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    En política, como en la alta cocina mexicana, el secreto está en los ingredientes y en la paciencia del fuego y temperatura de la mesa donde se sirven los acuerdos. Durante décadas, el Consejo Mexicano de Negocios ha operado bajo la lógica de un comedor privado: exclusivo, discreto y con linaje y relevancia sistémica.

    Marcela Briz Garizurieta, quien posee la doble virtud de entender el rigor de la academia y la liturgia del servicio en el emblemático restaurante El Cardenal, ha diseccionado este fenómeno en su libro “El Consejo Mexicano de Negocios: Surgimiento y consolidación”.

    La mística del CMN, tal como la plantea Briz, se fundamenta en una cohesión surgida en 1962 como respuesta ante lo percibido como avance del estatismo de Adolfo López Mateos, y que ahora, seis décadas después enfrenta al reto de sentarse a la mesa de una Presidenta —Claudia Sheinbaum— con una receta económica radicalmente distinta.

    Briz Garizurieta, apasionada de la historia y por tanto de toda memoria colectiva, identifica al Consejo como la creación de una infraestructura de confianza entre los capitanes de industria, que les permitió, durante el periodo neoliberal, ser prácticamente coautores de la política económica del país. “(Un grupo con) una especie de dualismo: por una parte, su vinculación estrecha pero discreta con el poder político, y por la otra, su interés por incidir en el sector empresarial y con él en la sociedad en su conjunto”.

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    Sin embargo, el menú ha cambiado. La llegada de la primera mujer a la presidencia y  la mejor representante del obradorismo junto con la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, significa un desafío para el grupo que hasta 2014 —con la inclusión de la primera mujer en su membresía— llevara en su nombre el sustantivo “hombres”.

    Si en el pasado la relación entre el CMN y el Ejecutivo era una simbiosis de élites, ahora hay una dialéctica pragmática. Sheinbaum, científica y técnica, entiende la estabilidad macroeconómica argumentada en la inversión. El Consejo no trata de imponer la carta, sino de adaptarse a la “prosperidad compartida”. La mística atraviesa una fase de metamorfosis necesaria.

    El análisis de Briz permite ver que el aparente bloque monolítico no es tal, por el contrario, representa un organismo vivo cuya relevancia económica es indiscutible: sus miembros representan una parte masiva del PIB y de la inversión extranjera directa. 

    Ahora, el diálogo se da en los términos de la eficiencia y la relocalización de cadenas de valor, que funciona como el ingrediente estrella que ambas partes desean aprovechar.

    El libro de Briz es una hoja de ruta para entender por qué el Consejo sigue siendo interlocutor inevitable con capacidad de ser socio estratégico en la transformación.

    Sobre el autor:

    Salvador Guerrero Chiprés es Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.

    X: @guerrerochipres

    www.c5.cdmx.gob.mx

    Twitter: @C5_CDMX

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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