
Por Jonathán Torres y Viridiana Mendoza
Desde este 27 de febrero, Carlos Salazar es el primer presidente del CCE que no ha sido cabeza de ninguno de los órganos gremiales aglutinados en ese máximo órgano empresarial.
Salazar es ahora el responsable de liderar el diálogo, a nombre de los empresarios, con el nuevo gobierno de izquierda encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Antes aun de iniciarse en el cargo, Salazar ha destacado sus conversaciones con el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, en las que, dice, han coincidido en la necesidad de alcanzar el largamente anhelado crecimiento de 4 a 5% de la economía mexicana.
“Lo que me podría quitar el sueño es que no podamos tener claridad de visión y de objetivos, que no podamos alinear esfuerzos. Sin unión, las cosas no se hacen. El mayor riesgo es que todo el esfuerzo, toda esta transformación a la que se nos convoca, no se traduzca en crecimiento; y si, después de todo esto, el país sigue sin crecer, ahora sí volvería a preguntar qué vamos a hacer; ésa es mi preocupación”, explicó a Forbes México en vísperas de asumir el liderazgo del CCE.
Salazar, quien dirigió la compañía regiomontana Femsa de 2014 a 2018 y posee una pequeña fábrica de galletas, y negocios inmobiliarios en Monterrey, afirma que su estrategia como dirigente contemplará tres ejes principales: conectar con los pequeños empresarios, incrementar la inversión y que el empresariado juegue un papel propositivo ante el gobierno, y no sólo reactivo.
Asumir responsabilidades
Uno de los principales retos del CCE, explica, es entablar una comunicación efectiva con los 1.3 millones de empresarios que se agrupan en las cámaras, y que las empresas asuman su responsabilidad en el plano social.
“Lo más complejo es comunicarte con las pequeñas empresas, entender sus problemas, muchos de los cuales están relacionados con el capital de trabajo, y [entender] cómo la problemática del país tiene un efecto mucho más impactante en una empresa pequeña”, señala.
Para Salazar, el apoyo contundente que la ciudadanía dio a López Obrador en las elecciones de julio manda un mensaje claro a las empresas: es momento de arremangarse la camisa y ponerse a trabajar. “El empresario requiere hacerse copartícipe en los problemas sociales de México. No podemos creer que nuestra actividad termina en las bardas de los negocios”, expresa. “Hacer economía sin pensar en cómo se impacta a la sociedad no tiene sentido; tenemos que hacer economía pensando en cómo resolver problemas sociales”.
Incrementar la inversión
Durante la conversación, Salazar reitera que se siente un hombre afortunado y que tiene confianza en que, en el diálogo con el gobierno, no será complicado encontrar puntos de acuerdo.
“México requiere niveles de inversión mayores. Sin inversión, no hay crecimiento; y sin crecimiento, no se pueden atacar los problemas sociales. Los países con problemas graves de pobreza siempre tienen la dificultad de encontrar cómo dinamizar su sector productivo, y el sector productivo crece en la medida que hay inversión”.
Afirma que, en su gestión, al frente del CCE una de sus prioridades será que los intereses estén alineados en pro de una mejor organización de las cadenas productivas. “Lo que me anima y entusiasma en el diálogo con las autoridades es que estoy convencido de que tenemos áreas de oportunidad en casi todos lados”, dice Salazar, quien también se dice convencido de que el trabajo conjunto es necesario, pues hoy las empresas del CCE contribuyen con 80% de la proporción del PIB que no está constituida por inversión pública.
Te puede interesar: Perfil | Salazar Lomelín, el designado por los empresarios en tiempos de AMLO

Foto: Arturo Monroy/Notimex.
Que haya más consejeros
En noviembre, aun siendo presidente electo, López Obrador anunció que tendría un consejo de empresarios asesores que le ayudarían a identificar oportunidades en materia de desarrollo.
Algunos de los empresarios que se han mantenido cerca del nuevo gobierno son Ricardo Salinas Pliego, Bernardo Gómez, Olegario Vázquez Aldir, Carlos Hank González y Miguel Alemán hijo.
Cuestionado sobre si la conformación de este consejo asesor representa una afrenta para el CCE, Salazar explica que la cercanía de los hombres de negocios con el presidente resulta, más bien, positiva. “Me parece muy sano que el presidente pregunte; y qué bueno que tenga ese consejo y que tenga muchos más. En su gran mayoría, pertenecen a las organizaciones empresariales; ellos también son parte de las organizaciones, o sus empresas están afiliadas, de alguna manera, a sectores empresariales”.
Para Salazar, lo importante del diálogo entre los empresarios y el gobierno es llegar a puntos en común, que permitan cumplir con dos objetivos: solucionar problemas sociales y generar condiciones para la inversión.
“Ricardo Salinas Pliego es parte de los consejos de radio y televisión. Esos consejos van colgándose de diferentes organizaciones hasta que llegan a la Concamin y se integran en el CCE. Lo importante es alinear objetivos, tener la misma visión, ayudar a que tengamos el mismo sentido. Yo aplaudo eso; me parece muy importante, que ellos, y muchos más, participen”.
Sin privilegios
Uno de los retos más grandes para los dirigentes de la iniciativa privada, en su papel de interlocutores con el gobierno, es la postura de López Obrador en cuanto a la separación que, dice el presidente, debe de haber entre el poder político y el poder económico. Para Salazar, ese asunto se enfrenta mediante una conversación abierta y transparente.
“El poder político, económico y social son vectores que tienen que coincidir en visión y objetivo. Hay un sentido de privilegio, donde se aprovechó el contacto con la autoridad para obtener beneficios que no correspondían, pero, en la negociación, el empresario jamás debe buscar un privilegio. Si esto ha sucedido con una minoría de empresarios y hay políticos que se han prestado, yo estoy convencido de que eso no debe ser”.
Salazar explica que es necesario dejar claro que tener certidumbre para las inversiones no es un privilegio, sino una condición para generar desarrollo.
“Se busca certidumbre ante las decisiones que se toman, que el riesgo que uno toma cuando invierte sus ahorros y su esfuerzo esté compensado adecuadamente. En México, ha sido muy difícil [tener certeza] porque las reglas cambian constantemente. Ésa es una de las grandes quejas cuando hablamos de certidumbre. Hay una diferencia entre buscar privilegios y buscar reglas claras para tomar decisiones de inversión”.
La tarea de Carlos Salazar no luce fácil: el dirigente regiomontano deberá generar empatía y puntos de acuerdo con un gobierno que se ha mostrado crítico ante la influencia de los empresarios.
“Los mexicanos somos muy malos en tener indicadores de medición. Lo que no se mide, no se mejora. Lo que es muy importante es que si, pasando un año, nosotros volvemos a analizar y la inversión no crece, si el país no crece, si la pobreza no disminuye, si los programas sociales no tienen el efecto que están buscando, y si no se está aumentando el consumo interno, sería verdaderamente equivocado continuar con el mismo enfoque”, concluye.










