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    Por Simone Musa, Socia en Trench Rossi Watanabe

    La propuesta de un impuesto mínimo global promovida por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) bajo la directiva del Pilar Dos presenta desafíos significativos para el sistema fiscal de grandes corporaciones multinacionales de todos los sectores, con ingresos consolidados superiores a 750 millones de euros.

    El impuesto mínimo global tiene como objetivo asegurar que las grandes corporaciones multinacionales dentro de su alcance paguen una tasa impositiva efectiva mínima del 15% sobre los ingresos generados en cada una de las jurisdicciones en las que operan. Este impuesto está en vigor desde 2024 en varias jurisdicciones alrededor del mundo, incluidas Europa y Asia.

    Aunque el debate sobre su implementación por parte de los Estados Unidos es muy controvertido y el impuesto mínimo global aún no se ha implementado definitivamente en América Latina, las principales empresas que operan en las Américas ya están siendo afectadas. Sin embargo, surge la pregunta: ¿será este cambio favorable para América Latina?

    A pesar de que más de 140 países han firmado el Marco Inclusivo de la OCDE sobre BEPS, la adopción efectiva de las reglas del Pilar Dos a nivel local sigue siendo un desafío. Esto se debe a varios factores, incluido el hecho de que el nuevo régimen aumentará significativamente la complejidad, impactará todas las fases de fusiones y adquisiciones (desde la debida diligencia hasta la integración posterior a la adquisición), requerirá que los grupos multinacionales reevaluen sus estrategias de financiamiento y de propiedad intelectual, y eliminará los beneficios de ciertos incentivos fiscales.

    El cambio plantea un dilema único para las economías de América Latina. Si bien las tasas nominales del impuesto sobre la renta corporativa en la región suelen ser superiores al 15%, los incentivos fiscales y deducciones permitidos en la base imponible podrían reducir la tasa impositiva efectiva por debajo del 15%. Esta reducción probablemente resultará en la exportación de ingresos fiscales a economías más grandes que han implementado el impuesto mínimo global. Por otro lado, existe el riesgo de que el Pilar Dos, si se implementa, impacte negativamente la inversión extranjera y local atraída por los incentivos fiscales.

    Es evidente que el Pilar Dos presenta oportunidades y desafíos significativos para las economías latinoamericanas. A medida que se acerca su implementación en más de 35 jurisdicciones en 2024 y muchas más están tomando medidas concretas hacia su implementación para 2025 y más allá, será crucial que los grupos multinacionales que operan en la región monitoreen el desarrollo de las negociaciones y los acuerdos finales.

    También es esencial desarrollar estrategias fiscales para proteger las inversiones del grupo multinacional de efectos adversos. La clave estará en cómo cada grupo se adapta al nuevo marco fiscal global y aprovecha las oportunidades que surjan.

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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