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    Muchas organizaciones han sido manejadas desde siempre por una cultura del miedo y cambiar ese enfoque no es sencillo y toma años.

    Quien está al frente de una organización tiene la enorme responsabilidad de alcanzar los objetivos planteados y puede hacerlo de distintas maneras. Hay quienes optan por vigilar, corregir y reprimir mediante un control excesivo que elimina la seguridad psicológica; es decir, desde lo que se llama un liderazgo tóxico.

    Según Gallup, el 75 por ciento de las personas que renuncian a su trabajo no lo hacen por el sueldo ni por las actividades que desempeñan, sino por la relación con su jefe inmediato.

    Esto indica que muchas empresas pierden talento por sus estilos de liderazgo. No es un problema menor: las organizaciones Internacional del Trabajo (OIT) y la Mundial de la Salud (OMS) advierten que los ambientes laborales hostiles incrementan los riesgos para la salud física y mental.

    En realidad, la presión constante y los modelos autoritarios no son motores de productividad. Eso es un mito.

    Las investigaciones de Amy Edmondson, de la Universidad de Harvard, demuestran que las organizaciones que fomentan la confianza entre sus integrantes obtienen mejores resultados porque las personas pueden expresar ideas, equivocarse y aprender sin temor a represalias, lo que hoy conocemos como seguridad psicológica.

    Diversos estudios señalan que una cultura de alta confianza y seguridad psicológica puede incrementar significativamente la productividad. Pero sus beneficios impactan en algo mucho más valioso que en los indicadores financieros: también mejoran la calidad de vida de las familias, porque las personas regresan a casa inspiradas y no agotadas; emocionalmente más sanas y con una mayor disposición para participar en su comunidad y en su vida personal.

    Ese es precisamente el fundamento del liderazgo con propósito. Significa inspirar, en lugar de imponer; formar, en lugar de controlar, y construir confianza, en lugar de sembrar miedo. El bienestar de las personas y el desempeño de las organizaciones pueden crecer al mismo tiempo.

    Pero no es una tarea sencilla el pasar de una cultura del miedo a una cultura del bienestar. Especialistas en psicología organizacional sugieren que puede tomar entre cinco y diez años de trabajo continuo.

    Me permito recordar que este mes cumple 10 años la Maestría en Liderazgo Positivo del Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio, un espacio académico dedicado a formar profesionales capaces de transformar la manera en que se dirigen las organizaciones. A través del conocimiento científico y el trabajo de los egresados hemos corroborado que el cambio es posible. Es uno de los espacios abiertos en el país para provocar ese cambio.

    Hoy existen herramientas probadas para poder desmontar estructuras tóxicas y construir entornos laborales saludables, porque también debemos recordar que el liderazgo no es un rasgo con el que se nace, más bien se aprende, se entrena y se profesionaliza.

    No se trata de solo alcanzar metas, sino de dejar una huella positiva en quienes hacen posible esos resultados. Eso es ser un líder con propósito.

    A su paso deja una forma de ver los problemas, resolverlos, actuar, una nueva cultura que va de la mano de la productividad.

    Sobre la autora:

    *Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio.

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