A Isaac Alarcón le tomó tiempo reconocer que, como jugador de fútbol americano, era malo con las manos. Comenzó a jugar a los 14 años como ala cerrada (posición de ataque y recepción), pero cuando llegó a la universidad, a los 18 años recuerda, “me dijeron: tienes unas manos terribles, no atrapas nada, sentimos que lo mejor para ti es que seas liniero ofensivo (posición que protege al mariscal de campo y abre espacio para las jugadas terrestres). Tenía una beca, entonces la agarras porque la agarras y, sin darme cuenta, esa fue la posición que me cambió la vida”, dice.
Una posición que hasta ahora desempeña en el campo, como jugador de los San Francisco 49ers. “A veces como liniero no tienes mucho reconocimiento, eres como el héroe sin capa, te dedicas a abrirle el hueco al corredor o proteger al corredor para que lance el pase. Yo me esfuerzo para que alguien más brille y siento que es una lección de vida para mí: muchas veces no tienes el reconocimiento, pero eso no significa que no eres una persona que tiene valor”, reconoce.
Pero este ‘héroe sin capa’, como se nombra él, tiene fe en que algún día pueda formar parte del roster de los 53 jugadores de la NFL.
Pasión compartida
Sus inicios en el deporte fueron en la adolescencia cuando su padre, después de trabajar, llevaba a Isaac y a sus hermanos a jugar fútbol americano a un campo ubicado en Fuentes del Valle, en Monterrey, Nuevo León, de donde es originario. “Afuera del campo había un río que pasaba por ahí, tenía unos árboles súper grandes que cubrían todo el estadio. En mi mente lo veía como el cielo, ir a entrenar a ese lugar”, comenta.
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Está seguro que su amor por el deporte nació por su papá, a quien considera su primer porrista. “Él se quedaba (a la práctica) a pesar de que estaba súper cansado por su trabajo, tenía dos, y de regreso a la casa me acuerdo que siempre era: ‘¿cómo les fue? ¿cómo se sintieron? Oye, vi el pase que atrapaste’, compartir eso que tanto amas con tu papá, que siente la misma pasión, es un recuerdo muy bonito que tengo con mi familia”, rememora.
Isaac también tiene otra pasión: los carros. Estudió Ingeniería en Diseño Automotriz, en el Tecnológico de Monterrey y fue parte de los Borregos, el equipo de americano de la misma universidad, pero su gran sueño es poder jugar en la parrilla o roster de 53 jugadores, es decir, aquellos que estarán activos y serán seleccionados para los encuentros de la NFL.
El sueño: la NFL
Dio su salto a la NFL en 2020 cuando se unió con los Cowboys de Dallas, a través del International Player Pathway Program, sin embargo, enfrentó diversos retos como adaptarse a un nivel profesional y estar lejos de su familia.
“Vienes de Borregos, te sientes una persona de que el equipo depende de mí, a una persona donde si no estás en el campo, no estás jugando, entonces fue algo difícil, sin embargo, siento que pude tener muy buenos recuerdos como saber lo que pasa dentro del locker, practicar con ellos como jugadores, ayudarles a prepararse para el domingo”, detalla.
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En su último año, lo quisieron cambiar de liniero ofensivo a liniero defensivo, una posición en la que, reconoce, no le fue tan bien.
“Me terminaron cortando del equipo después del training camp, cuando empieza la temporada, me la pasé todo el año (2023) fuera de la NFL y pensé que ya se había acabado mi carrera deportiva”, comenta.
Alarcón confiesa que mentalmente no se sentía preparado para despedirse del futbol americano. “Había muchas luchas mentales y en mi corazón de no querer decirle adiós al deporte, por eso duré tanto tiempo intentándolo. Me quedé en Estados Unidos todo ese tiempo, busqué coaches, hablé con mi agente de qué podía hacer. Todas las semanas tenía al menos un sueño de que volvía al equipo, extrañaba mucho todo”, dice.
Sin embargo, en enero del año pasado los 49ers deciden darle una oportunidad. “Gracias a Dios me pude quedar en el equipo, en el escuadrón de prácticas, les gustó mi trabajo que me quisieron firmar”, cuenta.

Y en enero de 2025 su contrato con San Francisco fue renovado por un año más.
Ahora su filosofía en el juego es: “Si es una temporada muy buena, no dejes que la euforia te gane, eso también puede pasar. Si es una temporada muy baja, no dejes que te deprima porque eso también va a pasar, siento que eso me ayudó mucho en esos meses”, dice.
De los mayores retos a los que se ha enfrentado dentro de San Francisco ha sido luchar contra el estigma de ser mexicano, de no ir de un colegio americano y que no ha estado activo en el roster.
“Te juzgan como en todo, tienes tu currículum y en base a ese evaluamos qué tipo de persona eres; yo no cargo con ese currículum, entonces mi carta de presentación la tengo todos los días en el campo y así fue como poco a poco me fui ganando el respeto de mis coaches y de mis compañeros, que consideran que debo de quedarme en el equipo una temporada más”, dice con entusiasmo.
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Alarcón aún cree que no ha alcanzado su máximo potencial, por lo que continuará preparándose con el objetivo claro en mente: hacer el roster de los 53.
Su papá sigue siendo su porrista número uno y le recuerda la importancia de mantener los pies sobre la tierra y ser humilde. “(Me dice) que no deje que nada de eso se me suba a la cabeza, que al final de cuentas cuando se acaba todo el ruido, las entrevistas, las cámaras, los aplausos, todos terminamos en cuatro paredes, tu casa, tu cuarto, y ahí no hay ruido. Entonces, ¿qué es lo más importante? Quién está a tu lado: tu familia”.









