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    ¿Puede un conjunto de ideas que no llegan a conformarse como ideología o doctrina representar un cambio en el orden mundial? Desde su ascenso en 2016 a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump se erigió como una figura polémica que desconcertó al establishment político y económico responsable del declive de aquella nación, según su visión.

    Su llegada al poder descolocó al mundo. La primera victoria del empresario neoyorkino sacudió a la opinión pública dejando al descubierto que el patriarcado, el racismo, la xenofobia y la discriminación, siguen siendo grandes bastiones que aglutinan a buena parte de la sociedad. El showman lo volvería hacer en las elecciones de 2024, al imponerse a la candidata demócrata, Kamala Harris y logrando la mayoría de ambas Cámaras del Congreso.

    Si la primera victoria de Trump obligó a revisar los factores detrás de su apoyo popular, su segundo triunfo confirmó diversas tesis acerca de este movimiento que trasciende las fronteras nacionales y tiene un alcance global en la economía, la geopolítica y también la cultura del occidente. Al final del día, por encima de explicaciones elaboradas sobre el fenómeno del trumpismo, lo que hay es la esperanza del pueblo norteamericano de que un país más seguro y próspero es posible, y que esa aspiración es legítima y justa, así sea por encima de los derechos de inmigrantes no anglosajones, las alarmas por el cambio climático, o de una guerra de aranceles contra economías como la de sus vecinos canadienses y mexicanos.

    El discurso que dio después de su juramentación el pasado 20 de enero de 2025, confirma elementos relevantes que sostienen al trumpismo no solamente como un fenómeno político de la democracia estadounidense, sino como un movimiento cultural emblemático de nuestra época.

    America First, su ya célebre lema electoral, representa las raíces del sentir popular que se ha preservado desde el siglo pasado, al menos desde la década de los años veinte durante la época del Ku Klux Kan, el cual se siente cómodo con el proteccionismo económico y un nacionalismo aislacionista.

    Desde el ascenso político de Trump mucho se ha escrito y teorizado para explicar su victoria por la vía democrática. Pero su discurso de juramentación del 20 de enero de 2025 es contundentemente claro para explicarnos el triunfo de un personaje que logró capturar las ansias de cambio de la sociedad estadounidense.

    El pasado 20 de enero, fecha que paradójicamente coincidió este año con la celebración del día de Martin Luther King Jr., voz imprescindible en materia de derechos civiles, el presidente norteamericano número 47 dio un claro mensaje en contra sus enemigos, y también respecto a los objetivos que pretende alcanzar.

    Algunos temas sustanciales que fueron señalados durante su discurso son declarar emergencia nacional en la frontera sur, la invocación de la ley de enemigos extranjeros de 1798 en contra de redes criminales extranjeras, restaurar la política “Quédate en México”, dar fin con la crisis inflacionista, generar más petróleo y gas -ese “oro líquido”-, salvar la industria automovilística estadounidense, crear un servicio de ingresos externos basado en la recaudación de aranceles, mayor libertad de expresión e, incluso, recuperar el Canal de Panamá.

    Mención especial amerita el reconocimiento de Trump de sólo dos géneros, masculino y femenino, así como el fin a cuotas o acciones afirmativas: “forjaremos una sociedad ciega al color y basada en el mérito”.

    Es pronto hablar de legados de Trump para su país y el mundo, pero no parece ser tan temprano como para afirmar que su segundo mandato confirma la fortaleza del trumpismo como un movimiento cultural que está replanteando la comprensión del orden político en los años venideros. El trumpismo llegó para quedarse más allá de Donald Trump. Ahí su primera herencia.

    Contacto:

    Palmira Tapia es Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Oxford y Licenciada en Ciencia Políticas y Relaciones Internacionales, por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

    Twitter: @palmiratapia

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