Muchas veces, el mundo del arte y el de los negocios se abrazan y comparten las ideas. En ocasiones, la cimiente que germina en buenos proyectos artísticos y empresariales brota de las mentes brillantes que buscan una intención estética o una meta corporativa. Lo cierto es que cuando una persona inteligente detecta una necesidad, ha descubierto el gran filón que puede traer éxito. Las mentes lúcidas se aprecian en todos los terrenos.
Tuve la fortuna de entrevistar a Amin Maalouf, en el entorno de la Feria del Libro Internacional de Guadalajara, es el galardonado con el Premio FIL y me dijo que la literatura es el vehículo para un presente y un futuro con más esperanza “La literatura es más indispensable que nunca”, sobre todo ahora que vivimos en la era de la aceleración social y de la inteligencia artificial. Evidentemente, en el ámbito artístico esto es pertinente y para mi gran asombro, lo es también en el entorno de los negocios.
A mí me llenó de sorpresa y alegría platicar con un hombre afable, tranquilo y con una lucidez que me dio esperanza. Amin Maalouf es un hombre comprometido con nuestra época. Sus esfuerzos intelectuales al hablar sobre el lenguaje y cómo “La escritura y la lectura son parte del desarrollo del pensamiento crítico, la lectura no es un acto de consumo, sino la trinchera de lo incómodo, en donde se lleva a cabo una conversación entre el libro y quien lo lee”. Efectivamente, la excelencia y la innovación son hijos favoritos del pensamiento crítico.
Con mi mal francés y su excelente disposición logramos dialogar, algo difícil en nuestro tiempo. “A Mèxic salvem les nostres paraules” —En México salvamos nuestras palabras—, dijo. Amin Maalouf llegó con bufanda blanca sobre un traje oscuro y una melena canosa que se resiste a permanecer aplanada. Por un lado, no tuvo reparo en expresar la admiración que tiene ante los descubrimientos tecnológicos, que permiten que tenga “al alcance de mis dedos, en cualquier momento, todo el conocimiento del universo; que podría conversar cara a cara con mis hijos y mis nietos, al otro lado del planeta; que podría participar en una conferencia en Milán, en México”; por otro, señaló que nunca habría pensado que la violencia seguiría aumentando, que la democracia se vería debilitada, que las guerras no iban a desaparecer.
Pero, Maalouf me dijo con toda claridad que todavía tiene muchos motivos de esperanza, a pesar de lo que ha visto a lo largo de su vida. “Nunca volveremos al mundo de antes”, expresó sin amargura, “Podemos lamentarlo o celebrarlo, pero en todo caso debemos ser conscientes de ello para poder avanzar”. Reconoció la importancia del esfuerzo colectivo para superar los retos del momento, que se mueven a una velocidad vertiginosa, y es labor de la humanidad elevarse “por encima de sus codicias, de sus egoísmos, de sus prejuicios”. Confió en una de las misiones de la literatura, que puede llevar por dos caminos. “O sobrevivimos juntos, o desaparecemos juntos… Porque es a ella [la literatura] —es decir, a todos nosotros— a quien le corresponde reparar el presente e imaginar el futuro”.
Y, de la misma forma en la que a la literatura le corresponde reparar en el presente e imaginar el futuro, a los ejecutivos de grandes corporativos, a los emprendedores que gestionan proyectos locales, a los líderes de amplias carteras industriales, a los gerentes de portafolios específicos nos toca componer lo que está mal en el aquí y ahora para dilucidar cómo es que vamos a ajustar nuestros caminos para generar un mejor porvenir. En estos momentos de alta incertidumbre no podemos endosarle la responsabilidad a nadie más que a nosotros mismos en nuestro ámbito de acción.
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Entonces, ¿la literatura salva?, le pregunté y con una gran ternura me contestó que sí y me compartió un secreto: todo empieza con una pregunta, la pregunta que habita tu mente, esa que te planteas al despertar, esa que te acompaña todo el día y es lo último en lo que te ocupas antes de caer vencido por el sueño. Esa pregunta que nos hace ser humanos y no máquinas que refieren información.
Y, es en ese punto donde el arte y los negocios convergen. Son las preguntas que habitan nuestra mente las que pretenden dar respuesta y propósito a nuestros planes de negocios, a nuestros proyectos con independencia de la envergadura que tengan. Cuando iniciamos algo, al momento de generar una iniciativa, tenemos una pregunta para la que estamos buscando una respuesta.
Dichos cuestionamientos son la manifestación de una mente curiosa que anhela encontrar respuestas. La búsqueda y el encuentro con estas respuestas nos dan propósito, nos generan una ruta y nos ayudan a entender a qué grado de avance nos encontramos.
Para Maalouf, esas, preguntas: las tuyas y las mías son la salvación a un mundo indiferente y violento, racista y que odia lo distinto. Una mente curiosa es la que se deja habitar por estas preguntas, la que se da el tiempo para lograr encontrar estas respuestas, la que al encontrarlas, las reflexiona y las valora para ver si son o no verdaderas y una vez justificada esa evaluación, las hace propias. ¿No es esa la ruta crítica de pensamiento que debemos seguir al arrancar cualquier iniciativa? Detenernos a pensar en las preguntas que surgen para buscar un nuevo empleo, para abrir una nueva sucursal, para cerrar un negocio, para iniciar una nueva estrategia, para movernos de lugar es lo que debiéramos estar obligados a hacer, en vez de arrancarnos a tontas y a locas. Si sabemos la pregunta y conocemos la respuesta es más difícil que nos desviemos.
¿Cuál es la pregunta que habita su mente, señor Maalouf?, le tuve que preguntar. Con una amabilidad y dulzura que se refleja en ojos y sonrisa que le lleno el rostro entero me contestó que su pregunta gira en torno a ¿cuál será el provenir de la humanidad? Y mi reflexión siempre encuentra motivos de esperanza, me dijo. Ni la incertidumbre económica ni la manipulación política ni el riesgo en los negocios ni los embates del progreso le han arrancado esa perspectiva optimisma. Optimista pero, no ingenua.
Me despedí con el alma llena de alegría por haber hablado con un hombre sabio y profundo, de esos que tanto necesitamos en la actualidad. Y, justo cuando me iba, Maalouf me detuvo y me pregunto: Perdona, ¿cuál es la pregunta que habita tu mente? Y, esa misma pregunta es la que yo te planteo a ti.
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