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    La Comisión para la Reforma Electoral, que encabezará Pablo Gómez, nace con contorno específicos. Lo dijo la presidenta Sheinbaum, no quiere a los plurinominales y se gasta mucho en partidos y elecciones.

    Se hará una encuesta, “para preguntarle al pueblo” qué opina de esos temas. Es evidente cuál será el resultado de medición semejante, y podrían ahorrarse ese estudio.

    Los partidos y los diputados no son los sectores mejor calificados, nunca lo han sido, por razones más que merecidas, en algunos casos, pero también por la incomprensión sobre cuál es el papel que juegan en el sistema democrático.

    Sin los partidos, muchos de los avances en derechos habrían sido imposibles.

    El financiamiento público proviene de la necesidad de hacer equitativas las contiendas, de proporcionar recursos a organismos que son de interés público y para evitar la llegada de dinero sucio.

    En un país donde el crimen organizado irrumpe con violencia, no parece lo más sensato el generar incentivos para que amplie su red de influencia a golpe de dinero. No es que no se haga, se hace y cada vez con mayor costo social, pero lo que hay que buscar es ponerle trabas a esa situación, no quitarlas.

    Por ello vale la pena recordar que los esfuerzos para construir el sistema de partidos que todavía tenemos fueron amplios, que las oposiciones jugaron un papel importante, y que se establecieron las reglas y las condiciones para que la alternancia fuera posible y además en paz social.

    Las líneas generales del Plan C se mantienen, y es probable que discusiones y foros no tengan mayor utilidad, sobre todo porque está claro lo que se pretende.

    Pablo Gómez se encargó, justamente, de elaborar las iniciativas del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador al respecto, las que no prosperaron porque Morena no contaba con la fuerza necesaria en el congreso, pero las que también fueron declaradas inconstitucionales cuando trataron de colarlas por la vía de leyes reglamentarias. 

    Ahora ya no existen los controles constitucionales, la nueva integración de la Suprema Corte no impedirá cambio alguno; donde no hay claridad es que puede ocurrir en el poder legislativo, ya que la propuesta de reducción de plurinominales y presupuestos también afecta a los aliados del oficialismo.

    Y está el propio caso de Pablo Gómez, quien, en las pasadas tres décadas, participó en la edificación de lo que ahora se quiere desmontar.  Él sí sabe de la importancia de la representación plurinominal y de lo que significó para la propia izquierda, desde el Partido Comunista hasta Morena, pero pasando por diversas organizaciones y expresiones, como el PSUM, PMS, PRT, PMT, PST, entre otros.

    Por lo pronto, y mientas no se conozcan las líneas generales de lo que será la propuesta de Palacio Nacional, los augurios no son nada promisorios.

    Es verdad que podría aprovecharse la Comisión de la Reforma Electoral para incluir a todas las voces y preservar los derechos de las minorías.

    Buscando acuerdos y construyendo consensos, para así despejar los nubarrones que ya cubren el panorama político.

    Todo indica, desgraciadamente, que el ánimo no es el de elaborar una propuesta también con las fuerzas políticas opositoras, sino debilitarlas o de plano extinguirlas.

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    Twitter: @jandradej

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