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    Un alza del salario mínimo, como lo propone la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, metería presión a la inflación de servicios y golpearía al mercado laboral en México.

    “En 2025 el aumento al salario mínimo fue de 12 por ciento y estimamos que para el siguiente año el aumento sería marginalmente menor, en 11 por ciento y así ubicarse en 309.5 pesos al día”, de acuerdo con un reporte de Banamex.

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    Una vez que el salario mínimo es más elevado, como está ocurriendo actualmente en México, “aumentos adicionales pueden tener efectos negativos importantes para el mercado laboral”, señala el análisis hecho por el área de Estudios Económicos de la institución financiera.

    “En cuanto a la inflación, aunque el impacto depende de factores como la productividad, la estructura de costos y capacidad de las empresas para absorber los aumentos, se puede generar un alza en los precios”, detalla.

    La presidenta Claudia Sheinbaum ha propuesto una ambiciosa para que el salario mínimo durante su sexenio alcance para la adquisición de 2.5 canastas básicas (de alimentos y servicios), lo cual garantiza alimentos para cada integrante de un hogar de 4 personas.

    Una legislación aprobada por diputados y senadores de Morena, PT y PVEM establece que los incrementos en el salario mínimo deberán estar siempre por arriba de la inflación.

    “En línea con comentarios recientes de la presidenta de la República, quien ha señalado que el aumento de 2026 sería parecido al de 2025, lo que implica menores aumentos que en el sexenio previo”, señala Banamex.

    Cuando el salario mínimo es bajo, un incremento puede contribuir a mejorar las métricas de pobreza y desigualdad, sin que se observen efectos adversos en inflación y en empleo, agrega.

    “Tal sería el caso de México en el pasado reciente, cuando el salario mínimo era relativamente muy bajo”, detalla.

    Hay disminución en la pobreza por ingresos, gracias al incremento en el salario mínimo “sin haberse observado efectos significativos sobre el empleo ni la inflación”, expone la institución bancaria.

    Al pagarse un mayor salario mínimo, aumenta la carga en costos para las empresas dada la dinámica de la productividad, así como desincentiva la creación de empleo y presiona los precios finales que llegan a los consumidores, recuerdan los economistas del banco.

    Un alza del salario mínimo resulta especialmente más grave para las PyMEs, ya que son más intensivas en mano de obra en su operación en una coyuntura de crecimiento económico nulo, destaca.

    Banamex indica que los aumentos al salario mínimo pueden generar también presiones para ajustar los salarios de otros trabajadores cercanos en la escala salarial, conocido como el efecto faro. 

    Aún prevalecen los riesgos inflacionarios derivados de los incrementos salariales.

    La evidencia nacional del incremento en el salario mínimo en la frontera norte en 2019, que hubiera llevado a un incremento en precios, no se dio porque se acompañó de una disminución en la tasa del IVA, recuerda el banco.

    En años recientes, las presiones salariales llevaron a una elevada persistencia del componente de servicios de la inflación, que apenas este año ha comenzado a ceder muy lentamente, puntualiza. 

    “En servicios de entretenimiento existe una relación positiva y de relativamente corto plazo entre mayores salarios e inflación, mientras que, en educación y salud, el mayor crecimiento de los salarios se asocia con una mayor inflación después de aproximadamente un año”.

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    La inflación de servicios en México ha tardado muchos meses en ceder y se mantiene por arriba de su promedio de largo plazo, apunta.

    Prevalecen los riesgos de que se registren menores niveles de empleo o continuas presiones sobre precios, en un contexto en el cual se enfrenta a bajo crecimiento económico, señala.

    También se requieren aumentos en inversión en infraestructura y tecnología que impulsen la capacidad productiva de las empresas.

    México necesita de políticas públicas dirigidas a mejoras en el capital humano, como son educación (formal y en los lugares de trabajo) y salud.

    Y “aumentar la participación laboral de las mujeres que, entre otros, favorece un aumento de la fuerza laboral, mayor crecimiento económico y reducción de la pobreza”, concluye.