Antes de iniciar su guerra contra Irán, el presidente Donald Trump afirmó que su principal objetivo era que Irán “nunca tuviera un arma nuclear”. Sin embargo, no está claro qué planes tiene su administración, si es que tiene alguno, para gestionar las reservas de uranio enriquecido del país —que podrían utilizarse para fabricar bombas nucleares—, ni sus instalaciones nucleares aún intactas y profundamente enterradas, ni el equipo nuclear que podría encontrarse en ellas o en otros lugares ocultos.
Los ataques de Estados Unidos e Israel en junio de 2025 dañaron gravemente las principales instalaciones nucleares de Irán y mataron a varios científicos destacados vinculados al programa nuclear del país. No obstante, en contraste con la afirmación de Trump de que el programa nuclear iraní había sido “completamente obliterado”, parece que Irán almacenó gran parte o la totalidad de su uranio enriquecido en túneles profundos que no fueron destruidos.
La exigencia de la administración Trump, apenas dos días antes del inicio de los ataques, de que Irán exportara sus reservas de uranio enriquecido, representó un reconocimiento tácito de que el gobierno iraní aún tenía control sobre ese material o podía acceder a él.
Así, mientras continúan los bombardeos sobre Irán, el destino de varios elementos de su programa nuclear sigue siendo incierto, entre ellos:
– Sus reservas de uranio enriquecido.
– Sus centrifugadoras para enriquecer más uranio, así como componentes para fabricar nuevas centrifugadoras.
– Cualquier equipo que pudiera tener para convertir el uranio enriquecido en metal, moldearlo en componentes de armas nucleares y realizar otros pasos de ensamblaje.
– Los documentos y conocimientos derivados de su antiguo programa de armas nucleares.
– Sus instalaciones nucleares aún intactas y situadas a gran profundidad.
He estudiado durante décadas las medidas para frenar la proliferación de armas nucleares —incluida la gestión de los riesgos del programa nuclear iraní—. Mi conclusión es que, si todas estas capacidades permanecen intactas, la guerra habrá logrado poco en reducir la capacidad nuclear de Irán, al tiempo que probablemente reforzará la convicción del gobierno de que necesita un arma nuclear para defenderse.
Dónde podría estar el uranio iraní
La preocupación más inmediata es aproximadamente 441 kilogramos de uranio altamente enriquecido que contiene un 60% del isótopo U-235, relativamente fácil de fisionar. Se cree que esa era la cantidad que Irán tenía antes de los bombardeos del verano de 2025, y gran parte habría sobrevivido a esos ataques.
Más de 200 kilogramos estarían almacenados en túneles subterráneos profundos cerca de Isfahán. Otras reservas se encontrarían en una instalación subterránea cerca de Natanz conocida como Pickaxe Mountain, y en Fordow, uno de los sitios bombardeados en el verano de 2025.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, habría reconocido que los túneles de Isfahán son demasiado profundos para ser destruidos con bombas antibúnker como las utilizadas en Fordow. Pickaxe Mountain, situada bajo granito, sería al menos igual de difícil de atacar.
Para qué podría utilizarse el uranio
Con apenas 100 centrifugadoras, Irán podría enriquecer aún más el material al 60% hasta alcanzar o superar el 90% de U-235 en pocas semanas, el nivel necesario para el diseño de armas nucleares en el que trabajaba en su programa secreto, en gran medida detenido a finales de 2003.
Incluso sin mayor enriquecimiento, el material al 60% podría emplearse en una bomba, ya sea con menor potencia o utilizando mayores cantidades de material y explosivos.
Más allá de su uso por parte de Irán, existen otras preocupaciones. Nadie sabe quién podría hacerse con ese material si el gobierno iraní colapsa. Algunos responsables de menor rango podrían intentar venderlo como forma de sobrevivir a la crisis, como ocurrió tras la caída de la Unión Soviética en 1991. Estudios gubernamentales han advertido que incluso un grupo terrorista sofisticado podría fabricar una bomba nuclear rudimentaria si obtuviera el uranio necesario.
¿Podría retirarse de forma pacífica?
Una posibilidad es que el actual gobierno iraní, o uno futuro, esté dispuesto a cooperar o al menos a permitir la eliminación del material nuclear. Según informes, el gobierno iraní ofreció diluirlo a una menor concentración durante las negociaciones que Trump dio por terminadas al atacar Irán en febrero de 2026.
El uranio altamente enriquecido ha sido retirado de numerosos países mediante cooperación internacional. Un ejemplo temprano fue el Proyecto Sapphire en 1994, cuando equipos estadounidenses trabajaron con Kazajistán para trasladar unas 1,280 libras (580 kilogramos) de uranio altamente enriquecido a instalaciones seguras en Tennessee. Iniciativas similares han eliminado toneladas de plutonio y uranio altamente enriquecido de decenas de sitios en todo el mundo, reduciendo el riesgo de que caigan en manos de terroristas.
