La reciente presentación de un nuevo desarrollo bajo el nombre de Bosque Real en el predio del histórico club de golf Pok Ta Pok no es una sorpresa, pero sí un grave atropello a la memoria urbana, al medio ambiente y a la comunidad de Cancún.
No se trata solo de un proyecto inmobiliario y comercial, sino de la insistencia del refrito de un modelo depredador que la sociedad cancunense ya rechazó contundentemente desde 2004. Reabrir este expediente no solo desafía la lógica del planeamiento urbano básico, sino que evidencia una preocupante ceguera, o una alarmante complacencia por parte de las autoridades locales respecto al bienestar de la Zona Hotelera y sus habitantes.
Desde la creación del Plan Maestro de Fonatur en 1974 y la expedición del primer programa director de Desarrollo Urbano de Cancún en 1985 y sus consiguientes actualizaciones, se contempló la protección del pulmón verde y la totalidad de los manglares del sistema lagunar. La intención de este segundo intento es construir en los terrenos del club de golf, entre otras edificaciones, una enorme cantidad de espacios comerciales y de vivienda. Lo que, como se demostró técnicamente en el pasado, conduciría al colapso de los servicios y la vialidad.
La Zona Hotelera de Cancún no cuenta con la infraestructura ni el margen operativo para soportar una densificación de esta magnitud, que provocaría un efecto embudo en el Bulevar Kukulcán. La única arteria vial del sector opera actualmente al límite de su capacidad en horas pico. Agregar miles de desplazamientos diarios derivados de un complejo residencial masivo significará el colapso definitivo del tránsito, afectando no solo a los residentes, sino a los trabajadores turísticos y a la logística de toda la industria hotelera.
Los servicios están al límite, el drenaje sanitario, la red de alcantarillado y el suministro de agua potable en la zona continental han mostrado deficiencias históricas. Sobrecargar las líneas de drenaje existentes implica un riesgo altísimo de vertidos de aguas negras hacia el sistema lagunar Nichupté. Estamos hablando de un impacto ambiental irreversible en la laguna, ya que el antiguo campo de golf Pok Ta Pok actúa como un pulmón verde y un área amortiguadora fundamental para el ecosistema lagunar.
La pavimentación y la edificación masiva eliminan la capacidad natural de absorción del suelo, aumentando la presencia de contaminantes hacia el sistema lagunar Nichupté-Bojórquez, cuerpo de agua que ya enfrenta serios problemas de eutrofización y falta de circulación. Sería una enorme presión para la biodiversidad local: La destrucción de áreas arboladas y la alteración de los márgenes lagunares desplazan a la fauna nativa, que utilizan este espacio como refugio ante la vorágine del desarrollo colindante.
La comunidad que reside en Pok Ta Pok y zonas aledañas lleva más de dos décadas defendiendo el uso de suelo original de este predio. En 2004, la fuerza comunitaria y la evidencia técnica demostraron que la reconversión de este espacio era inviable. Pretender que las condiciones de infraestructura o de resistencia ecosistémica han cambiado veinte años después es una falacia insostenible; la Zona Hotelera está sustancialmente más saturada hoy que en 2004.
Querer cambiar el uso de suelo de equipamiento y el espacio verde a residencial de alta densidad, desvirtúa los instrumentos de planeación urbana que le dieron certidumbre al destino turístico más importante del país. Es una violación al espíritu del Programa de Desarrollo Urbano. Resulta inevitable cuestionar cómo un proyecto rechazado técnica y socialmente logra revivir con un cambio de nombre y una fachada renovada. El intento de impulsarlo nuevamente levanta serias sospechas de colusión entre promotores inmobiliarios y autoridades locales.
Como sucedió anteriormente, lo que se observa es cómo el peso económico pretende estar por encima del bien común: la insistencia en aprobar la obra insinúa la primacía de compromisos de cabildeo e intereses de capital, por encima del mandato constitucional de garantizar un medio ambiente sano para la ciudadanía. El proyecto Bosque Real en Pok Ta Pok representa todo lo que no debe hacerse en materia de gestión urbana en el Caribe mexicano, esa zona de Cancún no necesita más torres de lujo ni mayor presión sobre su maltrecha infraestructura. Necesita la preservación estricta de sus pocos espacios verdes y la restauración de sus cuerpos de agua.
Habrá que ver cuál será la postura de los tres niveles de gobierno, ante una exigencia común de transparencia absoluta, el freno inmediato a cualquier trámite de cambio de uso de suelo o licencia de construcción, y el respeto irrestricto al precedente sentado por la comunidad.
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