Venezuela es el tema del momento, no hay duda. Los hechos ocurridos a inicio del año marcan un capítulo de la historia universal que no podemos dejar pasar como si fuera irrelevante. Tampoco podemos ni debemos quedarnos en el suceso mismo, que, dividido políticamente, traerá sin duda un proceso de cambio importante para Venezuela y para la región latinoamericana.
Hay muchas especulaciones sobre el tema, unas informadas y otras no tanto. En este mundo de opiniones –alimentadas por el fuego incendiario de las redes sociales–, tan ligeras algunas como contundentes, muchas voces olvidan el aspecto más relevante de todos: la dignidad de la persona humana, de toda persona humana.
Kant nos dice que la persona es fin en sí misma formulando uno de los pilares éticos modernos: “Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio”. Jacques Maritain defendía que el bien común no puede lograrse aplastando personas y que la dignidad humana no depende del estatus, la productividad o la nacionalidad.
Te interesa: Tres maneras en que las acciones de Estados Unidos en Venezuela violaron el derecho internacional
Este conflicto nos coloca en un dilema ético interesante, ¿quién juzga el criterio ético? ¿quién está bien? ¿bajo qué principios? ¿volvemos a los tiempos del más fuerte (la tiranía de uno o el poderío del otro)? Evidentemente hay criterios geopolíticos, económicos y energéticos que, disfrazados por la cortina del bien común (de Estados Unidos o de Venezuela), ponen en la interrogante de los motivos verdaderos de las acciones que hemos visto, razones que, desde nuestra perspectiva cívica, muy posiblemente no lleguemos a conocer del todo.
Muchas aristas surgen de este conflicto, en lo político, en lo económico, en lo bélico, incluso en la organización de las naciones. La forma en que se ha dado –junto a otros conflictos globales– ponen en el banquillo de los cuestionamientos, a la Organización de las Naciones Unidas y el verdadero peso de la representatividad y equidad entre las naciones según sus principios fundacionales. Este tema da para un análisis más profundo y hecho por expertos en la materia, yo sólo lo dejo en el aire de la reflexión.
Sobre lo que nos concierne en esta columna, Venezuela es una gran nación, con recursos increíbles no sólo minerales y energéticos; es una nación de gente hospitalaria, con grandes atractivos turísticos, con una riqueza cultural importante y una gastronomía que quiere posicionarse en el mapa internacional. Lo sucedido será sin duda un impulso que, bien aprovechado, puede agregar un jugador importante en la región para el mundo de la hospitalidad. Viene un proceso de reconstrucción y crecimiento en infraestructura que sólo va a positivo, hoteles, restaurantes, centros de entretenimiento, etcétera. El venezolano, con la resiliencia del latinoamericano, saldrá fortalecido sin lugar a duda, pero sólo lo logrará si apaga el fuego del resentimiento y la discordia que surgen ante este tipo de situaciones, especialmente en los jóvenes (destinatarios últimos de ese porvenir). Es hora de ver hacia el futuro recordando el pasado como experiencia y aprendizaje y no como sello de su destino inminente. Terminará la diáspora y el talento venezolano comenzará a germinar en su propia tierra; inversiones privadas resurgirán incluso con capital venezolano que ha encontrado asilo en otros países y habrá crecimiento económico a largo plazo.
Pero, retomando la idea inicial, sólo a través del reconocimiento de la dignidad humana en cada uno de los venezolanos; líderes políticos u opositores, empresarios y trabajadores, campesinos y pescadores, se alcanzará el verdadero bienestar y desarrollo. Las personas no pueden ser reducidas a números, flujos o problemas, el ser humano no puede ser invisible ante la nueva necesidad de un mundo que, liberado, no ha terminado su camino hacia una vida estable y productiva. Hospitalidad es abrirse al otro, comprender su necesidad para brindar consuelo y confortar el alma. Dar descanso al que ha peregrinado por tantos años y al que aún le queda mucho camino por recorrer.
Sobre el autor:
*Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA, es director de Le Cordon Bleu-Anáhuac.
Correo: [email protected]
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
Suscríbete a nuestro canal de YouTube y no te pierdas de nuestro contenido









