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    Donald Trump está avisado. Ya son cinco ocasiones en las que amaga con realizar operaciones contra el narcotráfico en territorio mexicano. Inició con la declaración de guerra contra los carteles, seguida de la orden ejecutiva contra el fentanilo, pero a ello se sumaron directrices concretas para las agencias de seguridad y para el propio ejército. 

    El más reciente de estos llamados lo colocó en una entrevista con New York Post en la oficina oval, restringió las posibilidades a tres países: Venezuela, Colombia y México.

    Trump, más allá de su incontinencia verbal, sabía del impacto que tendría lo que estaba diciendo, para el público informado, porque harían eco de sus palabras, pero también para los lectores de un tabloide como el New York Post, que influye y tiene lectores en públicos y segmentos que son objetivo de la estrategia del presidente de Estados Unidos. 

    El que sea ambiguo no debe hacernos perder de vista que ese es uno de sus escenarios, por ahora como instrumento de presión, pero en cualquier momento como una realidad.

    Inclusive, luego de la reunión de Davos, en el Foro Económico Mundial, Trump señaló que debió pedirle a la OTAN el despliegue de tropas en la frontera con México. 

    Lo hizo más para provocar a sus socios europeos, a sabiendas de que la situación fronteriza no aplica, ya que no hay ataques contra posiciones en Estados Unidos, pero dio cuenta, una vez más, de que es un tema que no suelta. 

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    El columnista de The New York Times, David Brooks explicó que Trump muestra rasgos crecientes de narcisismo, impulsividad y tendencia a la violencia, lo que ha significado un aumento de las operaciones militares en el extranjero.  

    La Estrategia de Seguridad Nacional y la de Defensa van en ese sentido, en el de tomar decisiones más allá de los aliados y pensando en la integridad de los Estados Unidos en lo que respecta al combate al narcoterrorismo. 

    Una de las características del Plan de Defensa, es que contempla “acciones unilaterales en territorio extranjero”, si los socios o aliados “no hacen de su parte”.

    Desde México se deben estar elaborando los análisis pertinentes, no solo para estar prevenidos, si ocurriera una acción potencialmente violatoria de la soberanía.

    Ya no se trata de discursos sobre soberanía y respeto, sino de política internacional, con un vecino que cada vez se inclina más a la diplomacia de la fuerza. 

    Sobre el autor:

    Twitter: @jandradej

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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