¿Podría ser capturado?
Sin cooperación, y con el uranio en túneles demasiado profundos para ser destruidos desde el aire, la única opción para eliminarlo podría ser el envío de un equipo de soldados y expertos estadounidenses o israelíes mientras la guerra continúa.
Las fuerzas especiales estadounidenses llevan años entrenando con científicos y especialistas para neutralizar o asegurar armas y materiales nucleares de adversarios. Sin embargo, no sería sencillo: Mark Esper, exsecretario de Defensa durante el primer mandato de Trump, ha advertido que hacerlo en Irán requeriría una fuerza considerable y sería “muy peligroso”.
Trump ha señalado que solo consideraría esa opción si Irán estuviera “tan devastado que no pudiera combatir en tierra”.
Si se capturaran los materiales nucleares, ¿qué ocurriría después?
El material nuclear iraní se encuentra en forma de hexafluoruro de uranio, almacenado en contenedores similares a tanques de buceo.
La opción más simple, aunque más desordenada, sería destruir los contenedores con explosivos. El hexafluoruro de uranio se dispersaría en paredes, suelos y escombros de los túneles, dificultando su recuperación y uso. Sin embargo, los túneles quedarían contaminados e inutilizables, y el equipo tendría que extremar precauciones.
Una opción más ordenada sería empaquetar el material y transportarlo por vía aérea, como en los casos de cooperación. Pero probablemente haya decenas de contenedores, con un peso total de varias toneladas, distribuidos en múltiples ubicaciones dentro de Irán, un país tan extenso como Europa occidental. Las tropas tendrían que recolectar el material en distintos puntos, asegurar pistas de aterrizaje cercanas, trasladar equipos y material por tierra o aire y proteger toda la operación frente a posibles ataques.
Otra alternativa sería diluir el material con uranio menos enriquecido para impedir su uso en armas nucleares. También sería una tarea compleja, que requeriría trasladar equipos y grandes cantidades de uranio a una zona de guerra activa. La Administración Nacional de Seguridad Nuclear ha desarrollado equipos móviles para este tipo de operaciones, aunque nunca se han utilizado en un conflicto. Además, sacar todo el material de Irán representaría otro desafío logístico significativo.
Este tipo de operación permitiría gestionar el uranio altamente enriquecido que Irán ya ha producido, siempre que Estados Unidos e Israel tengan certeza sobre su ubicación.
Sin embargo, Irán también posee reservas de uranio menos enriquecido, incluidas más de seis toneladas enriquecidas al 5% de U-235, parte de las cuales también podrían haber sobrevivido a los ataques. Aunque pueda parecer poco, alcanzar ese nivel implica haber completado ya dos tercios del proceso necesario para llegar al 90%. Además, las centrifugadoras y sus componentes, que probablemente siguen en poder de Irán, podrían utilizarse para producir más material.
Otro desenlace
Trump podría optar por poner fin a la guerra sin abordar las reservas de uranio ni otras capacidades nucleares de Irán. Eso dejaría a un régimen debilitado pero resentido, posiblemente más decidido que nunca a desarrollar un arma nuclear, y aún con el material, el conocimiento y gran parte del equipo necesario para hacerlo.
Para mitigar ese riesgo, Estados Unidos e Israel podrían, en la práctica, advertir a Irán que no utilice los túneles ni retire material de ellos bajo amenaza de nuevos ataques. Sin embargo, esa difícilmente sería una solución a largo plazo.
En términos fundamentales, el conocimiento nuclear de Irán no puede eliminarse mediante bombardeos. En última instancia, considero que la seguridad de Estados Unidos se vería mejor garantizada mediante acuerdos que limiten las actividades nucleares iraníes, acompañados de mecanismos efectivos de inspección internacional y supervisión continua. Esos elementos eran centrales en el acuerdo nuclear de 2015 entre China, Francia, Alemania, Rusia, el Reino Unido, Estados Unidos, la Unión Europea e Irán. Trump retiró a Estados Unidos de ese acuerdo en 2018, lo que permitió a Irán producir el uranio altamente enriquecido que ahora representa un riesgo.
A mi juicio, solo la vía diplomática puede volver a establecer límites estrictos y mecanismos eficaces de supervisión en el futuro. Sin embargo, esta guerra podría haber reducido considerablemente las posibilidades de alcanzar ese tipo de soluciones durante muchos años.
*Matthew Bunn es profesor de la práctica de Energía, Seguridad Nacional y Política Exterior en Harvard Kennedy School.
Este texto fue publicado originalmente en The Conversation.
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