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    Cuando las fuerzas estadounidenses atacaron las instalaciones nucleares de Irán el 21 de junio de 2025, el objetivo principal fueron los tubos metálicos de los laboratorios subterráneos. Estos tubos son centrifugadoras que producen uranio altamente enriquecido, necesario para fabricar armas nucleares.

    Dentro de una centrífuga, un rotor gira a una velocidad de entre 50 mil y 100 mil revoluciones por minuto, diez veces más rápido que el cigüeñal de un motor Corvette.

    Se requieren estas altas velocidades para separar el uranio-235, más ligero, del uranio-238, más pesado, con el fin de recolectarlo y procesarlo posteriormente. Para generar este nivel de fuerza, el rotor debe estar bien equilibrado y ser resistente, además de contar con cojinetes magnéticos de alta velocidad para reducir la fricción.

    A lo largo de los años, Irán ha producido miles de centrifugadoras. Estas trabajan en conjunto para enriquecer uranio a niveles peligrosos, cercanos al umbral de uso militar. La mayoría están desplegadas en tres plantas de enriquecimiento: Natanz, la principal instalación del país; Fordow e Isfahán.

    En estas instalaciones, las centrifugadoras se organizan en cascada: una serie de máquinas conectadas entre sí. Así, cada unidad produce uranio ligeramente más enriquecido y transfiere el gas a la siguiente máquina, maximizando la eficiencia.

    Como ingeniero nuclear dedicado a la no proliferación, hago seguimiento de las tecnologías de centrifugado, incluidas las instalaciones iraníes que Estados Unidos e Israel consideran objetivos prioritarios. Una cascada típica en Irán contiene 164 centrifugadoras conectadas en serie para producir uranio enriquecido.

    La instalación de Natanz fue diseñada para albergar más de 50 mil centrifugadoras.

    Las intenciones iniciales de Irán de desplegar centrifugadoras a gran escala eran claras. En el punto álgido del programa, a principios de la década de 2010, se desplegaron más de 19 mil unidades. Posteriormente, Irán redujo el número, en parte debido a acuerdos internacionales como el ya abandonado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) firmado en 2015.

    El origen del enriquecimiento

    Irán tiene una larga historia en el enriquecimiento de uranio. A finales de la década de 1990, adquirió un diseño de centrífuga pakistaní conocido como P-1, cuyos planos y algunos componentes fueron proporcionados a través de la red clandestina de A.Q. Khan, cerebro del programa nuclear pakistaní y figura clave en la proliferación nuclear global. Hoy, el diseño P-1 se conoce como IR-1.

    Estas centrífugas están construidas con aluminio y una aleación de alta resistencia conocida como acero maraging.

    Aproximadamente un tercio de las centrifugadoras desplegadas en los sitios atacados el 21 de junio son del modelo IR-1. Cada una produce alrededor de 0.8 unidades de trabajo de separación (SWU, por sus siglas en inglés), la medida estándar de esfuerzo requerido para separar el uranio-235 del gas de uranio.

    Para ponerlo en perspectiva, una centrífuga produciría aproximadamente 0.2 onzas de uranio-235 enriquecido al 60 % en un año.

    Una bomba nuclear típica requiere 25 kilogramos de uranio enriquecido al 90 %. A ese ritmo, una sola centrífuga produciría solo 4 gramos por año. Aumentar el nivel de enriquecimiento requiere aún más trabajo. Aunque el IR-1 es técnicamente capaz, su eficiencia es muy limitada.

    Ver: Pentágono dice que ataque a instalaciones iraníes culminó 15 años de preparativos

    Cómo los bombardeos de EU pusieron límite a los esfuerzos iraníes de construir armas nucleares

    Los bajos rendimientos implican que se necesitarían más de 6 mil centrifugadoras trabajando juntas durante un año para producir suficiente material para un arma nuclear. Alternativamente, se requeriría mejorar la eficiencia de las centrifugadoras. Irán hizo ambas cosas.

    Antes del ataque estadounidense, Irán operaba cerca de 7 mil centrifugadoras IR-1. También diseñó, construyó y operó modelos más eficientes, como las IR-2m, IR-4 e IR-6. Comparar la IR-1 con estos modelos más recientes es como comparar un carrito de golf con un vehículo eléctrico moderno en términos de autonomía y capacidad.

    Los diseños más recientes incluyen componentes de fibra de carbono, lo que les proporciona alta resistencia, durabilidad y ligereza. Esta combinación permite crear centrifugadoras compactas y más difíciles de detectar en inspecciones. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), antes del ataque, Irán operaba aproximadamente 6 mil 500 centrifugadoras IR-2m, cerca de 4,000 IR-4 y más de 3 mil IR-6.

    Con cada nueva generación, la eficiencia en unidades de trabajo de separación aumentó considerablemente. Las centrifugadoras IR-6, con rotores de fibra de carbono, pueden alcanzar hasta 10 SWU por año, lo que equivale a unos 80 gramos de uranio-235 enriquecido al 60 % anualmente.

    El OIEA ha verificado que las cascadas IR-6 se utilizan activamente para aumentar la producción de uranio enriquecido al 60 %.

    El modelo más avanzado desarrollado por Irán, la IR-9, puede alcanzar hasta 50 SWU por año. Esto reduce el tiempo necesario para producir uranio apto para armas de varios meses a solo semanas. Otra ventaja de la IR-9 es su tamaño compacto, lo que facilita ocultarla en inspecciones, trasladarla a instalaciones subterráneas y reducir el consumo energético.

    Centrifugadoras avanzadas como la IR-9 aumentan significativamente el riesgo de proliferación nuclear. Afortunadamente, según el OIEA, solo una de estas centrifugadoras se encuentra en laboratorios de prueba, y no hay evidencia de que Irán haya desplegado esta tecnología de forma masiva.

    Sin embargo, no puede descartarse que existan unidades ocultas.

    ¿Armas o conversaciones?

    El enriquecimiento de uranio al 60% supera con creces las necesidades de cualquier uso civil. El Organismo Internacional de Energía Atómica confirmó que Irán almacenaba unos 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido antes del ataque, y que podría haber escapado intacto.

    Esto es suficiente para fabricar 10 armas. Las centrifugadoras más modernas (IR-2m, IR-4 e IR-6) necesitarían poco más de ocho meses para producir esa cantidad.

    No está claro qué ha logrado el ataque estadounidense, pero destruir las instalaciones atacadas y obstaculizar la capacidad de Irán para continuar enriqueciendo uranio podría ser una forma de frenar su avance hacia la producción de armas nucleares.

    Sin embargo, basándome en mi trabajo e investigación sobre la prevención de la proliferación nuclear, creo que un método más fiable para impedir que Irán logre sus objetivos nucleares sería que prevalecieran la diplomacia y la cooperación.

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

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