La retórica y demagogia incansable característica de Donald Trump preocupa, intriga, alerta y cimbra los medios, las redes sociales, a sus seguidores y a sus detractores, impacta en todas las regiones y ámbitos, esferas y áreas de interés relevante.
Su anticipado regreso llega a su inauguración con una versión renovada, actualizada, calificada como más radical, pero -en efecto- reforzada, imparable, contundente. No solo es la concreción de las aspiraciones populistas del sueño americano sino un sobreviviente, que cumple su destino dictado por una voluntad superior y rodeado de un halo de triunfo aplastante en las urnas.
Si bien histriónico, mediático, dramático, desconcertante; Trump tiene la virtud de saber insertarse entre las tendencias de las redes sociales, navegar en el medio de las discusiones amplificadas de café, cuenta con la explosividad, la capacidad para mover y conmover, garantizando ser un foco de tensión y atención como dictan los cánones de la propaganda política.
Complejos problemas están en la mesa, definiciones y decisiones que influirán y hasta determinarán el futuro de millones de seres humanos, la vida en el planeta, sus recursos naturales, el desarrollo tecnológico, el bienestar de las familias, migración, economía, comercio internacional, seguridad, terrorismo y -en sus propias palabras- hasta el peligro de una tercera guerra mundial.
Grandes interrogantes circulan en torno a su discurso lleno de advertencias y muchas amenazas veladas, ¿hasta donde llegarían los efectos de las redadas masivas, cierre de fronteras, murallas, aranceles, capitalismo extremo, explotación de los recursos naturales, concentración del ingreso, intolerancia, imposición, militarismo, conservadurismo y el radicalismo expresado?
No es para menos, Trump llega a este periodo con las herramientas y el soporte político de mayorías republicanas en el Senado y el Congreso, gobernadores, alcaldes y autoridades locales; de la mano de cientos de la elite de los más ricos, influyentes y poderosos empresarios, personalidades y agentes de cambio, adicionado con un gabinete considerado como de ultraderecha conservadora.
¿Cómo definir una personalidad motivada por un alter ego en su cúspide? ¿cómo descifrar los significados crípticos y subrepticios? ¿Qué puede saciar a una oligarquía con todos los recursos a su alcance para imponer su voluntad? ¿Dónde se dibuja la línea de separación entre promesas de campaña y políticas públicas viables? ¿existen limites para las posturas y definiciones personales cuando ya nada parece detenerte?
Esa y otras muchas otras cosas se preguntan los analistas; sin embargo, en los mercados, los interesas, las criptomonedas, las especulaciones financieras el momento es vibrante, se prevén gastos enormes, grandes oportunidades de negocios, una reactivación económica y un despliegue de actividad empresarial en todos los ámbitos, recortes de gasto, eficiencia, inversiones, tecnologías, empleos, mejores salarios, modernización, una explosión de riqueza abundante.
Hacer América Grande de Nuevo, se resume en eso, la concreción del sueño americano en el bolsillo, de nada cuentan los derechos, humanos, justicia, democracia, inclusión, sustentabilidad, equidad, libertad, no, no, no; es simplemente pagar las facturas, disfrutar de los bienes materiales, suficiente para gasolina, alimento, la renta, los servicios, las mercancías, descanso, recreación y la comida abundante.
Esa es la convergencia que llevo de regreso a Trump a la Casa Blanca, esa ansiedad, ambición, modalidades y percepciones, imaginarios, idealismos, aspiraciones y expectativas de un modelo económico, político y social que no admite retraso, pretexto, argumentos o razones cuando se trata de dinero.
Se le puede acusar de todo tipo de excesos, sin embargo, en el fondo las mayorías quieren y aspiran a tener su nivel de vida, a ser el foco de atención, llevar una rutina de satisfacción superficial y estar siempre en los mejores escenarios y encuadres de la vida cotidiana de lujos en la escala y medida de la circunstancia personal, pero siempre en la comodidad, certeza, seguridad, sin preocupaciones, sin límites, conforme dicte el estilo, individualismo, las preferencias o simplemente el gusto.
Nada puede juzgarse de la decisión soberana del pueblo americano, ni tampoco de que la oportunidad de retornar al poder ponga a Donald Trump como el epicentro de lo que se vislumbra como una tormenta perfecta. Sin duda tendrá sus luces, sus logros, sus destellos de grandeza y aciertos.
¿Quién puede objetarle que es necesario un poco de orden, crecimiento, seguridad y certidumbre en un mundo tan caótico? De hecho, su regreso esta impulsando una oleada de movimientos, organizaciones, líderes y hasta partidos políticos que tratan de imitar su modelo a nivel local en diversas latitudes en respuesta contradictoria a un mesianismo populista.
Durante estos días, he revisado ponderaciones y análisis, escuchado todo tipo de interrogantes y hasta referencias proféticas y apocalípticas sobre Donald Trump, todas interesantes y respetables sin duda. Así las cosas, solo queda desear el mejor de los augurios y la concreción con equilibrios, moderación, madurez y sensatez necesarias.
Al final la vida se decide entre lo que quieres, lo que prometes, lo que puedes, lo que debes y lo que tienes que hacer; la mayoría de las veces no suele ser lo mismo.
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