A mi padre, in Memorian.
La industria del agua embotellada es vital para la economía de cualquier país, su matriz de insumo producto genera inversión, empleo y derrama económica para más de otras 100 actividades.
La cadena comercial del agua incluye empresas que se dedican a la exploración de fuentes, perforación de pozos, purificación, embotellado, logística, almacenamiento, distribución, mercadotecnia, transporte, ventas, etiquetado, empaques, tarimas, tapas, control de calidad, laboratorios y los diferentes procesos relacionados con materias primas para ofrecer variedades en sabor y propiedades.
Su impacto en la vida diaria es evidente, el agua se requiere para trabajar, hacer ejercicio, alimentarse, cuidar la piel, los músculos, los huesos, mantenerse sano eso explica en gran parte de su dinámico desarrollo y constante crecimiento.
Grupos de enfoque, encuestas y sondeos a nivel de calle coinciden: el 92% de las personas se refiere a una botella de agua como uno de los 10 artículos más imprescindibles para portar al salir de casa.
Esa respuesta contundente no está exenta de ciertas incongruencias, por ejemplo -como señalamos anteriormente- lXs consumidorXs de agua embotellada describen los atributos de ciertas marcas como “pureza, frescura, ligereza, sabor, calidad, relajante, bulliciosa, energética, dulce, suave, natural, original, metálica, electrizante, vigorosa, fuerte, fina” algunXs se dan hasta el lujo de señalar inclusive si es nacional o importada.
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Sin embargo, cuando la consumen en un vaso sin referencias de marca, sin su envase y etiquetas originales no pueden explicar o distinguir sus calificaciones y características (esto es natural ¿cierto? el agua pura es incolora, inodora e insípida como nos dijeron muchas veces en la escuela).
Algo similar sucede con los posicionamientos de sanidad, calidad, limpieza, confianza y seguridad. Muchos escándalos y trascendidos han afectado a empresas de corte mundial al descubrirse bacterias, metales pesados, solidos disueltos y plásticos por arriba de las normas oficiales en el contenido de sus botellas.
Lo anterior obligando al retiro de lotes enteros de producción con las consecuentes sanciones sanitarias y la viralización negativa contra la reputación de la marca.
Todo esto genera también un activismo intenso en torno al agua embotellada, organizaciones, investigadores y grupos se oponen con frecuencia a la explotación de las ultimas fuentes naturales, promueven una cultura de envases portátiles, nuevos materiales, alternativas de empaque, filtros y sistemas domésticos, artesanales y/o purificadores personales.
Ello sin menoscabo de los esfuerzos que algunos ayuntamientos realizan para modernizar y aplicar tecnologías disruptivas para garantizar la mejor calidad en el servicio público y mantener niveles similares o superiores a los de las marcas comerciales.
Todo esto con el objetivo de liberar al mundo de unos 800 millones de botellas de PET de todos tamaños que son descartadas diariamente en promedio a nivel mundial y que implican millones de toneladas de desperdicios plásticos que se acumulan en calles, baldíos o tiraderos a cielo abierto para terminar finalmente flotando en el mar donde permanecerán por cientos de años.
En respuesta a estas objeciones, las empresas del sector se han enfocado a buscar nuevos materiales como alternativas más sustentables, destacando los bioplásticos extraídos de fibras de plátano, bambú, cítricos, mango, sargazo entre otros con los que se pueden sustituir las botellas de PET actuales con la misma maleabilidad, dureza, resistencia y portabilidad exigida por el consumidor y que además resultan compatibles con los equipos de envasado existentes.
De la misma manera, cuando de adaptación se trata la industria del agua embotellada tiene mucho que decir en empaques, algunas marcas han optado por migrar a cartón, aluminio y otros materiales bio compostables, reciclables y degradables. Lo mismo en sus tapas, que los empaques por paquete, etiquetas, envolturas plásticas y hasta las tarimas.
El factor de la sustentabilidad aplicado a la innovación en empaque representa millones de dólares en ingresos. Nadie hubiera pronosticado la dimensión del valor agregado que se concede al empaque y que es la clave del crecimiento explosivo de marcas que comercializan agua simple, de manantial, gasificada o mineralizada en latas de aluminio o envases tetra-pack que ahora son casos de estudio empresarial.
Estas opciones llegan al mercado con los argumentos centrales de un menor impacto ecológico, mayor calidad, más fácil de enfriar, mejor conservación y menor exposición a las variables naturales como el clima, las precipitaciones o la radiación solar.
Otros proyectos de sustentabilidad incluyen el reciclaje total de sus aguas para servicios, cero desperdicios y acciones de limpieza, energías limpias, modernización tecnológica, recolección de basura, remediación de áreas naturales y fomento de la cultura social contra el cambio climático.
Dentro de una planta embotelladora puedes encontrar líneas de producción cuyos procesos completamente automatizados operan a un ritmo frenético (hasta 120 mil botellas por hora) envasando millones de litros por día con -cero- contacto humano, aplicaciones de inteligencia artificial, asistencia remota y robots supervisados por trabajadores altamente calificados.
No por nada, los integradores especializados en equipos de embotellado son parte de los grupos tecnológicos de punta en el mundo.
Para continuar, habrá que comentar sobre lo que se hace en sabores, ingredientes, aditivos, presentaciones con el fin atender las demandas del publico que pide más que agua embotellada.
Es decir, todos los días la industria se mantiene al día para mantener la base consumidora ávida de agua.
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