Un año. Pareciera más tiempo el que lleva Claudia Sheinbaum en la presidencia de la República, pero es apenas el inicio, el esbozo de lo que pueden ser los cinco años que restan.
Llega al balance de los 12 meses, con alta popularidad, pero ya con apremios en asuntos como el abasto de medicamentos, la seguridad, las denuncias de corrupción contra personajes del sexenio anterior, y lo que provendrá de la próxima renegociación del Tratado de Libre comercio con Estados Unidos y Canadá.
A estas alturas es claro que la convergencia en los temas políticos, entre la mandataria y López Obrador se mantendrán. La prueba más clara es la próxima reforma electoral, donde intentarán que se construyan las bases para un sistema de partidos disminuido, con una pluralidad expulsada del panorama y poniendo obstáculos para que la oposición pueda recuperarse en el futuro.
Quizá este sea el especto más delicado por lo que significa para democracia mexicana y porque rompe con la continuidad de reformas que hicieron posible la creación del INE y del TEPJF como autoridades confiables.
Toda la trayectoria institucional se encuentra en entredicho y será difícil que recuperen, en el mediano plazo, los niveles de legitimidad con la que alguna vez contaron.
Se equivocaron quienes pronosticaron que en el tema de la democracia habría un distanciamiento entre el primer presidente de la República de extracción morenista y su sucesora. La falla del análisis provino de no evaluar con claridad lo que la presidenta Sheinbaum opina y opinaba de la democracia liberal.
Para ambos, las pasadas tres décadas no fueron de mejora en el entramado democrático sino de simulación. Para ellos, las únicas elecciones que merecen reconocimiento son las que ganan, las otras, en cambio, siempre fueron señaladas como fraudulentas, aunque nunca se hayan presentado las pruebas equivalentes a su denuncia.
Otro rasgo, donde la continuidad del proyecto es evidente, es la cristalización de la Reforma Judicial. Desde septiembre, el grupo que gobierna tiene en la Suprema Corte de Justicia de la Nación la alineación ideal, donde no habrá espacio para la autonomía en los temas en los que Palacio Nacional tenga especial interés o en los que afecten a la élite morenista.
Habrá que ver los resultados que surgirán de un Poder Judicial en el que, por lo pronto, priva la improvisación y la falta de experiencia.
Donde sí hay un cambio, más que perceptible, es en el tema de la seguridad. Más allá de que se intente negar que hay una estrategia distinta, se está tratado de recuperar la iniciativa y de debilitar a las organizaciones del crimen organizado.
Sea por voluntad propia o porque las presiones de Estados Unidos lo hicieron impostergable, veremos en la Secretaría de Seguridad uno de los rasgos de diferenciación más evidentes en lo que resta del periodo de gobierno.
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