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    Las estadísticas vuelven a ser contundentes y mostrarnos la crudeza y dimensiones del problema; 2,100 millones de personas (una de cada cuatro) viven sin servicios de agua potable gestionados de forma segura en sus hogares.

    La escasez de agua, su mala calidad y la ingestión crónica de agua contaminada es la causa de la muerte de alrededor de unos 1,000 niños menores de cinco años cada día. (Casi medio millón al año).

    Nuevamente otra advertencia: Informes recientes de la Universidad de las Naciones Unidas advierten que el mundo ha entrado en una era de “bancarrota hídrica global”. Esto significa que la demanda humana ha superado la capacidad de regeneración de los sistemas naturales, agotando reservas milenarias en acuíferos y glaciares. 

    El agua se acaba, se agota, esta exhausta, no puede volverse a recuperar de forma natural, el suelo se desertifica, se extingue su fertilidad, el cambio climático es irreversible y las consecuencias impactan de lleno con crudeza en la viabilidad económica y social de la humanidad.

    Arrasar con los bosques y selvas termina con la capacidad de recuperar el agua de lluvia y reintegrarla a los acuíferos. Los glaciares se calientan y derriten, no hay agua que se filtre a los manantiales de montaña. Contaminar el suelo y los escurrimientos de basura arruinan los pozos circundantes. 

    Desperdiciar miles de litros a diario por duchas largas, no cerrar la llave y dejar sin reparar las fugas domésticas, cada mal hábito -por insignificante que parezca- contribuye a empeorar el problema. 

    La denominada ebullición climática ya está alterando drásticamente el ciclo del agua, provocando sequías extremas e inundaciones que amenazan la seguridad alimentaria y la salud global. Se pronostican diversos conflictos internacionales y migración forzada precisamente por problemas de acceso al agua.

    En México se resienten los efectos a niveles extremos, el 98% de todos los cuerpos de agua (lagunas, ríos, presas, costas, manantiales, pozos) presentan diversos grados de contaminación. Metales pesados, sales, residuos orgánicos, derrames petroleros,sales,entre otros los saturan y continúan además agregándose las descargas ilegales domesticas es industriales mas el uso indiscriminado de fertilizantes químicos en el campo. 

    Los pozos se perforan a profundidades cada vez mayores y cada vez es mucho más caro mantenerlos, se requiere de un consumo mayor de energía, además de que la limpieza y potabilización de esas aguas es también mas onerosa y difícil. Las redes de distribución están en mal estado y se pierden enormes cantidades (hasta el 40%) solo en fugas y desperdicios.

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    El 90% de las plantas de tratamiento no sirven, no cubren las normas establecidas y hacen mas grave el impacto ambiental de las aguas negras. No existe una cultura de responsabilidad y la corrupción bloquea todos los proyectos de innovación o mejora en el tema del agua.

    Las tecnologías de reciclaje y potabilización están rebasadas, se crean conjuntos habitacionales, centros de datos y parques industriales sin las debidas previsiones en materia de agua, se sobreexplotan los pocos recursos existentes lo que agudiza la diferenciación social derivada del acceso a agua. 

    El resultado: cortes, racionamiento, padecimientos crónicos, explotación política, disfuncionalidad, alto costo, afectaciones a la salud generalizada, abandono de vivienda, mala calidad de vida. 

    Inteligencia Artificial y centros de datos. Te encanta todo lo que puedes hacer ahora gracias a la IA, pero también eso le pega a la disponibilidad de agua y en serio. Millones de litros son requeridos para enfriar los centros de datos donde se procesan tus peticiones, los servers requieren de buen clima, frescura, enfriarse gastando en cada operación enormes cantidades, flujos masivos de agua, segundo a segundo.

    Nuevas llamadas al aire y sentido de urgencia que suena a eco reiterativo, han pasado décadas y el umbral de no retorno ha sido rebasado. 2026 será un año de malos récords, temperaturas extremas, precipitaciones, tormentas, huracanes, tornados, vientos, sequías y nevadas que romperán la marca y que pegarán de lleno en la economía.

    Nuevas tecnologías, una opción al alcance y ahora en la mejor opción de rentabilidad, ese es el camino. La oportunidad de establecer un nuevo modelo de gestión del agua, replantearla, asimilarla como una responsabilidad extendida y ver el problema como acción conjunta ineludible donde cada persona tiene algo que aportar. 

    La ruta no tiene desviaciones, se mantiene firme. Nano tecnología, nuevas fuerzas físicas libres de químicos pueden ahora potabilizar en tiempo real y bajo flujo continuo el agua, incluso la más contaminada, además de promover su reutilización a niveles de gran escala para usos industriales, de riego, agricultura, acuacultura, jardinería, huertos familiares, granjas verticales y los propios data centers.  

    Grandes acueductos a zonas urbanas, la obligada recarga de acuíferos y el saneamiento de los pozos contaminados son parte de estrategias que serán imperativas en los próximos años si es que se quiere resolver el problema. Lo difícil siempre será desterrar el populismo, demagogia, corrupción, complicidades e ineptitud. 

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