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    La historia del café en 2026 va mucho más allá de los precios. Es la historia de productores que enfrentan los efectos del cambio climático, de empresas que lidian con mayores costos, de inversionistas atentos a la evolución de un mercado cada vez más volátil y de consumidores que ven cómo los desafíos globales se reflejan en algo tan cotidiano como una taza de café.

    A las cinco de la mañana, cuando la mayoría de las ciudades apenas despierta, João ya lleva varias horas trabajando en su pequeña parcela cafetalera en Minas Gerais, Brasil. Como lo han hecho su padre y su abuelo durante décadas, recorre las hileras de cafetos seleccionando cuidadosamente cada cereza madura.

    A miles de kilómetros de distancia, una ejecutiva compra un capuchino antes de entrar a una junta. Un estudiante pide un latte camino a la universidad. Una familia prepara la primera cafetera del día. Para ellos, el café es una rutina. Para João, es su forma de vida.

    Durante años, ambos mundos parecían desconectados. Pero hoy están más unidos que nunca.

    La razón es sencilla: la taza de café que hace apenas unos años costaba entre 40 y 45 pesos en muchas cafeterías mexicanas, hoy puede superar los 60 o incluso 70 pesos, dependiendo de la ubicación y el tipo de establecimiento. Detrás de ese incremento no hay una sola explicación. Hay sequías en Brasil, calor extremo en Vietnam, costos logísticos más elevados, tensiones geopolíticas y una creciente incertidumbre sobre el futuro de uno de los productos agrícolas más importantes del mundo.

    El aumento de precios no ocurrió de la noche a la mañana. Durante los últimos años, los principales países productores enfrentaron condiciones climáticas adversas que redujeron la oferta mundial. Brasil y Vietnam, responsables de una parte significativa de la producción global, registraron sequías, temperaturas récord y alteraciones en los ciclos de lluvia que afectaron el rendimiento de los cultivos.

    La presión fue tal que, según Intercontinental Exchange (ICE), una de las mayores bolsas de mercados financieros y de materias primas del mundo, en febrero de 2025, los futuros del café arábica en Nueva York alcanzaron máximos históricos superiores a 4.31 dólares por libra, impulsados por preocupaciones sobre la disponibilidad futura del grano y compras de cobertura por parte de inversionistas.

    Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) también advirtió que el café es uno de los cultivos agrícolas más vulnerables al cambio climático y que los efectos de fenómenos meteorológicos extremos ya están impactando la producción mundial.

    Para muchos consumidores, el cambio climático suele parecer un concepto lejano. Sin embargo, pocas industrias muestran sus efectos de manera tan tangible como la cafetalera. Un análisis publicado por The Guardian en 2026 señala que Brasil registra actualmente alrededor de 70 días adicionales de calor extremo al año en comparación con décadas anteriores. Estas temperaturas generan estrés en las plantas, afectan la floración y reducen la productividad de los cultivos. Los especialistas citados por el medio estiman que desde 2021 la producción mundial no ha logrado satisfacer plenamente la demanda global, lo que ha contribuido a una reducción de inventarios y a una presión constante sobre los precios.

    La situación es especialmente relevante porque el café es consumido diariamente por más de dos mil millones de personas en el mundo, de acuerdo con estimaciones de la industria.

    La geopolítica también influye en el precio de una taza

    Aunque el clima ha sido el principal detonante, no es el único factor. La Organización Internacional del Café (ICO) informó que el precio indicativo compuesto del café promedió 266.24 centavos de dólar por libra en abril de 2026. Aunque representó una disminución mensual de 2.7%, continúa en niveles históricamente elevados. La ICO también señaló que las tensiones geopolíticas recientes, incluido el impacto en rutas marítimas estratégicas y el aumento de los costos energéticos, han contribuido a encarecer el transporte y la distribución del grano a nivel mundial.

    No obstante, después de varios años de incertidumbre, 2026 comienza a ofrecer señales más alentadoras, ya que una encuesta realizada por Coffee Trading Academy entre 758 productores brasileños proyecta que la cosecha 2026/27 crecerá 11.5% respecto al ciclo anterior, alcanzando un récord de 71.4 millones de sacos de 60 kilogramos.

    De acuerdo con el estudio, la producción de arábica alcanzaría 47.9 millones de sacos, un aumento de 13.5% anual, mientras que la producción de robusta crecería 7.6% para ubicarse en 23.5 millones de sacos. El reporte también destaca que el área cultivada aumentó 2.97% y que 63.5% de los productores atribuyeron las mejores perspectivas a lluvias favorables registradas fuera de temporada.

