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    Millones de familias ligadas al futbol americano viven cada año la culminación de sus sueños, la reminiscencia, la nostalgia de los campos de juego donde se viven hazañas locales, en los que los hijos crecen, comparten se desarrollan, compiten y se forjan en la resistencia la disciplina y los valores relacionados a este deporte.

    Para quienes tuvimos la oportunidad de practicarlo, todos los recuerdos, la experiencia, la magia, el ambiente, los viajes, cada partido, victoria o derrota, cada jugada, cada lección de vida, hasta las cicatrices retornan, volamos a los sueños, las ilusiones y todos los momentos en los que no había nada mas que darlo todo para alcanzar la grandeza de un campeonato.

    Desde dentro y fuera de la cancha, para padres, madres, abuelos, familiares, amigos, desde las organizaciones infantiles, hasta los equipos universitarios, todo ese recorrido de los jugadores se refresca con las largas conversaciones sobre todo lo vivido. Trabajo, constancia, competitividad, disciplina.

    La emoción de sentir el campo y encontrar un grupo enfocado, dispuesto a defender su lado y contar con el apoyo de sus seguidores siempre. Portar un uniforme con todo lo que significa, orgullo, tradición, cultura, identidad, historia. Dar el máximo, soportar el dolor, creer, entrenar, no rendirte.

    Recordamos los ídolos, los ejemplos de jugadores y sus historias, aquellos que dejaron su eterna huella en récords, pases, carreras, intercepciones, tacleadas imborrables; anotaciones en el último segundo, jugadores con lesiones evidentes haciendo un esfuerzo triple, el dolor, la cabeza baja, las reacciones de entrenadores, la desesperación en la banca, el correr del reloj, las reacciones de los aficionados, el momento final antes de celebrar el touchdown o el gol de campo definitivo. 

    Este multiverso llega a su culminación con este fin de temporada que nos separa de saber quién será el campeón. Aun cuando no sea tu equipo favorito; el Super Bowl es un pretexto perfecto para pasarla bien, juntarse; compartir buena botana, comida, bebida, hacer la parrillada, derrochar un buen fin de semana.

    La NFL ha sido muy exitosa expandiendo la penetración del deporte y su espectáculo, llevando a sus equipos por el mundo y atrayendo cada vez audiencias mas diversas, activando ligas locales y llevando la diversidad, la igualdad, el reto competitivo y la adicción a un deporte dinámico, rudo, intenso, centrado en la cohesión, unidad y compañerismo. 

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    Aunque el Super Bowl ya había tenido una acentuación latina en su espectáculo de medio tiempo, la edición LX profundizo varios mensajes -por supuesto de cara al contexto interno en los EUA- al respecto precisamente de lo que se debate intensamente en ese país respecto de la inmigración, los inmigrantes, los derechos humanos, la ley, los valores, tradición e historia, legado, trascendencia, posicionamiento político, orden, justicia, seguridad, tolerancia, equidad -entre otros-.

    No solamente fue escuchar música con alusiones a la convulsiva explosividad de conflictos internos exacerbados y llevados al extremismo. El despliegue de fuerza, una represión abierta, sonora, incluso alardeada con el fin de sembrar el miedo y el desconcierto. 

    De lado latino, la esperanza, la unidad, la solidaridad, el sentido de pertenencia donde cabe la integridad, entrega, compromiso, valor, coraje, honestidad, contribución, el derecho a ser escuchado, entendido, respetar la ley y servir, una oportunidad sin generalizaciones. 

    Mister lleve la cuenta de que la defensa de un país y sus leyes es solamente un pretexto cuando se basa solamente en el prejuicio, discriminación, propaganda, consignas e intolerancia.  

    La disputa por el nacionalismo, señalar como a amenaza a grupos -no solamente de latinos- solo por su origen, sin saber la historia de trabajo, honestidad, adaptación, respeto, integración, cambio, lucha desde abajo. 

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    Sueños, ilusiones, aspiraciones, migrar a los EUA era precisamente concretar y llegar a ellos, vivir una tierra llena de libertades donde la distancia entre el éxito era solo la que el mayor esfuerzo determinaba. Al menos ese era el modelo. 

    Una tierra ejemplar donde ser libre, donde poder expresarte, ser, convivir, explorar, abrirte al mundo. Donde podrías acceder a mejor educación, mejor empleo, vivienda, servicios, tranquilidad, armonía, seguridad, modernidad, tecnología, salud, medio ambiente, disfrutar de la vida y crecer sin límites.

    Las redes sociales vibraron, se cimbraron aún quienes no estaban atentos del SB recibieron las consignas, tuvieron ese momento de aliento, solidaridad, votos de apoyo, señales de no rendición. 

    Los mensajes no cayeron en gracia por supuesto, la administración tiene perfectamente delineada su estrategia y el objetivo preciso de consolidar sus avances en torno a la seguridad interna, el combate al crimen organizado y la erradicación de los grupos que representan una amenaza.

    Esta claro, determinado, ha demostrado con hechos su contundencia y claridad en esas metas, tiene resultados, números, datos, estadísticas dolorosas que no admiten discusión ni contraste. En su óptica, son efectos colaterales derivados de metas superiores; el discurso no cambia, ni se suaviza y no deja de insistir en el asunto de fondo. 

    Una ventana expandida, influyente, multinacional, multicultural, diversa, sensible, expansiva, todo eso lograron los mensajes, breves, subliminales, creativos, desde poses, gestos, marcos, movimientos, versos, frases, banderas, alusiones, meneos, indirectas, gritos, ovaciones, parodias, todo eso llevaba candela, rumba, posicionamiento y declaraciones políticas.  

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