Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*
El mundo organizacional suele monetizar todo hoy en día. Para algunos negocios, esa es la clave de la supervivencia. Un control claro de gastos, inversiones, maximizar recursos, inventarios, kpi’s, y un largo etcétera predomina en los objetivos estratégicos del mundo de las grandes empresas, por razones obvias, mayormente en aquellas que cotizan o dependen de fondos de inversión. Su naturaleza es clara; invertir para generar rendimientos.
Sin embargo, las organizaciones no son solo recursos materiales, en el fondo siempre estará la persona humana, incluso en la era de la Inteligencia Artificial. Hemos visto la migración nominal de las áreas que se encargan de las personas, pasamos del término Recursos Humanos al de Talento Humano, dejando en el camino el otrora moderno nombre de Capital Humano. Es decir, queremos dignificar a las personas dentro de las organizaciones con nombres que suenen muy importantes, pero aún no alcanzamos a reconocer en muchas ocasiones su verdadero valor.
Para la industria de la hospitalidad, la gente es clave, es parte de la armonía del negocio, son negocios en donde la rentabilidad es medida milimétricamente pero no es posible alcanzar sus objetivos sin el valor de las personas que integran la empresa. Ahora bien, ¿se les da el valor adecuado? ¿Cómo medimos bajo los mismos criterios de costo-beneficio a los colaboradores? Los análisis de evaluación 360, MBO’s, BARS, Power BI, y un muy largo etcétera, aunque nos aportan un marco de referencia, no siempre alcanzan a medir el verdadero valor de las personas ni su impacto para las organizaciones. Pretendemos que una herramienta técnica sustituya o justifique el resultado de una evaluación, es decir, ¡despersonalizar el proceso de evaluación de las personas! Lo que, por contradictorio que parezca, es hoy día lo más común.
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Así mismo, los términos familia, comunidad, socios, colaboradores, entre otros, son nuevamente, términos que se acuñan hoy para dar un sentido de pertenencia, pero en los momentos más difíciles y turbulentos, pierden su sentido cualitativo y de valor para centrarse solamente en el criterio cuantitativo y económico cuando se tienen que tomar decisiones difíciles o de bajas, para ajustes de sueldo o contrataciones por debajo del valor del puesto. ¿Así funcionan las familias? Me parecería que no; valor y monetización se convierten entonces en términos opuestos e irreconciliables. ¿Por qué? La respuesta podría estar en la dinámica misma de la empresa y la renuncia al componente humano en aras de una supuesta justicia dejada en manos de las herramientas técnicas.
Las micro y pequeñas empresas tienen en cambio una dinámica diferente, por ejemplo. Conservan en muchos casos su génesis humanista. Las personas son vistas como una parte esencial del desarrollo del negocio. Hay una interacción humana real y continua entre empresarios y colaboradores. Más allá de herramientas técnicas de valoración que permiten sólo conocer un aspecto del desarrollo de las personas, existe conocimiento de la persona, de sus luchas diarias, de sus preocupaciones y alegrías, de sus logros y fracasos, de su dinámica familiar. Valor y monetización si encuentran en estos casos puntos de reconciliación.
En el mundo de los restaurantes, el fracaso y los errores son parte de la normalidad. La cocina, como actividad dinámica y humana, está siempre en posibilidad de que algo salga mal o las condiciones cambien; se juzga entonces la capacidad de lidiar con los errores y seguir adelante. No hay un recuento técnico mensual de cuántas veces alguien se equivocó, el peso se pasa del lado de la resiliencia, la actitud, la creatividad y la inteligencia emocional; es decir, de lado de la persona humana y se evalúan personas por personas. Podríamos concluir diciendo que el valor está siempre en la persona humana y es inmutable y la monetización de su aporte no podría calcularse únicamente de forma técnica-mecánica pues es un valor dinámico sujeto a su propia humanidad.
Sobre el autor:
*Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA Director de Le Cordon Bleu – Anáhuac México
Correo: [email protected]
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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