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    Por José Kont*

    Decía Marie von Ebner-Eschenbach que “estar contentos con poco es difícil y con mucho, imposible”. Esta reflexión encuentra un eco inesperado en un tema de enorme actualidad: el punto de inflexión que estamos presenciando en las tecnologías de inteligencia artificial.

    En los últimos días, DeepSeek ha acaparado titulares globales al superar, con una fracción del costo, a gigantes como OpenAI y Anthropic. ¿Cómo lo lograron? La respuesta está en la frugalidad. Mientras OpenAI levantó más de 21 mil millones de dólares para construir centros de datos masivos de 100 millones de dólares, DeepSeek, una startup china, utilizó apenas 6 millones de dólares para lograr resultados iguales o superiores a GPT-4 y Claude en muchas tareas, con un costo 95% menor.

    Su innovación parte de repensar la eficiencia: en lugar de usar cálculos con 32 decimales como las IAs tradicionales, DeepSeek redujo a solo 8 decimales, minimizando el uso de memoria computacional en más de 75%. En lugar de procesar palabra por palabra, trabaja con frases completas, duplicando la velocidad con un 90% de precisión. Además, activan únicamente los módulos necesarios dependiendo de la tarea, evitando el uso continuo de modelos masivos. Estas decisiones les permitieron reducir los costos de entrenamiento de 100 millones de dólares a solo 5 millones de dólares, utilizando GPUs de gaming en lugar de costosos centros de datos.

    El impacto fue inmediato: Nvidia perdió 600,000 millones de dólares y dejó de ser la empresa más valiosa en la bolsa. Oracle y Broadcom vieron pérdidas similares, ya que DeepSeek estableció un nuevo estándar en el desarrollo de IA: más accesible, competitivo y escalable.

    El caso de DeepSeek ofrece una lección clave para Latinoamérica. El auge del dinero barato y el acceso masivo a capital de riesgo en 2021 dejó secuelas en el ecosistema. Muchos fundadores dejaron de enfocarse en los fundamentos de su negocio, emborrachados por grandes flujos de dinero y cuentas bancarias infladas. Sin embargo, esto no significa que debamos romantizar la escasez; más bien, es una invitación a valorar la frugalidad, el entendimiento de las necesidades del consumidor y el enfoque como ventajas competitivas.

    En un futuro cercano, es probable que los grandes competidores ya no solo emerjan del norte, sino de regiones en ascenso donde la eficiencia y la escasez no son obstáculos, sino motores de innovación. ¿Está Latinoamérica preparada para competir bajo este nuevo paradigma? La respuesta dependerá de nuestra capacidad para aprender y adaptarnos a estas nuevas reglas del juego. 

    Contacto:

    *Jose Kont es director ejecutivo de Cuántico y Venture Partner de Impacta VC.

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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