El aroma de un guiso comienza a florecer en el jardín. El aire indiscreto de la cocina circula por un patio flanqueado por pequeños arbustos, con una fuente en medio y, al fondo, cazuelas de barro y molcajetes de piedra forman parte del paisaje alrededor de Laura Esquivel.
“El tiempo es ese momento, ese instante, en donde yo me detengo, entro en silencio y entro en contacto con mis ancestros, con el aire, con el agua, con el fuego, con lo que yo soy. Es el latido que me conecta y me ha conectado siempre… ese es el verdadero poder y ese no sale en los índices de crecimiento [económico]”, dice, en entrevista, la autora de la novela Como agua para chocolate.
Y es que la escritora considera que la mejor herencia para las futuras generaciones es la capacidad de sembrar y conocer lo que comen, para alimentarse y entrar en sintonía con nuestra naturaleza inmersa en una cosmogonía de siglos de vida.
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“Creo que el verdadero poder que tenemos es uno que no siempre está a la vista, porque tiene que ver con la conservación de la vida misma”, dice Laura, quien sabe que en el tiempo futuro este poder será cada vez más valioso en un mundo que privilegia el dinero.

La egresada de la licenciatura en Educación Preescolar ha visto avances en una mayor participación de mujeres por la perspectiva de género. Sin embargo, ha mirado a muchas de ellas trabajando para un sistema patriarcal, y hombres que genuinamente reconocen la importancia de lo femenino.
“La lucha no es de género, sino de rescatar lo femenino. Y este rescate es de toda una cosmogonía y toda una forma de vida ancestral que fue silenciada y aplastada al momento de ser colonizados”, explica. Y es que, considera, lo femenino es la inclusión de todas las personas.
La obra de la autora mexicana ha sido traducida a más de 30 idiomas y llevada al cine, mientras que, este año, la plataforma de streaming global, Max, estrenó una serie que se basa en el libro publicado en 1989.
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Pero el éxito para la escritora no tiene la misma concepción del mercado. Para ella, el logro genuino es hacer que las comunidades trabajen en conjunto para sembrar la tierra y generar un criadero de tilapias, como lo hizo en un proyecto en Brasil. De pronto, el recuerdo de su historia en tierras cariocas se mezcla con los aromas emanados de la cocina y sus ojos se humedecen, mientras que el silencio del instante se hace presente. “Son tiempos de recordar el verdadero sentido del tiempo”, asegura Laura Esquivel, con la calidez de una mujer que riega semillas en sus constantes viajes, y muestra que su paso por la tierra es sembrar y cosechar.










