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    Cuando se habla de seguridad aérea, lo último que uno espera es escuchar que en Estados Unidos —el país con la mayor infraestructura, tecnología y experiencia en aviación comercial del mundo—, hayan ocurrido incidentes graves que rozan la tragedia.

    Sin embargo, eso es precisamente lo que ha pasado: casi colisiones en pista, instrucciones contradictorias desde torres de control y vuelos que han terminado peligrosamente cerca unos de otros.

    La pregunta es inevitable: ¿Si esto sucede allá, podría pasar también en México?

La respuesta corta es sí, aunque el matiz importa. México no ha vivido aún una cadena de incidentes similares, pero comparte algunos de los mismos factores estructurales que han encendido las alarmas en el espacio aéreo estadounidense.

    Con más de 45 mil vuelos diarios, el sistema aéreo de EE.UU. es una maquinaria colosal, pero hoy muestra señales de fatiga. La Administración Federal de Aviación (FAA) y la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) han identificado varios factores de riesgo:



    • Falta de controladores aéreos capacitados.
    • Fatiga crónica en el personal de torre.
    • Sistemas de control obsoletos en aeropuertos clave.
    • Aumento abrupto en la demanda pospandemia.
    • Infraestructura operando por encima de su capacidad.

Aunque no todos los eventos han terminado en accidentes, la cantidad de “casi colisiones” ha crecido, y cada una es una advertencia que no debe ignorarse.

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    México: el espejo donde conviene mirarse

    México ha avanzado: recuperó recientemente la Categoría 1 de seguridad aérea y ha fortalecido su conectividad. Pero la realidad es compleja.

    La operación simultánea del AICM, AIFA y Toluca, junto con una controvertida reconfiguración del espacio aéreo del Valle de México, exige una coordinación milimétrica que aún no está plenamente aceitada.

A esto se suma la presión sobre el personal aeronáutico, los desafíos de infraestructura y la ausencia de una cultura de prevención proactiva. El mayor riesgo no es técnico: es asumir que aquí no pasará.

    Si preguntamos, qué debemos hacer antes que sea tarde, vale decir que la aviación no admite improvisaciones. Cada segundo importa. Y si queremos evitar que México entre en las estadísticas que hoy preocupan al mundo, hay medidas urgentes que debemos tomar:



    1. Reforzar la capacitación y condiciones laborales de controladores y pilotos. La fatiga y la rotación son una amenaza silenciosa.
    2. Modernizar los sistemas de control de tráfico aéreo, con inversión en tecnología interoperable que reduzca el margen de error humano.
    3. Unificar criterios y esfuerzos entre todas las autoridades y actores involucrados: desde aerolíneas hasta el ejército.
    4. Establecer una cultura de seguridad operacional constante, no solo cuando ocurre una crisis.

    En este sentido, Estados Unidos está aprendiendo una lección dura: ni los sistemas más avanzados son infalibles. México tiene una ventana de oportunidad para actuar antes, no después.



    La seguridad aérea no es solo un tema técnico; es un reflejo del nivel de compromiso que una nación tiene con la vida humana. Cada avión que despega lleva algo más que pasajeros: transporta familias, proyectos, ilusiones y futuros.



    No esperemos una tragedia para reaccionar, tomemos decisiones hoy que nos permitan aterrizar seguros mañana.

    (*) El autor es Fundador y CEO de ENTI – Especialistas Nacionales en Tecnología e Innovación, firma mexicana enfocada en soluciones de transformación digital, ciberseguridad e inteligencia empresarial. Con mas de 20 años de experiencia liderando procesos estratégicos en sectores clave como aeroespacial, automotriz y financiero, Mora es un impulsor del nearshoring inteligente y un referente en la evolución del liderazgo corporativo hacia modelos mas humanos, sostenibles y visionarios. [email protected]

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