Por Jose Kont*
Imagina el siguiente caso de un Fondo llamado A. El Fondo A invierte en la ronda pre semilla de una startup con un límite de valuación de 5M de dólares. La startup pasa por una famosa aceleradora de 3 meses. En esos 3 meses, la empresa no cambia de forma significativa: sigue en pre revenue sin pruebas claras de que el producto funcione en el mercado.
Después de la aceleradora, entran los primeros inversores Seed con un límite de valuación de 10 millones. La ronda se llena en un día, se sobresuscribe. Un nuevo fondo, interesado en asegurarse una parte, acepta entrar con un nuevo SAFE con un límite de 50 millones y un descuento del 50%.
Ese solo movimiento hace que, sobre el papel, la inversión del Fondo A parezca multiplicarse por diez. El inversor pre semilla está encantado: sus números se ven increíbles, su posición marca un 10x en cuestión de semanas. Pero si miras la realidad de la empresa, no ha pasado mayor cosa: sigue sin ingresos y sin pruebas de que el modelo sea sostenible. Lo único que cambió fue el precio que un nuevo inversor aceptó pagar, no la calidad del negocio.
Ahora imagina este otro ejemplo de otra firma llamada Fondo B. El Fondo B invierte también en la ronda pre semilla de una startup, también con un límite de capital de 5 millones de dólares. La diferencia es que esta empresa se lanza al mercado y empieza a generar ventas y ganancias casi de inmediato. Crece por varios meses hasta alcanzar 50 millones en ingresos al año, libera efectivo y opera con mucha salud financiera. Gracias a eso, nunca vuelve a recaudar capital: no necesita otra ronda.
El Fondo B mantiene su inversión con la valoración de los 5 millones iniciales, porque no hay nuevas rondas que “recalculen” la valoración desde afuera. En los informes, esta inversión no se ve tan espectacular: no hay saltos de 10x en poco tiempo, no hay aumentos repentinos de valoración impulsados por nuevos inversores. Sin embargo, la Startup del Fondo B ha demostrado mucho más en el mundo real: vende, gana dinero, genera caja y no depende de que el mercado de inversión siga abierto.
Estos dos casos son ejemplos extremos, pero ayudan a ilustrar historias muy reales de la industria. En teoría, si solo miras métricas financieras de papel, el Fondo A parece tener un rendimiento mejor que el Fondo B: mayor múltiplo aparente, mejor tasa de retorno interna, más probabilidades de presumir que está en el “cuartil superior” de la industria. La pregunta es: ¿qué parte de ese rendimiento es resiliente y qué parte depende de que otros inversores sigan convalidando esas valuaciones?
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También existe un tercer grupo de compañías que no encaja del todo ni en el Fondo A ni en el Fondo B: negocios sanos, con crecimiento fuerte, que deciden seguir levantando capital para acelerar aún más la expansión, entrar a nuevos mercados o capturar una gran oportunidad en poco tiempo. En estos casos, el hecho de que haya nuevas rondas a valuaciones más altas no es solo “ruido de mercado”; puede ser una forma razonable de financiar crecimiento y crear valor económico en el tiempo.
Ahí es donde la mirada del LP se vuelve clave. No se trata de oponer “rondas altas” contra “negocios rentables” como si fueran bandos irreconciliables, sino de entender de dónde viene el valor que se está reportando:
- ¿Las mejores marcas del portafolio de un fondo se apoyan principalmente en rondas sucesivas sin todavía encontrar un modelo probado?
- ¿O reflejan compañías que, aun levantando capital, muestran tracción, clientes, unit economics razonables y un camino verosímil a retornos realizados?
Para un LP que no vive el día a día del venture capital, la clave es simplificar la mirada. No hace falta dominar la jerga. Basta con preguntarse cosas muy sencillas como: ¿cuánto de lo que me muestran es dinero que ya regresó al bolsillo y cuánto es simplemente una estimación en función de la última ronda? ¿Las “mejores” inversiones del fondo son empresas que dependen por completo de la siguiente ronda para sostener su valuación, o empresas que, además de levantar capital, están construyendo clientes, ingresos y caja?
¿Qué pasaría si durante cinco años el mercado de inversión se congelara y nadie pudiera hacer nuevas rondas? En ese escenario ¿qué tipo de portafolio te resultaría más cómodo tener: uno que descansa sobretodo en startups con valuaciones altas sin todavía validar el modelo, u otro con más startups capaces de vivir de sus clientes, de generar caja y, eventualmente, de devolver dinero a los inversionistas? No hay una única respuesta correcta, pero es una pregunta que vale la pena hacerse.
Ser LP no es solo firmar un cheque y esperar resultados. Es elegir qué tipo de historias quieres ayudar a construir: empresas que viven solo de la siguiente ronda o compañías que, con el tiempo, pueden sostenerse y compartir sus frutos con todos los que las hicieron posible.
Cuando haces tus preguntas con calma y curiosidad, no solo cuidas tu capital: también construyes el futuro que todos queremos para Latinoamérica ayudando a que florezcan compañías que traerán empleo, innovación y riqueza compartida.
Sobre el autor:
Jose Kont es director ejecutivo de Cuántico y Venture Partner de Impacta VC.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.










