Por Pedro Rangel*
Un cielo completamente azul, sin una sola nube, me recibió en lo que algunos reconocen como el Cancún de China: la isla de Hainan. Camino al hotel, no pude más que asombrarme por la coexistencia entre lo más sofisticado y lo más elemental: vehículos autónomos de la policía deslizándose en silencio por las avenidas, y a dos metros, puestos de cocos frescos que se vendían por el equivalente a quince pesos mexicanos.
Pero Hainan no es únicamente un destino de playa para una clase media en expansión dentro de un país de más de 1,400 millones de habitantes; es también un laboratorio económico en tiempo real. Puerto de libre comercio en construcción, centro logístico emergente, plataforma de innovación regulatoria y sede de uno de los foros más influyentes del mundo: el Boao Forum for Asia.
Este foro, con frecuencia llamado el “Davos asiático”, fue fundado en 2001 y con el paso de los años se ha consolidado como uno de los principales espacios donde Asia piensa su lugar en el mundo.
En su edición de 2026, celebrada del 24 al 27 de marzo bajo el lema “Shaping a shared future: new dynamics, new opportunities, new cooperation”, el foro reunió a líderes empresariales, políticos, académicos y a una nueva generación de emprendedores que ya no miran a Occidente como referencia, sino como interlocutor.
Entre sus pasillos y auditorios, el foro se percibe como una conversación en múltiples niveles: oficial en sus plenarias, pero reveladora en sus márgenes.
En los comedores y en las sesiones paralelas, el lenguaje es otro. No se habla en abstracto de globalización, sino de cómo reconfigurarla frente a sus tensiones actuales. No se discute la innovación como aspiración, sino como infraestructura ya desplegada.
En una conferencia organizada por la Escuela de Negocios Guanghua, centrada en jóvenes fundadores de empresas y directivos, participaron emprendedores en sectores que van desde la digitalización de pequeñas y medianas empresas hasta el desarrollo de soluciones de inteligencia artificial para predicción climática, energías limpias y procesamiento masivo de datos. Había también representantes de manufactura avanzada, incluso de nichos tan específicos como la producción de esquís.
Lo que emergía no era solo diversidad sectorial, sino una coherencia generacional. Los empresarios nacidos después de 1990 no se conciben como actores locales que eventualmente se internacionalizan. Son, desde su origen, globales. Operan en múltiples geografías, levantan capital en distintos mercados y diseñan productos pensados para escalar más allá de China.
Pero junto a esa ambición hay una preocupación constante por la fragilidad del sistema. Varios coincidieron en la necesidad de reducir dependencias críticas en las cadenas de suministro y en algo más profundo que la eficiencia como criterio único: el deseo de estabilidad como condición operativa. Para esta generación, la volatilidad no es un concepto teórico, es un riesgo tangible que afecta financiamiento, expansión y supervivencia. La resiliencia no es una moda; se convierte en principio organizador de las cadenas globales.
La sesión fue moderada por el vicedecano de la Escuela de Negocios Guanghua, Ying Zhang y contó con la participación de la ex presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, quien compartió una reflexión reveladora: las reformas estructurales no se justifican en el corto plazo, pero definen la capacidad de respuesta ante las crisis. Recordó cómo una reforma fiscal impulsada durante su mandato permitió a Filipinas enfrentar la crisis financiera global de 2008 con mayor solidez que otras economías comparables. El argumento resonó en la sala porque describía exactamente lo que China lleva años haciendo: construir capacidades cuyo retorno no se mide en trimestres.
Fuera de las salas de conferencia, la escena urbana completaba la narrativa. Ahí, entre palmeras y avenidas impecables, se despliega una imagen que describe muy bien a la China contemporánea: infraestructura de vanguardia, movilidad eléctrica y una vocación estratégica definida desde el Estado.
En las calles, una corriente incesante de motocicletas eléctricas se deslizaba entre vehículos autónomos, restaurantes de alta gama y pequeños comercios. Y no me dejaban de sorprender los puestos de los cocos. Quince pesos por un coco, en medio de un ecosistema tecnológico de frontera. En mi paso por las calles, breve pero revelador, entendí que la coexistencia entre lo elemental y lo sofisticado no es una anomalía, sino una señal. Aquí no hay ruptura, sino superposición.
Y en ese equilibrio entre coco y algoritmo, entre tradición y vanguardia, el Boao Forum permite anticipar hacia dónde se mueven Asia y sus empresas, y con ello, las oportunidades de negocio que se abren en economías emergentes como México.
Sobre el autor:
*Pedro Rangel. Regulación y negocios México–China. EMBA PKU Guanghua–Kellogg | Harvard MPP
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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