Por Bruno Martínez*
No es una disrupción menor: el conflicto en el estrecho de Ormuz, prevé sacudir la economía global. Por esta vía transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo, lo que convierte cualquier alteración en un factor de alto impacto para múltiples industrias.
Las consecuencias no se limitan al crudo. Productos derivados como aditivos, plásticos, resinas y otros insumos químicos (clave para la manufactura) podrían enfrentar aumentos de precio y retrasos en sus cadenas de suministro, presionando tanto los costos como los tiempos de producción a escala global.
Pero el impacto no se detiene ahí. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, la disrupción también alcanza a materias primas estratégicas como el azufre y el grafito (clave en la fabricación de baterías), así como al aluminio y el hierro, insumos con aplicaciones transversales en prácticamente toda la industria manufacturera.
Si bien la situación ha ido evolucionando con la momentánea apertura el 17 de abril de este punto estratégico, la historia nos demuestra que las organizaciones deben prepararse para minimizar los retos que implica ésta y futuras disrupciones.
La incertidumbre es la única constante
Tu empresa debería estar preparada para responder ante escenarios de disrupción en la economía global. Desde 2020, con la pandemia de Covid-19, tanto la industria manufacturera como otros sectores han enfrentado interrupciones constantes en sus cadenas de suministro, evidenciando la necesidad de construir operaciones más resilientes y flexibles.
Desde entonces, la incertidumbre ha dejado de ser la excepción para convertirse en la regla. Basta recordar cómo, cuando el comercio internacional comenzaba a estabilizarse, estalló la guerra entre Rusia y Ucrania. Este conflicto obligó a rediseñar el abastecimiento de recursos clave (especialmente energéticos) y aceleró una tendencia que hoy define la estrategia empresarial: la creciente prioridad de proveedores regionales sobre los globales.
El mensaje es claro: las organizaciones (sobre todo aquellas que dependen de insumos críticos, como la manufactura y la industria automotriz) deben estar preparadas para gestionar productos, proveedores, inventarios y clientes con mayor agilidad.
Lograrlo implica evolucionar hacia cadenas de suministro trazables, resilientes y con una alta capacidad de anticipación, capaces de responder en tiempo real a cambios cada vez más frecuentes en el entorno global.
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La pregunta es: ¿cómo alcanzar este nivel de madurez operativa?
El primer paso es lograr una verdadera alineación a nivel directivo que permita identificar los principales impactos de la disrupción en los insumos críticos y, a partir de ahí, definir prioridades claras para gestionar sus efectos en toda la organización.
Con frecuencia, la alta dirección permanece absorbida por la operación diaria, dejando de lado una de sus funciones clave: interpretar el entorno. Esto implica entender qué está ocurriendo a nivel global, evaluar sus efectos en distintos mercados, anticipar su impacto en México (o en el país y región donde se opere) y traducirlo en decisiones concretas para la organización, tanto en el corto, mediano y largo plazo (2 a 5 años).
Una vez que se entiende cómo se verán afectados los insumos críticos (y cuáles representan un mayor nivel de riesgo), el siguiente paso es identificar, dentro del portafolio de productos, aquellos más expuestos en términos de volumen, tiempos de entrega y variaciones de precio.
En esta etapa, la gestión del portafolio y la administración de proveedores convergen. La definición de la mezcla de productos debe estar estrechamente vinculada a una evaluación en tiempo real de los proveedores, ya que la disrupción puede alterar, de un día a otro, la disponibilidad de órdenes (actuales y planeadas), la capacidad logística y las condiciones de precio.
Al mismo tiempo, la planeación financiera debe integrarse como un eje central en la toma de decisiones. No basta con priorizar productos por volumen o tiempos de entrega; también es fundamental asegurar su rentabilidad. De lo contrario, la empresa puede mantener altos niveles de servicio o incluso cumplir con las expectativas del cliente, pero a costa de comprometer su desempeño financiero.
Para habilitar este nivel de seguimiento y planeación integral, es clave apoyarse en soluciones digitales que conecten los distintos eslabones de la cadena de suministro. Esto permite mayor trazabilidad, control y capacidad de ajuste (tanto automatizado como estratégico) en la gestión de la información. No obstante, es importante reconocer que no todos los procesos deben automatizarse: algunos pueden delegarse o incluso tercerizarse. La clave está en identificar aquellos procesos críticos que, de no automatizarse, terminan generando mayores costos y fricciones para la organización.
Como reflexión final: cuando el impacto de las materias primas se manifiesta en tiempo real, depender de análisis manuales de datos (de proveedores, inventarios y clientes) no solo ralentiza la toma de decisiones, sino que vuelve insostenible la operación y compromete la rentabilidad del negocio.
*Sobre el autor:
Consultor profesional en estrategia, operaciones y cadena de suministro, con más de 9 años de experiencia en proyectos de mejora en retail, manufactura, moda e industria automotriz. Ha trabajado principalmente con equipos directivos y gerenciales en organizaciones multinacionales, participando en proyectos con impacto directo en indicadores de desempeño operativo. Actualmente se desempeña como líder de desarrollo de negocios a nivel internacional, colaborando con organizaciones en la adopción de soluciones para mejorar su desempeño operativo y reducir costos de calidad. Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la postura de las organizaciones con las que colabora.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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