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    Por Marcelo Pontieri, director de marketing de la división Enterprise de NVIDIA para América Latina

    La edición 2026 del NVIDIA GTC refuerza un cambio que ya venía gestándose en los últimos años: la inteligencia artificial dejó de ser una apuesta tecnológica para consolidarse como infraestructura esencial de negocios. Este movimiento no ocurre solo en el discurso: ya se refleja en la forma en que el mercado, los inversionistas y las empresas están reaccionando.

    Durante el evento, Jensen Huang indicó que la demanda por infraestructura de IA podría superar 1 billón de dólares para 2027, una cifra que ayuda a explicar por qué la tecnología ha pasado a ocupar un papel central en las estrategias corporativas.

    Más que una proyección aislada, este escenario se ve reforzado por análisis que apuntan a un backlog potencial aún mayor en los próximos años, sostenido por la evolución continua de nuevas arquitecturas, plataformas y aplicaciones. Al mismo tiempo, el posicionamiento de la compañía, que combina crecimiento acelerado con disciplina financiera, contribuye a un entorno de mayor confianza, reforzando que el avance de la IA está anclado en fundamentos concretos.

    El equilibrio entre innovación y ejecución fue uno de los aspectos más evidentes a lo largo del GTC. En este contexto, lo que prevaleció fue un tono de madurez que marca un menor enfoque en el hype y una mayor atención a la eficiencia, al costo y a la aplicación práctica de la tecnología. Este cambio refleja la evolución del ciclo de la IA, que sale de la fase centrada en el entrenamiento de grandes modelos y avanza rápidamente hacia la inferencia y la ejecución a escala real, aumentando la presión por infraestructuras más eficientes, sostenibles y económicamente viables.

    Los anuncios presentados acompañan este movimiento, evidenciando la transición de la IA de soluciones aisladas hacia una arquitectura completa que integra hardware, software y operación continua. En el ámbito del software, iniciativas como OpenClaw y NemoClaw indican el avance de los agentes de IA como protagonistas de la automatización y de la aplicación práctica de la IA en cualquier sector. Al mismo tiempo, esto fortalece los ecosistemas abiertos y refuerza un camino estratégico para escalar la innovación y ampliar el acceso a la tecnología.

    Cuando observamos este conjunto de movimientos, queda claro que la IA se está consolidando como una infraestructura operativa, una base sobre la cual las empresas comienzan a construir nuevas estrategias de crecimiento. Y es en este contexto que el papel del marketing también evoluciona.

    Si antes el desafío era generar awareness, ahora la prioridad pasa a ser traducir la complejidad en valor de negocio. La IA exige narrativas más sofisticadas, conectadas a aplicaciones reales, impacto medible y contexto estratégico. En América Latina, este movimiento adquiere aún más relevancia. El crecimiento de la participación regional en el GTC muestra que el interés avanza de manera consistente, pero también evidencia que todavía estamos al inicio del camino de adopción a gran escala. Esto amplía la responsabilidad de quienes trabajan en la construcción de estas narrativas.

    Además de comunicar la innovación, el marketing pasa a actuar como facilitador del entendimiento, conectando la tecnología con la realidad del mercado y ayudando a acelerar la madurez del ecosistema. Y quizá uno de los ejemplos más simbólicos de esta transformación se haya producido precisamente al final de la ponencia principal.

    De manera inesperada, la presentación concluyó con un video creado con el apoyo de herramientas de IA generativa: una escena en la que unos robots, reunidos alrededor de una fogata, repasan los principales anuncios del evento en forma de canción, junto a una versión virtual de Jensen Huang. Esta elección va más allá de un momento creativo y sintetiza un cambio importante, ya que la IA no solo está transformando productos e infraestructuras, sino que también está redefiniendo la forma en que se cuentan las historias.

    Al combinar distintos modelos de generación de imagen, video y música, el equipo logró crear una narrativa atractiva, flexible y alineada con el contenido del evento. Un ejemplo claro de cómo la tecnología puede ampliar el potencial creativo, sin sustituir la mirada estratégica y humana detrás de la construcción del mensaje.

    Al final, el GTC 2026 deja un mensaje claro: estamos entrando en una nueva etapa de la inteligencia artificial, más madura, más aplicada e integrada en los negocios. El papel del marketing, por lo tanto, cobra aún más relevancia. Porque, si bien la tecnología define lo que es posible, es la forma en que contamos esas historias lo que determina lo que realmente alcanza una gran escala.

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