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    Muchas diferencias existen entre las empresas y marcas que comercializan agua embotellada. Para comenzar es necesario distinguir entre las diversas subcategorías del sector, cada una con sus cualidades distintivas.

    Por ejemplo, el agua de manantial es la que surge de una fuente subterránea natural, brota hacia la superficie con características (sabor, composición, temperatura, pureza) que la hacen única. El agua artesiana es la que se extrae de pozos subterráneos.

    Las aguas minerales son aquellas que se filtran a través de escurrimientos -mayormente en volcanes o zonas de descarga- y que debido a un proceso de filtración natural (que suele durar años) entre las fisuras de las rocas se enriquecen de los elementos minerales con los que entran en contacto.  

    De la misma manera también podemos encontrar marcas con la leyenda agua purificada mediante un proceso de destilación lo que significa que el agua fue evaporada para eliminar impurezas y enfriada para recuperar su estado líquido.

    Cuando observes una etiqueta con la leyenda “agua purificada” esto es que la misma proviene muchas veces de la red pública de abastecimiento, pero fue sometida a diversos procesos de filtración, retiro de impurezas y descontaminación antes de embotellarse.

    Es decir, cada subcategoría ofrece un valor agregado distinto y por supuesto, es susceptible de venderse a un precio acorde con la apreciación de lXs consumidorXs. 

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    A todas las anteriores, con tan solo agregarles un poco de gas ya tienes otra opción de venta: agua gasificada. Todavía más, un PH superior a 7 y encontraras agua Alcalina también apreciada por sus múltiples beneficios para el cuerpo, la piel, tu rendimiento y eliminación de toxinas. 

    Pero el agua es solo agua y para lograr mantener la preferencia y lealtad del mercado (además de sumarle algunas cifras más a las ventas) las empresas recurren actualmente a ofrecer diversas opciones comerciales muy interesantes.

    En este sentido, encontramos nuevos nichos de oportunidad, desde agua con los típicos sabores que nos recuerdan las aguas caseras, frescas, de sabores naturales o frutas hasta las esencias modernas y combinaciones exóticas. 

    Toques herbales, saborizantes naturales, bajas en calorías, rehidratantes, deportivas, todo funciona para quienes renunciaron al consumo de refrescos, pero siguen buscando saciar su sed con algo más que simple agua pura embotellada. 

    También lee: El negocio del agua embotellada (II)

    No solo eso, están disponibles en el mercado marcas con aditivos como vitaminas, proteínas, antioxidantes, electrólitos, todo de acuerdo con tu estilo de vida y preocupación por tu salud (también por tu nivel de ingreso). 

    La industria evoluciona y hoy pone a tu alcance aguas funcionales con una dosis de cafeína, oxigeno, hidrógeno, CBD. Cada día surgen nuevas opciones, toques ligeros de cítricos, frutos rojos, mezclas para el rendimiento, vitalidad, energía, movilidad, infusiones para aligerar la ansiedad, fomentar la concentración, antienvejecimiento, anti arrugas, mejor digestión, sistema nervioso, en fin, la creatividad en el sector parece no tener limites para satisfacer la diversificada y exigente demanda. 

    La mercadotecnia agrega grupos objetivo sin demora: empodera mujeres, ofrece opciones personalizadas para los jóvenes, una nueva cultura del agua comercial como parte imprescindible, intrínseca, cualitativa de la vida moderna. Hasta las botellas son parte del atractivo en este mercado, diseños de avanzada, logotipos, colores y formatos que hacen hasta de la sed un factor secundario. 

    Sofisticación, diferenciación, inyección de percepciones positivas, actitudes, alivio, recuperación, ligereza, prevención de enfermedades, mejor dieta, combate a padecimientos degenerativos, al final 75% del cuerpo humano es agua. Simplemente disponer, adquirir y consumir la mejor te da mejores oportunidades y te hace sentir bien. 

    Nuevamente mayores ejemplos de como agregar valor a un satisfactor natural que debería estar disponible para todos como derecho humano pero cuya cadena comercial lo vuelve una mercancía que genera jugosísimas ganancias que nadie va dejar pasar por moralismos o sentimentalismos ambientalistas. 

    En su detrimento, las voces criticas insisten en que esta industria es un negocio muy lucrativo que llega a costarle a la gente casi 2 mil veces lo que pagaría si contara con un abasto confiable y de calidad en su domicilio o que pudiera beber agua en cualquier grifo con la seguridad y confianza, libre de malos olores y sabores que les atribuye a las marcas comerciales.  

    Más aún, investigadores, académicos y activistas reprochan que el agua embotellada significa el derroche de los recursos familiares llegando a representar casi el 30% del gasto total, particularmente en los segmentos de medio y bajo ingreso.  

    La comunidad científica se ha pronunciado por reducir o buscar otras alternativas de envase ya que advierten que una botella de agua puede contener entre 4 y 10 mil partículas de microplásticos con las consecuentes posibles consecuencias para el ser humano. 

    Piratería, malas prácticas de higiene, empresas de dudosa procedencia, marcas “patito”, informalidad, incumplimiento de las normas sanitarias, desperdicio de agua, todo un coctel de irregularidades y, sin embargo, nada de lo que se dice parece hacer mella en el negocio; el consumidor compra en promedio 4 botellas a la semana de agua comercial; mientras que México es el consumidor número uno per-cápita en el mundo con unos 268 litros anuales. 

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