Por Jesús Luna*
Las empresas familiares son el corazón de la economía en muchos países, y México no es la excepción; sin embargo, su gestión y evolución presentan características muy particulares.
Una de las formas más efectivas para profesionalizar y fortalecer este tipo de negocios es a través de la institucionalización, es decir, mediante la creación de consejos, ya sean de administración o consultivos, que, además, pueden apoyarse en comités enfocados en funciones como innovación, inteligencia artificial (IA) o gestión de talento, por mencionar algunos ejemplos.
En este sentido, surge una pregunta clave: ¿qué valor aportan realmente estos consejos y órganos de gobierno? Si bien la institucionalización de una empresa familiar presenta desafíos, también abre la puerta a un amplio abanico de oportunidades para impulsar su crecimiento y asegurar la continuidad del legado.
Establecer un Consejo de Administración introduce un grado importante de profesionalización. En primer lugar, permite distinguir con claridad entre la esfera familiar y la del negocio, al definir quién toma las decisiones estratégicas y en qué ámbitos.
Entre los principales beneficios destaca la objetividad: la incorporación de consejeras y consejeros externos e independientes a la familia y al patrimonio brinda una visión imparcial, libre de conflictos personales. Ello agrega valor a la compañía mediante la identificación de riesgos estratégicos, la búsqueda de innovación y la capitalización de nuevas oportunidades.
Otra ventaja relevante es la transparencia en la rendición de cuentas. Presentar y justificar decisiones ante un grupo más amplio fomenta procesos de gestión más éticos y claros, lo que fortalece la confianza de todas las partes interesadas o stakeholders. Asimismo, se facilita la planeación a mediano y largo plazo, especialmente en un entorno donde la única constante es el cambio.
En síntesis, contar con un Consejo contribuye a garantizar la continuidad en los relevos generacionales, ya sean familiares o externos, un aspecto particularmente sensible para este tipo de empresas.
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Por otro lado, también existen desafíos. Uno de ellos es la posible resistencia al cambio por parte de fundadores o generaciones anteriores, quienes pueden percibir la formalización como una pérdida de control. Además, es fundamental que los integrantes del Consejo, familiares o externos, cuenten con la experiencia necesaria para aportar valor y se comprometan a dedicar el tiempo que sus funciones requieren.
Otro riesgo a considerar es que la dinámica familiar se traslade a este órgano de gobierno, generando tensiones emocionales que dificulten la toma de decisiones objetivas. Por ello, resulta aún más relevante separar adecuadamente los asuntos del negocio de los de la familia.
En consecuencia, implementar un Consejo de Administración requiere tiempo y recursos, lo que en ocasiones puede percibirse como un gasto y no como una inversión; no obstante, cuando está bien conformado, puede convertirse en un motor para abrir nuevos mercados, diversificar e innovar en productos y servicios.
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Adicionalmente, puede impulsar el desarrollo del talento, una prioridad creciente en todo tipo de organizaciones, al facilitar la identificación de líderes potenciales y la preparación de nuevas generaciones.
La formalización también genera confianza tanto dentro de la compañía (en el personal y la familia) como hacia el exterior, con clientes, proveedores, instituciones financieras e inversionistas. La estructura del Consejo ayuda a prevenir problemas comunes como luchas de poder, informalidades o dificultades en los procesos de sucesión.
En conclusión, los consejos en las empresas familiares son un mecanismo clave para profesionalizar la gestión, mantener la competitividad y garantizar la continuidad del negocio. Aunque su implementación conlleva retos, desde la selección de sus integrantes hasta la superación de paradigmas arraigados, los beneficios y oportunidades que ofrecen hacen que el esfuerzo valga la pena, convirtiéndose en una decisión estratégica para asegurar un legado sólido y sostenible.
Sobre el autor:
*Jesús Luna, Socio Líder de Private Enterprise de KPMG México.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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