Es en esta última área en la que -gracias a diversas investigaciones- se han detectado algunas consecuencias (mayoritariamente negativas) de su uso incontrolado y que ya están afectando a segmentos de la población para quienes las RRSS representan un riesgo para su salud y estabilidad emocional.
Con base en encuestas, análisis de grupos, reportes clínicos, estadísticas, estudios y complejos modelos de indagatorias sociales; en los que participan universidades, instituciones de salud, especialistas y ahora también legisladores, fundaciones y organizaciones sociales; a nivel mundial los hallazgos más recientes dibujan un cuadro intrigante y hasta cierto punto alarmante. Aquí algunas puntualizaciones:
- Afectaciones conductuales. “Vivir” y “existir” para las redes sociales es cada vez mas la “realidad” de millones de usuarios. Familia, formación, educación, rutinas, costumbres, amigos, relaciones sociales, trabajo, recreación, aprendizaje, prácticamente se construyen en una “burbuja” digital que se impone sobre el contexto objetivo. Consecuentemente, personalidad, carácter, hábitos, conductas, modelos y/o roles se construyen e imponen sobre otra perspectiva.
El fenómeno es descrito como la desaparición del ser autentico para ser sustituido por un “personaje”, “imitación y/o avatar” virtual que desconoce, elude y renuncia a todo lo que llego a ser su “vida real”.
Lo anterior se manifiesta numéricamente en un aumento exponencial de padecimientos como traumas, complejos, adicciones, trastornos de personalidad, ansiedad, depresión, stress y distorsiones conductuales entre los usuarios.
- Los números fríos. El tiempo destinado a la “vida digital” se ha triplicado -en promedio- global- en los últimos cinco años. Casos extremos señalan hasta 17-20 horas al día, con un consumo adictivo, obsesivo, excesivo, absurdo y conflictivo.
Prácticamente, 23% (casi 1 de cada 4) de los usuarios se declara adict@ a las RRSS y no puede pasar siquiera 1 hora sin consultarlas, revisarlas, visualizar, publicar o repetir algo “cualquier cosa” solo por el hecho de sentirse “vivo, presente, activo”
“Éxito, fracaso, afectividad, estima, reconocimiento, valor” pasan ahora por esa validación virtual. Dedos arriba, emojis, reacciones, contactos, visualizaciones, reenvíos son la medida de una existencia “sana, estable, saludable, confirmada, certificada”.
Tales manifestaciones se presentan con mucho mayor frecuencia entre jóvenes y adolescentes para quienes no hay otra referencia mas que esta esfera digitalizada, ¿Qué dicen las cifras? Menos tiempo de convivencia (-40%), mayor aislamiento (+35%), conductas orientadas a seguir cautivos de esas RRSS (+25%).
Cada vez menos se dedica a deportes, artes, estudios complementarios, formación (-33%) o siquiera un cuidado integral de su alimentación y salud. Peor aún son los propios “progenitores” los que estimulan esta sobre carga al traspasar a los gadgets (teléfonos, tabletas y/o computadoras) el rol que les correspondería – muchas veces también para no distraerse de su propia “existencia digital” (+22%).
Uno de cada 3 (31%) no sabe destinar tiempo de calidad a nada. Comen, van a cine, pasean, conviven, trabajan, se transportan, se “divierten”, acuden a un concierto o espectáculo, están en una fiesta o reunión “sumid@s” en su celular. Sus “recuerdos” son superfluos, parciales y opacados si es que no fueron publicados.
También lee: Meta zanja demanda por adicción juvenil
- Secuela y efectos. Los desórdenes psicológicos son abiertamente expresados por un aumento de consultas, ingresos y casos de violencia, hostigamiento, agresiones, depresión, ansiedad y su contraparte física, dolores, enfermedades tempranas y mala nutrición entre otras.
Problemas de sueño, obsesiones, manías, impotencia, alta conflictividad, son parte de la vida cotidiana de quienes los padecen. Dolores de todo tipo, cansancio, agotamiento, desanimo, relaciones personales quebradas, la lista continua y crece.
Grave resulta que se ponga énfasis en el caso de niñ@s (particularmente los menores de 5 años) que al tener una sobreexposición sufren de una merma o perdida de facultades clave como su capacidad de concentración, discernimiento, resumen, visión, lectura, postura, motricidad y audición.
Los resultados ya forman parte de las prioridades de los organismos internacionales de salud y en diversas latitudes se han presentado iniciativas para prohibir incluso su uso, regular o al menos incidir en que tales comportamientos sean controlados mediante una intervención decisiva de la sociedad y el estado.
Deserción laboral, falta de productividad, ausentismo, accidentes por distracciones, crisis nerviosas, un ambiente de trabajo hostil también aparecen en la lista de no deseables. Hasta los sobrecostos que las empresas deben asumir por el aumento exponencial en el consumo de energía y datos personales.
Divorcios, separaciones, demandas donde las RRSS están entre las causas esgrimidas también al alza (18%). Ser maestro es ya considerado un riesgo potencial en ciertos niveles educativos (secundarias y preparatorias) y el nivel de presión “digital” sigue en aumento. La conclusión es simple nada en exceso, todo en la medida de una utilidad controlada, significativa, rentable, útil, saludable. Factores que desafortunadamente también han sido traslapados o ignorados.
¿Centros de rehabilitación? En efecto ya existen, campos de entrenamiento, disciplina o simplemente descanso de la vida digital. Jóvenes y adultos recuperad@s que se reencuentran con su cuerpo, sus músculos, su verdadero “yo” que son ayudados e incentivados a recuperar sus creencias (administrar la tendencia) no sucumbir a la tentación y “renacer, reconstruirse, reintegrarse”. Retornados al mundo terrenal después de una mala experiencia digital.
Sobre el autor:
Correo: [email protected]
Twitter: @CapitolCComm
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.










