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    La tokenización de activos del mundo real fue durante años una promesa técnica que rara vez pasaba de una mención en alguna conferencia de prensa. En 2026 ese estado cambió, y la infraestructura que sostiene al mercado estadounidense empezó a tokenizar en producción los valores que ya administra.

    Tokenizar un activo real consiste en llevar la propiedad —o una fracción de ella— sobre algo tangible o financiero a un token que vive en una blockchain. Ese activo puede ser un bono del gobierno, un edificio de oficinas, un fondo de inversión, una acción listada o una cartera de créditos corporativos.

    El token opera como un derecho legal sobre el activo subyacente, de modo que cuando cambia de manos la propiedad cambia con él, mientras la blockchain cumple una función acotada: actúa como registro público e inmutable de quién posee qué y reduce la cadena de intermediarios que verifican y reconcilian asientos. Con ello, las transacciones pueden liquidarse en minutos, frente al día hábil que exige hoy el mercado estadounidense y a los dos que todavía rigen en Europa hasta octubre de 2027.

    Vista así, la tokenización no es una moda tecnológica aplicada a las finanzas, sino una reingeniería del sistema de custodia y transferencia de propiedad, que apenas cambió desde los años setenta.

    De la demostración a la infraestructura

    El campo protagonizó paneles y documentos de estrategia mientras los proyectos concretos seguían siendo pequeños y aislados, más orientados a probar viabilidad técnica que a mover capital. El punto de quiebre llegó con la entrada de los grandes gestores.

    BlackRock abrió ese camino en 2024 con BUIDL —BlackRock USD Institutional Digital Liquidity Fund—, un vehículo de mercado monetario tokenizado y respaldado por deuda del Tesoro de corto plazo, con BNY Mellon como custodio y administrador y Securitize como agente de transferencia. El fondo, reservado a compradores cualificados, opera sobre ocho redes públicas y sumaba 2,523.9 millones de dólares al corte del 23 de julio de 2026, según rwa.xyz.

    Franklin Templeton sostiene su propia apuesta con el token BENJI, que representa al Franklin OnChain U.S. Government Money Fund, lanzado en Stellar en 2021 y operativo desde entonces también en Ethereum, Solana y BNB Chain, entre otras redes. Ese fondo reunía 734.6 millones de dólares a ese mismo corte, mientras el conjunto de instrumentos de Tesoro de la plataforma Benji llegaba a 2,459 millones, según el mismo registro.

    El fenómeno excede a un emisor: de acuerdo con rwa.xyz, el mercado de activos tokenizados —sin contar stablecoins— alcanzaba los 35,030 millones de dólares al corte del 23 de julio de 2026, frente a menos de 7,000 millones a comienzos de 2025. Sobre esa base, y al mismo corte, Ethereum concentraba algo más del 44% del valor tokenizado, con 15,470 millones, la porción más alta entre todas las redes y casi el triple que BNB Chain, segunda con 5,230 millones.

    El salto se aprecia con nitidez en la deuda soberana, donde los bonos del Tesoro tokenizados valían 113.9 millones de dólares en enero de 2023, de acuerdo con CoinGecko, y llegaban a 15,920 millones al cierre de esta nota, el 23 de julio del corriente año, según rwa.xyz. En tres años y medio el segmento se multiplicó por más de ciento treinta, y todo ello antes de que la maquinaria central de Wall Street entrara en escena.

    El DTCC entra en producción

    Si un hecho marca el paso de la prueba a la norma, es la decisión del DTCC de incorporar la tokenización a su arquitectura operativa. El 15 de julio de 2026 la entidad procesó las primeras operaciones reales con valores tokenizados en un entorno de producción, un ejercicio que describió como el mayor de su tipo por amplitud de casos de uso, clases de activos y participantes.

    El DTCC —Depository Trust & Clearing Corporation— compensa y liquida prácticamente todos los valores que se negocian en Estados Unidos, y su depositaria custodiaba activos por más de 114 billones de dólares en 2025. Cuando esa infraestructura se mueve, el mercado la acompaña.

    En el ejercicio participaron más de treinta firmas, entre bancos, gestores, brokers y actores del mundo digital, con BlackRock, J.P. Morgan, Goldman Sachs, Vanguard y State Street junto a Nasdaq y la Bolsa de Nueva York. Las conversiones se realizaron sobre dos redes —Besu, privada del propio DTCC, y Canton, pública— y abarcaron pignoración de colateral, préstamo de valores, repos de Tesoro, compraventa y transferencia de acciones y flujos de margen de contraparte central.

