Enlaces rápidos

    Por: Jaume Sués*

    Durante los últimos seis años, el Informe de Madurez Digital (IMD) ha seguido la evolución de la transformación digital de las empresas en México. Los resultados de la edición 2026 dejan un mensaje claro: las organizaciones avanzan al ritmo más acelerado desde que comenzó la medición, pero la brecha hacia una verdadera madurez digital sigue siendo considerable.

    El IMD 2026, elaborado por Needed Education, KIO IT Services, EY, American Chamber México y Fleet, sitúa la madurez digital promedio en 47%, seis puntos porcentuales por encima del año anterior y el mayor crecimiento registrado desde la creación del estudio. Sin embargo, este avance aún deja una distancia de 22 puntos respecto al nivel considerado óptimo para el mercado.

    Hoy las organizaciones disponen de más capacidades tecnológicas que nunca. La inteligencia artificial, la automatización y la analítica avanzada han dejado de ser tecnologías emergentes para formar parte de la agenda cotidiana de la alta dirección. Sin embargo, los resultados del estudio sugieren que la disponibilidad de tecnología ya no explica por sí sola las diferencias entre las organizaciones más maduras y las que continúan rezagadas.

    La mayor diferencia reside en las capacidades organizacionales necesarias para transformar la tecnología en resultados sostenibles. El estudio muestra avances importantes en diversas dimensiones de la madurez digital, pero también evidencia que algunas capacidades siguen representando retos relevantes. Mientras el ecosistema digital alcanza un 50% y marketing y ventas un 49%, la dimensión de centricidad en los datos permanece en 38%, a pesar de haber registrado uno de los mayores avances del año. Este contraste refleja que muchas organizaciones aceleran la adopción de nuevas herramientas antes de consolidar los fundamentos de datos y gobierno que permiten escalarlas.

    Las entrevistas realizadas a líderes empresariales también identifican patrones comunes entre las organizaciones con mayor nivel de madurez. No destacan necesariamente por utilizar más herramientas tecnológicas, sino por contar con una visión estratégica compartida, invertir de forma sostenida en capacidades de datos, priorizar casos de uso con impacto en el negocio, establecer mecanismos claros de gobierno e involucrar activamente a la alta dirección en la transformación.

    Te interesa: El reto de la adopción tecnológica está en la ciberseguridad: INTERprotección

    Quizá uno de los conceptos más ilustrativos que emerge del IMD 2026 es el denominado “purgatorio de los pilotos”. Muchas organizaciones experimentan con inteligencia artificial, desarrollan pruebas de concepto y generan aprendizajes valiosos, pero encuentran dificultades para convertir esos proyectos en capacidades empresariales escalables. El reto deja de ser demostrar que la tecnología funciona; pasa a ser construir las condiciones organizacionales para desplegarla de forma consistente, segura y con impacto en toda la empresa.

    Este cambio de enfoque representa probablemente la principal evolución observada respecto a años anteriores. La conversación ya no gira en torno a si conviene adoptar inteligencia artificial, sino a cómo convertirla en una capacidad empresarial que genere valor de forma repetible. La diferencia entre las organizaciones más avanzadas y el resto ya no está en experimentar más rápido, sino en escalar mejor.

    En este contexto, la madurez digital deja de ser un indicador tecnológico para convertirse en una medida de la capacidad de gestión de una organización. Implica alinear estrategia, liderazgo, talento, datos, gobierno y tecnología bajo un mismo propósito de transformación. La tecnología seguirá evolucionando a gran velocidad, pero la ventaja competitiva pertenecerá a las organizaciones capaces de aprender continuamente, integrar nuevas capacidades y convertir la innovación en resultados sostenibles.

    El IMD 2026 deja una conclusión que merece la atención de cualquier comité ejecutivo: la brecha digital ya no separa a las empresas que tienen acceso a tecnología de aquellas que no. Separa a las organizaciones que han desarrollado las capacidades para escalar su valor de aquellas que continúan acumulando herramientas sin lograr convertirlas en una verdadera ventaja competitiva.

    Sobre el autor:

    *Jaume Sués, Socio Líder de tecnologías emergentes para el sector de Servicios Financieros de EY México.

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

    Suscríbete a Forbes México