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    Los efectos devastadores de lluvias torrenciales, deslaves, desbordamientos, inundaciones y todos sus daños colaterales, exhiben nuevamente el auge del populismo, este formato de comunicación política, persuasión y estilo de ejercer el gobierno que se ha hecho predominante ante la depauperación de los liderazgos políticos y la incapacidad imperante para actuar ante tales eventos.

    Dentro del desastre, los planes emergentes, la solidaridad, la respuesta social, historias de verdadero heroísmo, cuantiosas pérdidas, el caos imperante, la pausa y larga espera por ayuda, ansiedad, desesperación; mientras que sueños, trabajo, esfuerzo de años -a veces generaciones- desaparecidos en unas horas.

    Largas semanas y arduo trabajo seguirán, incertidumbre, un recuento interminable de trabajos, la infraestructura fundamental en comunicaciones, transporte y servicios requerirá de mucho esfuerzo y trabajo para repararse.

    La dimensión del daño económico es mayúscula; la afectación social mucho mayor, sin embargo, la respuesta lejos de contundente y estructurada ha sido la receta simplista de abrazos, promesas, más derroche populista, distracción, desviación, porras, actos a modo, piezas de comunicación que no reflejan lo que verdaderamente pasa en las comunidades.

    Los esfuerzos institucionales, los formatos, los mecanismos de ayuda y soporte, la coordinación institucional, la verdadera política pública es lo que cuenta, resultados concretos, capacidad táctica, organizativa y priorización de acciones.

    La ayuda, los fondos, los esquemas de respuesta fueron reemplazados por mecanismos que no operan en tiempo real, que causan confusión y que nuevamente abren la puerta a más y peor corrupción.

    No existe una secuencia, orden, estructura, lineamientos ni esquemas de respuesta; el populismo prefiere recurrir a la receta fácil de fotos y poses, movilización de bases y nuevamente usa el desastre como método de reclutamiento, apoyos condicionados, diferenciación, selectividad.

    Reorganizar el abasto, la provisión, salud, servicios, suministro, la actividad económica, ahí hay que ponerle mucha energía y capacidad de inmediato. Los gobiernos municipales y estatales, incapaces, ausentes, evasivos, mayor evidencia de lo cotidiano.

    Cierto es que ante la magnitud del daño no hay mecanismo que pueda garantizar la seguridad de una solución efectiva, pero también es necesario reflexionar en el costo de un gobierno basado solamente en verborrea, demagogia y el lucro sistemático de las necesidades y problemas sociales.

    Una nueva normalidad surge de esta incertidumbre climática, tiempo útil para trabajar sobre las enormes tareas de prevención, organización, activismo, preparación, protección y planeación imprescindibles.

    Al mismo tiempo para reflexionar, incentivar una nueva cultura ante el desastre natural y formar a la sociedad en las tareas por venir ante factores que -por lo menos en el mediano plazo- no cambiarán.

    Millones de personas están expuestas a estas variaciones extremas, calor extremo, sequia, incendios forestales para luego pasar a tormentas, inundaciones, tornados, vientos, no hay reversa.

    Hasta distinguir los ciclos y las estaciones naturales ya esta afectando los procesos productivos, haz cuentas de lo que costara la devastación de zonas agrícolas, cafetaleras, ganaderas y avícolas y lo que evidentemente impactara en los costos de materias primas y alimentos.

    Nuevas realidades, esquemas de vida que deben incluirse en la conformación de la sociedad moderna. Desde la planeación de una vivienda, zonas seguras, elevaciones, por supuesto la aplicación de los reglamentos y normas para su construcción. Lo más básico es lo mas urgente.

    Fabricar muebles capaces de resistir una inundación, sentido común, materiales asépticos, piezas de soporte expandibles, elevadores, camas altas, alacenas herméticas, bordes y bardas, escaleras de emergencia ni modo hay que invertirle si sabes que estas en riesgo y que cada año es la misma, sale más barato que reponer todas tus propiedades.

    Mobiliario, ropa, insumos, equipos electrónicos reciclables, nano materiales, de todo hay para la inventiva, refugios para ganado y animales, zonas seguras, estaciones de bombeo, canales, bordes, contenedores, presas, represas, reinyección de acuíferos, desviadores de cauces, ideas hay muchas y eso solo en casa.

    Son millones de toneladas de desperdicios los que deja cada desastre natural y que terminarán causando enormes daños, esto no va a parar, entonces a darle con la lluvia de propuestas para que eso tenga una atención efectiva de política pública, el medio ambiente lo exige. 

    En eso deberían invertirse los recursos, el tiempo y los esfuerzos, que fluya el talento y no dejar que se subordine a la política populista.

    Hay tanto que hacer que no debe limitarse la aproximación a estos problemas, hasta la recuperación de un hogar para hacerlo salubre nuevamente es tema de preocupación, bacterias, virus, enfermedades, plagas abundan cuando se estanca y se pudre el agua negra.

    Todos estos programas requieren medidas efectivas no son solamente malos olores sino mayores consecuencias y daños a mediano y largo plazo sobre la población, estos son los mínimos, las cuestiones fundamentales, las necesidades urgentes que deben ser prioridad.

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