estudio y la difusión del juego, ayudando a descubrir patrones y estrategias inimaginables.
Se estima que más de 800 millones de personas juegan ajedrez de forma regular en el mundo. El ajedrez acompañó a muchos durante la pandemia por Covid-19, un periodo donde el juego en línea experimentó un auge sin precedentes, convirtiéndose en una poderosa plataforma de integración global y una valiosa salida para las presiones de salud mental.
Hoy se puede jugar con personas de todo el planeta en tiempo real (lejos quedaron las partidas por correspondencia), generando lazos fraternos entre pueblos sin importar su geografía, idioma o cultura. Se puede competir contra un ruso, un estadounidense o una persona de Medio Oriente, demostrando que la única guerra válida es la que se libra en un tablero; una que nos permita dar jaque mate a las diferencias.
Sobre el autor:
*Edgar Alonso Angulo Rosas es psicólogo clínico y experto en adicciones con amplia experiencia en prevención y atención a violencias, adicciones, salud mental y derechos humanos. Ha ocupado cargos directivos en ONGs, sector público y privado.
Correo electrónico: [email protected]
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