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    Desde que era pequeño, Claudio Schlegel tenía el chip para emprender, pero con el paso de los años se convirtió en un ángel inversionista de tiempo completo. “Encontré en ser inversionista una pasión diferente, porque creo que el poder tener exposición a muchísimos negocios, estrategias, fundadores distintos en la región de América Latina, me calma un poquito estas ansias de estar en mil proyectos”, comenta.

    La primera inversión que hizo, sin mucho conocimiento, fue en 2009 a un amigo de la infancia que tras regresar de Estados Unidos quería iniciar una microfinanciera en el municipio de Nicolás Romero, en el Estado de México.

    En 2020, y a raíz de comenzar a trabajar en fondos de Venture Capital (VC) y el boom que se dio en ese momento, Schlegel comenzó a entender y conocer más del ecosistema. “Veo esta buena combinación donde tenía experiencia invirtiendo, venía creciendo el ecosistema cada vez más en recursos y había posibilidad de fondear empresas con fundadores excepcionales que venían de trabajar en empresas importantes como Uber, Rappi, Amazon, y estaba esta oportunidad enorme en México y en América Latina de que muchos servicios también se empezaran a digitalizar”, dice Claudio Schlegel.

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    Aunque para Schlegel el papel que juegan los ángeles inversionistas es fundamental en cualquier ecosistema, prioriza en sus inversiones el perfil del emprendedor. “Porque el modelo de negocio definitivamente va a sufrir modificaciones o va a cambiar. A lo que le quieres apostar es al emprendedor con un modelo de negocio viable, que sabes que va a tener que pivotear y que tiene hacia dónde hacerse”, explica.

    Y agrega que dentro de los otros factores a considerar, está el entendimiento del modelo de negocio que se está desarrollando y que sea algo en lo que él pueda aportar valor. 

    Sin embargo, hace hincapié que como inversionista ángel no se debe buscar la rentabilidad, sino el impacto que el emprendimiento puede causar. “Si tienes un impacto positivo y un mercado grande, puede ser algo muy interesante”, dice.

    Además, no tiene que ser un emprendimiento que sea la siguiente cura del cáncer, sino aquellos que atienden problemas reales y desde la raíz, como atención al cliente o temas de personalización. 

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    “Hoy en día, que a mí no me gusta, creemos que el emprendimiento es Shark Tank, esas empresas que se vuelven unicornio y que se fondean con miles de millones de dólares, y que se convierten en el siguiente Rappi o Nu, eso es una rama del emprendimiento; en México y en América Latina realmente el emprendimiento son el 95% o más de las pymes, que es una persona arrancando un negocio como parte de su ingreso para vivir y mantenerlo y pasárselo, probablemente, a las siguientes generaciones, y esos también son emprendimientos súper valiosos e importantes y que requieren una gestión y un entendimiento”, asegura Schlegel.

    Para que el ecosistema emprendedor sea más dinámico y diverso, destaca tres puntos clave: no satanizar los fracasos de los emprendedores; el gobierno no siempre puede dar dinero, pero sí ver de qué manera hacer que los trámites para abrir un nuevo negocio sean más fáciles; y entender, como emprendedores, que no todo tiene que ser un unicornio, la tiendita o el salón de belleza son valiosos y a esos también se les debe de apostar.