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    La Oficina Nacional Antidrogas de EE. UU. presentó el 4 de mayo de 2026 la Estrategia Nacional Antidrogas (ENA) 2026, impulsada por el presidente Donald Trump. Si algún consenso suscita el documento es la ruptura que supone con respecto al enfoque hasta entonces elegido por parte de las administraciones norteamericanas anteriores, al menos en la narrativa pública, al pasar abiertamente a una doctrina hemisférica militarizada y punitiva.

    Más que declarativo, el documento es una hoja de ruta de Donald Trump para desarticular el eje progresista Brazil-Colombia-México, hoy único bloque real de resistencia soberanista, política y económica en la región de América Latina, ante los embates intervencionistas de la Casa Blanca.

    La lucha contra las drogas es la bandera detrás de la cual se justifica las medidas de inteligencia y fiscalización, además de las sanciones y persecuciones en contra de Colombia, China, México, India y Canadá. Lo anterior no es una especulación ni una teoría de conspiración, sino la reinterpretación de la Doctrina Monroe a los ojos de Donald Trump: la Doctrina “Donroe”.

    Este guion no es nuevo, lo hemos visto desde la segunda mitad del siglo pasado con el uso de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) por parte del gobierno estadounidense para mantener el control político, energético y económico sobre América Latina. Como ejemplo, destaca la Operación Cóndor (1975), que fue una red de coordinación entre dictaduras sudamericanas (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil) que compartieron inteligencia y ejecutaron operaciones contra opositores políticos. 

    Si ayer la justificación fue la defensa para restaurar la democracia, hoy la narrativa se cimbra en el combate contra el narcotráfico. La nueva Guerra Fría bajo la lógica de Trump equipara a la guerra contra las drogas con el terrorismo y al fentalino con armas de destrucción masiva. 

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    Desde esta perspectiva, el nuevo enemigo a vencer ya no es la izquierda radical sino el narcotráfico, el cual, desde el relato de Washington, ha permeado las estructuras políticas del gobierno mexicano. Y si bien, casos como la Operación Enjambre realizada en varias entidades federativas, está teniendo efectos visibles contra la colusión del poder político y el crimen organizado, la presión desde el gobierno de Estados Unidos ha tenido un viraje sustancial luego del fallecimiento de dos elementos de la CIA, el 19 de abril, según explicaciones oficiales en un accidente automovilístico, en el estado de Chihuahua.

    Es difícil no vincular este hecho con la versión recientemente difundida por la Cable News Network (CNN) sobre la supuesta intervención de la CIA en la explosión de la camioneta en el que viajaban integrantes del Cártel de Sinaloa, entre ellos Francisco Beltrán, alias “El Payín”, a pocos minutos de que saliera del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) en el municipio de Tecámac, en el Estado de México.

    Omar García Harfuch fue categórico en rechazar la publicación; de igual manera, Liz Lyons, vocera de la CIA, rechazó de manera firme la información calificándola de falsa, sensacionalista y parte de campaña de relaciones públicas para los cárteles” que pone en riesgo vidas estadounidenses.

    Lo que queda claro con los recientes acontecimientos, es la amplificación de la retórica que Trump ha sembrado desde hace tiempo centrada en señalar la insuficiencia de las acciones por parte del gobierno mexicano en contra del narcotráfico y, por lo tanto, la legitimidad de sus acciones unilaterales ante lo que considera amenazas a la seguridad nacional de su país. 

    A menos de seis meses de que en Estados Unidos se celebren las elecciones de medio mandato, una postura cada vez agresiva por parte de Trump hacia México no sorprende. Para la presidenta Sheinbaum, el desafío sigue siendo evitar que la cooperación bilateral derive en subordinación que erosione nuestra soberanía nacional.

    Sobre la autora:

    Palmira Tapia es Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Oxford y Licenciada en Ciencia Políticas y Relaciones Internacionales, por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

    Twitter: @palmiratapia

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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