Por Jose Kont*
Hace unos días me invitaron a hablar con un grupo de emprendedores sobre patrimonio e inversión. Personalmente me gusta hablar de mi propio recorrido. Prefiero contar lo que viví, los tropiezos, los errores y esas lecciones que no vienen en los libros, pero que te marcan para siempre.
Empecé en 2005, ganando 200 dólares al mes. Sí, doscientos. Con eso pagaba renta, comida, universidad, transporte y sueños. A punta de trabajo, errores y unas cuantas apuestas bien pensadas, llegué a un punto en el que ya no trabajo por dinero, sino por gusto. Pero cuando alcancé esa independencia, vino una pregunta que nadie te enseña a responder: ¿qué hago ahora con el capital?
Muchos emprendedores sueñan con el Exit. Pocos entienden que lo más difícil viene después. Porque cuando por fin tienes dinero en la cuenta, la adrenalina del crecimiento se apaga… y aparece el vértigo del vacío. Te despiertas y piensas: ¿en qué invierto sin perder lo que me tomó años construir?
Y no, mi consejo no es que te compres una casa. Esa es la respuesta fácil. La verdadera pregunta es cómo convertir ese capital en libertad, no en anclas.
Tengo una regla personal basada en tres palabras: proteger, multiplicar, liberar. Porque tener dinero sin saber cuidarlo es como ganar un partido y perder el trofeo en el vestidor.
En estos años en venture capital aprendí algo que en América Latina solemos olvidar: toda inversión tiene riesgo, incluso la que parece “segura”. La clave no es eliminar el riesgo, sino gestionarlo. Y ahí entra una estrategia que cambió mi forma de pensar: la mancuerna de Nassim Taleb, el autor de El cisne negro.
Taleb propone dividir tu patrimonio en dos mundos: uno aburrido y estable, y otro loco y potencialmente explosivo. Es un equilibrio. Cómo entrenar tu músculo financiero con dos pesas: seguridad y oportunidad.
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En números simples: 80% en activos seguros, 20% en activos de riesgo. El lado seguro puede ser bonos, plazos fijos, fondos indexados. No te harán rico de la noche a la mañana, pero te dejarán dormir con tranquilidad. El 20% restante es tu zona de juego: invierte en startups, en esa idea que no te deja dormir, o en cripto si entiendes el terreno. Ese 20% es donde aprendes, te reinventas y sigues conectado con la energía creadora del emprendimiento y el trabajo.
Desafortunadamente en Latinoamérica el mayor riesgo no está en las inversiones, está en los consejos. En nuestra región sobran los “expertos” que opinan sin saber. Todos tienen una receta mágica, una oportunidad imperdible, un amigo que “la rompió” con tal fondo o empresa. Pero, seamos honestos, ¿le pedirías consejo de vuelo a alguien que nunca ha pilotado un avión? Entonces no tomes recomendaciones de inversión de quien nunca ha perdido su propio dinero en el mercado.
Taleb tiene una frase que lo explica de manera magistral: si el consejo es gratis, el producto eres tú.
Yo tuve que aprenderlo a golpes. Teniendo formación de ingeniero, no sabía nada de finanzas, y mis primeras decisiones fueron un desastre. Perdí más de lo que me da gusto admitir. Por eso me obsesioné con formarme: posgrado, cursos y certificaciones en finanzas e inversión.
Hoy entiendo que la educación financiera es el escudo de los emprendedores. No para volverse gurús del dinero, sino para no ser ingenuos con él.
Esta columna no pretende ser el Santo Grial de la inversión. Pero si busca recordarte que tu capital no es solo fruto de tu trabajo, sino símbolo de tus batallas. Si mañana logras ese “exit” que has soñado, no lo conviertas en tu punto final. Haz que sea el inicio de tu libertad.
Sobre el autor:
*Jose Kont es director ejecutivo de Cuántico y Venture Partner de Impacta VC.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.











