Las cifras de muertes por accidentes laborales, la mayoría prevenibles, son un recordatorio permanente de necesidad de invertir en la protección de trabajadores: más de 330 mil muertes anuales en el mundo.
El dato de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) representa casi la mitad de la población de Colima, en tanto que, casos como el ocurrido la semana pasada en el Palacio de Hierro de una plaza de Polanco, donde al caer de una escalera de 5 metros de altura murió Néstor, un empleado de mantenimiento, mueven a la reflexión.
Cuando las empresas no invierten en seguridad operan con una lógica de riesgo, apuestan a que nada ocurra. Pero cuando ocurre —y tarde o temprano sucede— el impacto es irreversible.
Invertir en la protección de los trabajadores —equipo, capacitación y protocolos— cumple el objetivo principal: salvar vidas, y además reduce costos legales, evita rotación de personal, protege la reputación empresarial y garantiza la continuidad operativa.
Cuando un trabajador muere o queda discapacitado por una falla prevenible, la empresa pierde confianza. Un duro golpe en un mercado cada vez más valorado por los factores ESG (Environmental, Social and Governance).
Las historias sobran. En 2013, más de mil 130 trabajadores murieron en el derrumbe del edificio Rana Plaza en Bangladesh, que albergaba fábricas proveedoras de grandes marcas internacionales. La estructura presentaba grietas visibles, pero los empleados fueron obligados a ingresar. Varias marcas terminaron involucradas en demandas, auditorías forzadas y presiones internacionales que modificaron sus cadenas de suministro.
Un análisis del Instituto Nacional de Salud y Seguridad Ocupacional de Estados Unidos estima que cada accidente laboral grave implica en promedio 1.2 millones de dólares en costos totales, entre litigios, interrupción de operaciones y costos médicos.
La seguridad no es un gasto, sino una inversión. Según la OIT, por cada dólar invertido en prevención se pueden ahorrar hasta cuatro dólares en costos derivados de accidentes. Una de las mejores tasas de retorno disponibles en cualquier rubro de la administración empresarial.
La prevención no se logra con cascos baratos ni reglamentos colgados en la pared. Requiere liderazgo, cultura organizacional, procesos medibles y canales de comunicación efectivos. Nadie debe salir de casa hacia su empleo sin la garantía de que su vida es protegida como un valor innegociable. Esa es la línea ética que distingue a las empresas.
Sobre el autor:
Salvador Guerrero Chiprés es Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.
X: @guerrerochipres
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Twitter: @C5_CDMX
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