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    Prácticamente no existe ya ninguna actividad humana que no haya sido mejorada, simplificada, influenciada o potencializada por los efectos de las redes sociales. La vida se mueve en esta arena, con mayor razón la que se deriva del contacto, comunicación, cercanía, relaciones, negocios e intercambio de mensajes.  

    La existencia digital, la realidad virtual, la inteligencia artificial, computación cuántica, el big data y los nuevos métodos de marketing están originando modelos de interacción bajo mecanismos y órdenes inéditos, impactantes, novedosos, multisensoriales, camuflajeados  y hasta crípticos y subrepticios.

    Para el ámbito político; las redes sociales ofrecen una plataforma de comunicación y exposición con recursos ilimitados que disminuye los tiempos, amplia el alcance, masifica el contacto y por supuesto, pueden ser usadas ventajosamente para todo tipo de estrategia.

    Revisamos aquí algunos de nuestros hallazgos:

    1. Desensibilización e impresionismo político. Normalizar la guerra como si se tratara de un conteo de video juego, si el conflicto ocurre lejos de casa no pasa nada, mientras los bombardeos las masacres, las hambrunas, la sed, el conteo de muertos y heridos, la desesperación y la migración forzada se queden en los noticieros o en algunos posts virales, solo es necesario enviar un mensaje solidario o lamentarlo en redes para quedar bien, incluso es mejor ni mencionar el tema para no perder tiempo valioso de los seguidores.

      Uso de armas de ultima generación impresiona, los avances tecnológicos nos llaman poderosamente la atención, pero solo parece tener el mismo efecto que las actualizaciones del arsenal también de un video juego.  

      Se llena la percepción de morbo, intensidad, espasmo sorpresivo, pero el ver la capacidad destructiva, letalidad, efectividad, el derrumbe de edificios completos, vehículos destrozados, victimas del fuego volando por los aires sin saber si son civiles o militares, no hay conmoción, ni lamentos, ni mucho menos remordimiento, son secuelas, justicia ejercida a distancia, balances de poder político, imposición del nuevo orden. 

      2. Héroes y villanos. Las herramientas digitales permiten y facilitan crear perfiles, historias, mitos y hasta acontecimientos trascendentales de la nada, acapara las virtudes, inflar seguidores, incluir opiniones y darle likes al mayoreo para que la percepción mayoritaria agregue todas las características positivas al lado que promociona su posición.

      Los buenos y los malos, la justicia de un lado la maldad del otro; las víctimas son consecuencia lógica, necesaria, inevitable, dolorosa pero simplemente ineludible. Ese discurso llena una mínima mención, pero a nadie se le permite reflexionar sobre esas terribles consecuencias, al final ya no son validas ni como vidas humanas, se cuantifican como simples datos.

      La carga de descredito, desmoralización, opresión, sometimiento, cancelación de libertades y derechos, explotación, miseria, abandono, autoritarismo va del lado de enfrente, todo ejercicio de la fuerza se justifica por que hay que desterrar estos vicios del mundo y solo los paladines de la justicia internacional tienen derecho a hacerlo y ejercerlo.

      3. El instante de la reacción. Contario a la comunicación tradicional, la digital no permite los términos de una reflexión, análisis, valoración, racionalización, comparación, información a fondo, un horizonte mínimo de planeación ni direccionamiento de al menos plazo.

      La mayoría de los usuarios reacciona, sufre ansiedad por ser el primero en comentar, en estar, en juzgar en crear tendencia, no hay confirmación, se cae muchas veces en trucos y trampas, fraudes y noticias falsas, pero esa es la realidad virtual en ese ritmo e intensidad la pagina se cierra en minutos, entonces a nadie le interesa saber sobre las consecuencias.

      Las crisis derivadas del aumento de energéticos, los impactos alimentarios, económicos, los movimientos de mercancías, bienes, activos financieros, el futuro de millones de empleos, contaminación, conflictos y la prolongación de la guerra pasan desapercibidos, insustanciales, ignorados.

      A las audiencias de RRSS les gusta la informalidad, se mueven en una jerga liberal, nunca oficialista; por eso funcionan las ocurrencias que mueven a la risa y la falta de capacidad de un político se puede disfrazar muy bien en un halo de simpatía, sensibilidad, humanismo, debilidad o sinceridad.

      4. El multiverso de las referencias. La moral se mueve, siempre es dinámica, lo que una sociedad acepta como normal, es voluble, relativo, relacional. Esta máxima se cumple siempre dentro de un esquema digital que incluso recompensa hasta la barbarie y la frustración, da salida a la expresión de complejos, traumas, disociaciones, síndromes, autoflagelación y la construcción de un nuevo multiverso donde todo ya perdió la base, el norte o cualquier punto de anclaje.

      Ley, justicia, responsabilidad, fiscalización, rendición de cuentas, derecho internacional, derechos humanos, tribunales internacionales, sanciones, integridad no aparecen ni el menú; solo hay que fijarse cuantos reaccionan, seguir la tendencia y ver si hay retroalimentación en el contenido, pero nada más, hasta ahí que hay que revisar millones de materiales menos complejos y mas atractivos.

      Consumir, vender, subir en la cadena de éxito es mucho más relevante y prioritario que un activismo “suavizado” al estilo redes sociales que mala onda, ojalá que no pase nada, sarcasmo, indiferencia, cinismo, falsa lamentación, donaciones miserables también ahora resultan dosis de descargo y alivio. 

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      Twitter: @CapitolCComm

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