    Hacia mediados de 2026, el precio internacional del café ronda los tres dólares por libra en el mercado de futuros —el contrato Coffee C en Nueva York—; el indicador de referencia del arábica promedió 317.53 centavos de dólar por libra en mayo de 2026, último dato disponible, según el Fondo Monetario Internacional. A pesar de haber cedido desde los picos históricos de 2025, los precios al consumidor final siguen siendo elevados debido a la presión logística y a la inflación sostenida en alimentos.

    La región frente a un mismo precio

    El mismo salto de precios que empujó hacia arriba la taza mexicana se leyó de maneras opuestas a lo largo de la región, según cada país mirara el café desde la finca o desde el mostrador. En los mercados productores el récord internacional se tradujo en divisas récord aunque la cosecha se mantuviera plana o retrocediera; en los que consumen más de lo que cultivan, el encarecimiento llegó directo al consumidor.

    Colombia ofrece el caso más nítido de esa aritmética. De acuerdo con la Federación Nacional de Cafeteros, el país cerró el año calendario 2025 con 13.67 millones de sacos de 60 kilos, un 2% menos que en 2024, mientras las exportaciones crecieron 7% hasta 13.1 millones de sacos.

    El consumo interno se afirmó en 2.27 millones de sacos y ratificó el apego del colombiano a su propio grano, aunque la Federación ya prevé un año cafetero 2025/26 más corto, en torno a los 12 millones de sacos, por el impacto de las lluvias sobre la floración.

    En Perú el mismo mecanismo dejó su marca más clara en la balanza. Las exportaciones marcaron un récord histórico y superaron los 1,842 millones de dólares en 2025, de acuerdo con la Sunat, en un salto que se explicó por los altos precios internacionales más que por el volumen embarcado, que se mantuvo prácticamente estable.

    Noveno exportador mundial y sostenido en un 85% por pequeños productores de entre una y cinco hectáreas, según la Junta Nacional del Café, el país capturó la bonanza en el ingreso exportador, mientras su consumo interno, todavía modesto, trepaba a 1.6 kilos por habitante al año.

    En Centroamérica el patrón se repitió, encabezado por Guatemala. La Asociación Nacional del Café calculó en el ciclo 2024-2025 exportaciones por 3.73 millones de quintales de café oro que rindieron 1,285 millones de dólares, un ingreso histórico pese a un volumen algo menor, impulsado por los precios internacionales.

    Nicaragua sumó 918 millones de dólares en café durante 2025, un alza de 75%, de acuerdo con su Banco Central, aunque el grano cedió el primer lugar exportador ante el empuje del oro. 

    Costa Rica mostró el reverso de la misma bonanza: con precios de venta de 339.63 dólares por quintal en la cosecha 2025-2026 —el punto más alto de las últimas cinco—, la fuerte apreciación del colón terminó por erosionar el precio de liquidación al productor, según el Instituto del Café.

    México quedó en un punto intermedio, con un pie en cada orilla. El Banco de México registró en los primeros siete meses de 2025 exportaciones de café por 874 millones de dólares, un alza de 125% interanual que respondió al precio y no al volumen, pues en Chiapas —que aporta el 41% de la producción nacional, según el SIAP— la cosecha apenas creció 0.03% en el año.

    Con cerca del 2.4% de la producción mundial, de acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el país se sostiene como un productor de peso medio, atrapado entre una exportación que rinde récords en dólares y un grano que, en la finca, apenas se movió.

    En el otro extremo, República Dominicana encarna al país que bebe más de lo que cosecha. Buena parte del café que se consume en la isla llega de afuera, de modo que el repunte de precios encareció por igual la taza local y la factura de importación que abastece a la industria.

    Sus exportaciones, con todo, crecieron: totalizaron 54 millones de dólares en 2025, un 31% más que el año anterior, con Puerto Rico como destino de las tres cuartas partes del envío, según el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes.

    Por su parte, Chile, lleva esa condición al extremo: no cosecha café y lo importa casi en su totalidad, de manera que el alza internacional se traslada sin amortiguación a la taza. Su principal proveedor es Brasil, y el apetito local quedó a la vista en 2025, cuando los envíos brasileños de café verde a Chile crecieron 151% en el primer semestre y los de tostado, 132%, de acuerdo con el Ministerio de Comercio de ese país.

    La próxima vez que el precio de tu bebida favorita aumente algunos pesos, vale la pena recordar que detrás de cada sorbo existe una cadena global que conecta clima, economía, geopolítica y millones de personas cuya vida depende, literalmente, de cada grano cosechado.

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