    El servicio se construyó junto al DTCC Industry Working Group, que ya supera los cien miembros y socios. Tras el ensayo de julio, la entidad prevé el lanzamiento pleno del servicio para octubre de 2026.

    Brian Steele, presidente de Clearing & Securities Services del DTCC, sostuvo que los activos tokenizados por la depositaria conservan las mismas protecciones al inversor, entitlements y derechos de propiedad que los valores tradicionales. Se trata de la infraestructura central del mayor mercado del mundo construyendo, en tiempo real, la arquitectura para que lo tokenizado conviva con lo tradicional.

    Las bolsas toman posición

    Hay que decir que el movimiento del DTCC no nació en el vacío. Su base es la carta de no acción que el staff de la SEC concedió a la depositaria el 11 de diciembre de 2025, que habilitó, por un plazo de tres años desde el lanzamiento del piloto, la tokenización de un conjunto acotado de activos líquidos: los componentes del Russell 1000, los ETF sobre índices principales y los bonos del Tesoro.

    Semanas después, el criterio regulatorio terminó de ordenar el terreno. En una declaración conjunta del 28 de enero de 2026, el staff de tres divisiones de la SEC ratificó que los valores tokenizados quedan sujetos a la ley federal en la misma medida que los tradicionales, cualquiera sea su formato.

    El texto no equivale a una acción de la Comisión ni crea exenciones nuevas: funciona como una clarificación de que la tokenización es un método de registro y no una figura legal distinta. Con esa lectura, la duda jurídica que frenaba al sector encontró respuesta, aunque no un marco a medida.

    Sobre ese cimiento, la SEC aprobó el 18 de marzo de 2026 el cambio de reglas que permite a Nasdaq negociar valores en forma tokenizada. El esquema es opcional, de modo que el participante del DTC marca la preferencia al ingresar la orden y el título tokenizado conserva el mismo símbolo, el mismo CUSIP y los mismos derechos de accionista que su par tradicional.

    El alcance, por ahora, es más jurídico que operativo, porque la regla entra en vigor cuando el DTCC complete la infraestructura de post-trade y las primeras operaciones se esperan hacia el cierre del tercer trimestre. La compensación y la liquidación seguirán el modelo T+1 sobre los rieles vigentes, con la tokenización como paso posterior.

    La liquidación instantánea, uno de los atractivos de la tecnología, queda para etapas posteriores al lanzamiento del servicio.

    En paralelo, Nasdaq se asoció el 9 de marzo con Payward, la matriz de Kraken, para tender un puente entre las acciones públicas y los registros en cadena. El diseño conjunto es de emisor patrocinante, preserva el control del emisor y los derechos que confiere la acción, y prevé entrar en operación durante el primer semestre de 2027, con Payward como capa de liquidación en las jurisdicciones habilitadas.

    Conviene distinguir ese esquema del producto que Kraken ya comercializa, porque los xStocks están respaldados uno a uno por el activo subyacente pero ofrecen exposición al precio sin conferir derechos de accionista, según la documentación de la plataforma. Una cosa es la infraestructura en construcción y otra el instrumento que hoy circula.

    En este sentido, Val Gui, gerente general de xStocks, leyó la aprobación del Nasdaq como una señal de que el mercado global de renta variable, del orden de los 126 billones de dólares, se desplazará hacia infraestructura blockchain. La proyección es ambiciosa, y los primeros pasos ya están dados, aunque su ritmo dependerá de la adopción.

    Los problemas que resuelve

    La tokenización avanza porque ataca fricciones que el sistema tradicional toleró durante décadas. La primera es la liquidez atrapada, con enormes volúmenes de capital inmovilizados en activos valiosos pero difíciles de negociar con rapidez.

    Los inmuebles comerciales, los fondos de capital privado o la deuda de mercados emergentes exigen compradores especializados, procesos extensos de diligencia y plazos que se miden en semanas. Al convertir esas posiciones en unidades transferibles, la tokenización las vuelve negociables en minutos.

    Los mínimos de entrada componen la segunda fricción, ya que instrumentos de alta calidad —renta fija institucional, inmuebles de gran escala, deuda privada— suelen quedar vedados a quien no puede comprometer millones. La propiedad fraccionada baja ese umbral hasta el alcance del inversor común.

