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    Frente a un gobierno prudente en lo fiscal, cuidadoso de no endeudarse y con recursos propios para infraestructura, la inversión privada cobra un papel estratégico en lo económico y social, revelado en un empresariado comprometido con el desarrollo.

    Se trata de comprender que la estabilidad depende también del entorno: trabajadores con ingresos, mercados internos vigorosos, infraestructura pública sólida, gobernabilidad democrática y paz social.

    Los datos lo confirman. Entre enero y mayo, los ingresos tributarios crecieron 8.9 por ciento; el mayor crecimiento para un periodo similar desde 2016, de acuerdo con el SAT. El Impuesto Sobre la Renta —un indicador directo de la actividad económica y del cumplimiento fiscal del empresariado— creció 8.2 por ciento en términos reales anuales.

    La economía crece y la base fiscal también. Es el círculo virtuoso llamado “equilibrio entre crecimiento y recaudación”.

    A la par, el desempleo ha descendido a mínimos históricos. El INEGI reporta una reducción sostenida de la tasa de desocupación, particularmente en regiones donde la inversión privada ha ido de la mano con infraestructura pública: el Bajío, el sureste impulsado por el Tren Maya, el norte industrial que se beneficia de la relocalización de cadenas productivas.

    La economía mexicana, por su estructura y su historia, necesita más inversión. Pero debe ser inteligente, social y orientada al desarrollo. Carlos Slim lo dijo con claridad: el gobierno no puede invertir en todo, y por eso la participación de la iniciativa privada es fundamental. Y no basta con invertir por invertir: hay que hacerlo para crear bienestar.

    Esa visión coincide con las ideas del economista indio Amartya Sen —en 2021 Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales— sobre el desarrollo como libertad: no basta con aumentar el PIB, hay que ampliar las habilidades de las personas si las empresas invierten en innovación, formación, movilidad social.

    México tiene estabilidad macroeconómica, avances en infraestructura y una voluntad política de transformación. Pero todo eso será insuficiente si el capital privado no asume su responsabilidad como motor de bienestar. La riqueza sin compromiso no es desarrollo. Hay convergencia y acompañamiento entre gobierno y sector empresarial, como lo muestra la reunión de la Presidenta Claudia Sheinbaum con empresarios, entre ellos Slim y el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Francisco Cervantes.

    Slim plantea la inversión como ruta hacia el desarrollo, empleo y bienestar. Conecta al sector empresarial con una de las teorías económicas más sólidas del siglo XX: el capital humano, tan relevante como el gasto en maquinaria o infraestructura.

    Sobre el autor:

    Salvador Guerrero Chiprés es Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.

    X: @guerrerochipres

    www.c5.cdmx.gob.mx

    Twitter: @C5_CDMX

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