Hace pocas semanas comentábamos el crecimiento de la economía mexicana. Lejos de lo esperado, México superó las expectativas que tenían todos los analistas, así como las agencias de research, en lo que respecta a la expansión económica registrada durante el tercer trimestre. El nearshoring, la inversión extranjera, entre otros factores, dinamizaron a una economía azteca prácticamente estancada. Y esto despertó un optimismo que, desde hace años, no se veía para una economía que, a principio de año, preveía una estanflación.
Analizando los últimos datos de crecimiento, los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (por sus siglas, Inegi) muestran que la economía de México se expandió entre julio y septiembre, superando las expectativas de todos los analistas. Mientras que la previsión que tenían los analistas de Bloomberg, Reuters, entre otros organismos públicos y privados, se situaban en torno al 0,7%, el dato final que muestra el crecimiento de la economía mexicana durante el tercer trimestre se ha situado en el 1%, teniendo en cuenta la tasa trimestral. Una tasa que, como decimos, sorprende a los analistas, a la vez que supera a la registrada en el segundo trimestre.
Teniendo en cuenta la tasa interanual, el PIB habría crecido un 4.2%.
Como puede apreciarse, una buena noticia que llega en un momento clave. Pues, como digo, la economía mexicana no venía de pasarlo muy bien. La escasa respuesta fiscal y el debilitamiento de la economía estadounidense estaban llevando al país azteca a un estancamiento que, como también preveían los analistas, podía derivar en una crisis económica. Y esta expansión, teniendo en cuenta esa superación de las expectativas, motiva a unos analistas que veían muchas más sombras que luces. Sin embargo, nuevamente, debemos mostrar algunos matices que deben ser tenidos en cuenta a la hora de analizar la situación de manera rigurosa.
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Pese a que México se expande, y que se ha expandido durante los últimos cuatro cuatrimestres, también hemos de señalar que esta importante economía de América Latina, de la misma manera, es la única gran economía de América Latina que cuenta con un producto interno bruto (por sus siglas, PIB), hasta día de hoy, igual o menor al registrado en 2019. En otras palabras, la economía mexicana, pese a que se expande como digo, sigue sin recuperar, o acaba de recuperar el nivel de PIB previo a la crisis de 2019; y esto, dicho de otra manera, quiere decir que, pese a que crecemos, por el momento solo se trata de un rebote, pues México, en estos momentos, acaba de alcanzar el punto de partida en el que se encontraba en 2019, antes de la caída que supuso la pandemia.
Por esta razón, podemos celebrar la recuperación de la economía, pero no podemos destacar este crecimiento, ni compararlo con el registrado por otras economías homólogas que, a la luz de los datos, siguen expandiéndose y, hace meses, se habían recuperado completamente del shock mencionado. La economía mexicana, hasta la fecha, ha recuperado el terreno perdido y, de igual manera, sigue recuperándose de un shock del que, como muestra su nivel de PIB, se acaba de recuperar. Por lo que podemos seguir vendiendo un “crecimiento” que supera las expectativas de los analistas, pero, como digo, esto no es más que un rebote en el que la economía mexicana, encima, ha sido la última en experimentarlo.
En conclusión, es cierto que la economía se expande y, teniendo en cuenta los pronósticos, lo hace a un mejor ritmo de lo esperado. Pero tampoco podemos engañarnos. Hasta la fecha, México estaba recuperándose del shock vivido y recuperando todo el terreno perdido por la pandemia. Decir que crecemos, estadísticamente hablando, tiene sentido, pues la tasa de crecimiento es positiva. Pero en la práctica y al calor del análisis de los economistas, México aún no ha crecido nada, desde la caída que experimentaba en el año 2019.
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