El proceso de discusión y aprobación de la ley fiscal impulsada por el presidente Trump, bautizada como “One Big Beautiful Bill Act” (OBBBA), ha sido un termómetro de la relación entre el mandatario y su partido. Aunque la cohesión entre Trump y los republicanos sigue siendo evidente, comienzan a surgir matices que sugieren que la luna de miel no será eterna. El debate interno sobre la ley revela que muchos legisladores han empezado a alinear sus decisiones. No sólo con la agenda presidencial, sino también con sus propios cálculos de cara a las elecciones intermedias de 2026. Y es precisamente ahí donde el sistema de contrapesos estadounidense podría cobrar nueva vida. Aunque es muy pronto para hablar de escenarios e implicaciones, este artículo pretende provocar un debate interesante de cara a este evento.
El 3 de noviembre de 2026 se celebrarán las elecciones intermedias en Estados Unidos, una jornada clave que servirá como termómetro político del gobierno de Trump. Ese día, cerca de 236 millones de ciudadanos en edad de votar estarán llamados a las urnas para renovar por completo la Cámara de Representantes, así como 35 de los 100 escaños del Senado (33 correspondientes a elecciones regulares y dos más a procesos especiales en Ohio y Florida). A ello se suman 39 elecciones a gobernador y una variedad de cargos estatales y locales. Aunque todavía es muy temprano, la popularidad del presidente es baja.
De acuerdo con YouGov, que realiza una encuesta semanal sobre su aprobación neta (opiniones positivas menos negativas) entre votantes registrados, Trump estaba en -10.8 puntos porcentuales el 23 de junio. Esto es mucho más bajo que el +7% de Biden o +16% de Obama al mismo momento de su presidencia. Sin embargo, es muy similar que en su primer mandato en 2017, cuando estaba en -13%.
Para el Partido Republicano, retener la mayoría en ambas cámaras no es solo un objetivo sino una necesidad política. Los márgenes legislativos pueden definir el ritmo de implementación de la agenda de Trump y los límites que su propio partido está dispuesto a trazar, entre muchos otros factores. No es casual que el proceso legislativo del OBBBA haya estado acompañado de múltiples ajustes respecto a la propuesta original. Algunas fracciones republicanas (particularmente aquellas que representan distritos vulnerables o de alas más conservadoras) han mostrado cautela ante políticas que podrían tener costos electorales, especialmente en temas como comercio, migración, relaciones exteriores o inclusive gasto público.
El Senado probablemente sea uno de los focos más importantes. De los 35 escaños en disputa durante 2026, 22 actualmente están en manos republicanas, lo cual representa un reto significativo para preservar la mayoría. La diferencia con la Cámara de Representantes es clara ya que todos los asientos se renuevan cada dos años. La contienda del próximo año será especialmente exigente para los republicanos, por lo que cualquier decisión impopular de la Casa Blanca podría tener un costo directo en las urnas.
Para poder hacer un análisis más completo es importante dimensionar que sucedió en las últimas elecciones presidenciales del 2024. Si bien Trump ganó con holgura en el Colegio Electoral, el margen en el voto popular fue estrecho: obtuvo el 49.8 % de los votos frente al 48.3 % de Kamala Harris. En términos absolutos, la diferencia fue de poco más de dos millones de votos en una elección que movilizó a 154 millones de ciudadanos. Esta cifra, una de las más altas en la historia del país, muestra un electorado polarizado, activo y difícil de predecir. Ese mismo electorado será el que defina la composición del Congreso en 2026.
México debe observar este ciclo con atención. Uno de los temas más relevantes es el calendario de revisión del TMEC, cuya cláusula de expiración técnica prevé el inicio del proceso de evaluación antes del 1 de julio de 2026. Las condiciones actuales sugieren que habrá una renegociación, en vez de una revisión, que podría iniciar unos meses antes de esta fecha.
En mi opinión, resulta poco probable que se alcancen acuerdos sustantivos antes de las elecciones intermedias. A ello se suma otro factor: la narrativa anti-México, que ya comienza a reactivarse como parte del discurso electoral en ciertos sectores republicanos. No sería extraño ver cómo esta retórica se intensifica en los próximos meses en un intento por movilizar ciertas bases políticas, apelando al nacionalismo o a la seguridad fronteriza.
Más allá de la coyuntura, lo que está en juego es la arquitectura del poder en Estados Unidos para los próximos años. La dinámica entre Trump y el Congreso podría entrar en una nueva fase, en la que el Partido Republicano actúe no sólo como brazo legislativo, sino también como un posible contrapeso. Por eso, seguir de cerca los tiempos políticos rumbo al 3 de noviembre de 2026 será clave, tanto para entender el rumbo de las políticas internas estadounidenses como para anticipar sus implicaciones para México. Este ciclo electoral no sólo redefinirá mayorías legislativas, sino también la manera de ejercer el poder desde la presidencia. En ese sentido, el debate apenas comienza.
Sobre el autor:
Alejandro Padilla es Presidente de la Comisión de Política Económica del International Chamber of Commerce México y Director General Adjunto de Análisis Económico y Financiero de Grupo Financiero Banorte.
Cuenta de X: @alexpadillasan
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