Las negociaciones separadas entre EU y Canadá y México ponen a prueba la zona de libre comercio trilateral que definió la economía de Norteamérica durante 32 años. En estas negociaciones más avanzadas, Estados Unidos podría imponer concesiones a Canadá que México acepte.
La decisión del presidente estadounidense Donald Trump de no extender el TMEC por otros 16 años, a partir del 1 de julio, mantiene vigente el acuerdo comercial, pero requiere revisiones anuales hasta que los tres países acuerden su renovación o expire en 2036.
Trump intensificó la presión sobre Canadá al imponer aranceles del 50% a una amplia gama de productos. Su administración afirmó que respondía así a las políticas canadienses sobre automóviles y productos lácteos, así como a las prohibiciones provinciales de venta de alcohol. Los aranceles entrarán en vigor el 19 de agosto.
De acuerdo con fuentes de los tres países familiarizadas con las negociaciones, las naciones continuarán dialogando bilateralmente.
Expresaron su esperanza de que los acuerdos alcanzados entre dos países puedan integrarse en un marco trilateral.
Lo que está en juego económicamente es importante para Canadá y México, que envían la mayor parte de sus exportaciones a Estados Unidos, así como para los fabricantes de automóviles y otras empresas cuyas redes de producción cruzan las fronteras norteamericanas en varias ocasiones.
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Diferentes realidades comerciales
La dificultad radicará en mantener los procesos separados alineados con las prioridades de cada país, dado que Canadá y México tienen realidades comerciales y limitaciones políticas diferentes, y considerando las tensas relaciones entre Trump y el primer ministro canadiense, Mark Carney, señalaron expertos en comercio.
Carney declaró el martes que él y Trump habían acordado intensificar las conversaciones. “El reto consiste en mantener estos dos procesos avanzando en la misma dirección para que contribuyan a la mentalidad trilateral que comparten Canadá y México, y sobre la cual Estados Unidos ha expresado dudas”, declaró Juan Carlos Baker, exnegociador comercial mexicano de alto rango.
México y Canadá deseaban extender el pacto trilateral, pero acordaron entablar conversaciones bilaterales con Washington.
Las tres economías realizan un intercambio comercial anual de bienes por aproximadamente 1.6 billones de dólares en virtud del acuerdo, que también protegió a Canadá y México de muchos de los aranceles globales impuestos por Trump.
Por su parte, el republicano negoció el TMEC durante su primer mandato, en sustitución del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994.
México inicia esta semana su tercera ronda de conversaciones bilaterales formales. Canadá no mantuvo conversaciones formales, pero su ministro de Comercio con Estados Unidos, Dominic LeBlanc, mantiene llamadas telefónicas y reuniones ocasionales en Washington con el Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer.
Canadá espera que Estados Unidos elimine los aranceles al acero y al aluminio en cualquier acuerdo y evite que los nuevos aranceles entren en vigor en agosto.
Un funcionario mexicano familiarizado con las negociaciones indicó que las conversaciones entre Estados Unidos y México estaban aproximadamente seis meses más avanzadas que las conversaciones informales entre Estados Unidos y Canadá, y que podrían brindar a México mayor certeza en materia de inversiones y, potencialmente, mejores condiciones en áreas como los aranceles al acero.
Funcionarios mexicanos y estadounidenses coinciden en general en varios problemas que desean abordar, apunta el funcionario, entre ellos la disminución del empleo manufacturero en Estados Unidos, el creciente uso de componentes asiáticos en vehículos norteamericanos y el transbordo de mercancías desde fuera de la región.
“México y Estados Unidos están de acuerdo en los objetivos”, afirmó el funcionario. “Lo que estamos discutiendo es cómo alcanzarlos”.
México ya tomó medidas para abordar algunas de las quejas de Estados Unidos, como la imposición de aranceles a socios con los que no mantiene acuerdos de libre comercio, el endurecimiento de las normas aduaneras y la atención a las preocupaciones sobre propiedad intelectual.
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La política da forma a la estrategia comercial
México fue más flexible que Canadá, de acuerdo con fuentes familiarizadas con las estrategias de ambos países. El martes, Carney sugirió que las provincias canadienses esperen a que se alcance un acuerdo comercial más amplio antes de volver a comercializar alcohol estadounidense.
La presidenta Claudia Sheinbaum hizo concesiones que puede presentar como un avance hacia las prioridades de México, incluyendo una mayor seguridad fronteriza, la reducción del tráfico de fentanilo y un mayor escrutinio de la inversión china.
Carney se enfrenta a un panorama diferente. Ganó las elecciones el año pasado prometiendo hacer frente a Trump.
“Tiene más margen de maniobra que el primer ministro Carney”, dijo Baker sobre Sheinbaum.
Funcionarios canadienses refutan la idea de que Canadá esté rezagada.
Gabriel Brunet, portavoz de LeBlanc, afirmó que Canadá está dispuesta a acelerar las negociaciones del pacto comercial.
“Con ese fin, Canadá ha presentado propuestas justas, equilibradas y beneficiosas para la economía norteamericana en general”, añadió.
La influencia de Washington sobre el TMEC
El principal riesgo para Canadá y México radica en que las conversaciones bilaterales se conviertan en el modelo que un país deba aceptar o impugnar, retrasando así un acuerdo trilateral.
No se espera que ninguno de los gobiernos pida al otro que se abstenga de alcanzar un acuerdo bilateral ventajoso.
México “hará lo que sea mejor para el país”, pero también desea mantener el TMEC como un acuerdo trilateral y se opondría a cualquier propuesta que lo dividiera explícitamente, afirmó Baker.
Carney también busca mejorar las relaciones con México.
El funcionario mexicano señaló que atacar el pacto comercial podría seguir siendo políticamente útil para Trump entre los votantes que culpan a los acuerdos comerciales de la pérdida de empleos en el sector manufacturero, de cara a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos en noviembre.
Los negociadores canadienses deben aprovechar el plazo de 30 días antes de que entren en vigor los nuevos aranceles para avanzar rápidamente, declaró Matthew Holmes, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Canadá, un grupo de presión que asesora al gobierno sobre las relaciones comerciales con Estados Unidos.
Canadá dio a entender que no aceptará condiciones desfavorables solo para cerrar las negociaciones rápidamente, y el plazo de revisión de 10 años podría permitir a Carney negociar con otro presidente estadounidense.
“Lo que he escuchado del primer ministro y de otros miembros del equipo negociador es: ‘Queremos un buen acuerdo para Canadá, no un acuerdo rápido'”, declaró Holmes.
Con información de Reuters