    Queda la eficiencia operativa, porque hoy la liquidación involucra a varias entidades que reconcilian registros por separado antes de dar por firme una operación. Ese circuito insume un día hábil en Estados Unidos y dos en Europa, con costos administrativos y riesgo de contraparte que los contratos inteligentes pueden comprimir de manera automática.

    Los riesgos que no conviene minimizar

    El avance tiene flancos débiles, y hay tres que piden atención. El primero es técnico y de seguridad operativa, y su perfil cambió respecto de lo que suele suponerse.

    En el primer semestre de 2026 el ecosistema cripto perdió 1,315.7 millones de dólares en 344 incidentes, de acuerdo con el informe Hack3d de CertiK. El vector más costoso fue el compromiso de billeteras, con 444.5 millones en apenas 33 episodios, seguido por el phishing, con 366.3 millones en 63 casos.

    La vulnerabilidad de código encabezó el conteo con 204 incidentes, aunque implicó 151.6 millones del total, y una proporción creciente de los contratos atacados tenía más de un año, señal de que los atacantes revisitan bases heredadas antes que protocolos recién desplegados. La advertencia para el capital institucional apunta menos al contrato inteligente que a la custodia de claves y a la infraestructura que la rodea.

    Hay después un flanco legal y de custodia, dado que la representación digital vale lo que el marco que la sostiene. Persisten preguntas sobre quién es el propietario legal del activo tokenizado y cómo se hacen valer esos derechos en la cadena, y si el custodio del subyacente entra en insolvencia o litigio, la solidez del token queda en duda.

    La fragmentación regulatoria cierra la lista. La GENIUS Act, sancionada en julio de 2025, sigue sin reglamentación final, porque el plazo legal para las normas de implementación venció el 18 de julio de 2026 con las agencias federales todavía en etapa de propuestas.

    Ese texto y el criterio de la SEC sobre valores tokenizados ordenaron el terreno estadounidense sin producir un marco global, de manera que un activo que cumple en una jurisdicción puede caer en zona gris en otra y la armonización internacional sigue siendo una condición pendiente.

    Implicaciones de mediano y largo plazo

    Lo que ocurre en 2026 apunta más hondo que un cambio cosmético, en tanto marca el comienzo de una transformación en cómo se organiza la propiedad y se transfiere el valor en los mercados globales.

    En el mediano plazo, lo más probable es una reconfiguración de la intermediación. Los custodios, los brokers de liquidación y las cámaras de compensación no desaparecen, pero sus funciones se comprimen a medida que los contratos inteligentes automatizan tareas que hoy requieren intervención humana.

    Las instituciones que integren esa infraestructura ganarán eficiencia y margen, mientras que las demás perderán terreno. Al mismo tiempo, el acceso a clases de activos antes reservadas a grandes jugadores puede alterar la composición del capital en el crédito privado, el inmueble comercial y la deuda soberana emergente.

    En el largo plazo, las consecuencias son más profundas e inciertas. Un mercado donde los activos viven como tokens programables habilita finanzas casi continuas, sin cierres ni ventanas de liquidación y con visibilidad en tiempo real sobre los flujos globales, algo que interpela a la política monetaria y a la soberanía regulatoria de los Estados.

    El riesgo más serio de ese horizonte es de concentración antes que técnico, porque si la infraestructura queda en pocas plataformas —las mismas que ya dominan Wall Street—, el resultado podría ser un sistema más eficiente y no por ello más equitativo. La tecnología habilita la descentralización, pero no la garantiza por sí sola.

    En definitiva, el mercado de activos tokenizados se multiplicó desde comienzos de 2025 y consolidó a 2026 como el año de la implementación, con BlackRock, J.P. Morgan y Goldman Sachs operando ya productos sobre blockchain. Lo que falta resolver —armonización regulatoria, seguridad técnica, definición jurídica de la propiedad digital— no son detalles menores, pero tampoco alcanzan para subestimar lo que ya está en marcha.

    La infraestructura se levanta ahora. Quién la controle, bajo qué reglas y con qué efectos sobre el sistema financiero global serán las preguntas de los próximos años.

    Las cifras de mercado citadas responden al conteo de rwa.xyz con corte al 23 de julio de 2026.

    (*) El autor ha participado en el mercado financiero, básicamente en el Mercado de Valores desde 1983. Es graduado en curso Diplomado en DEFI y Cripto en Learning Heroes en España. Tiene 3 años operando en el mercado de criptomonedas tanto spot como stake y pools. Contacto aquí.

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