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    La relación México-Cuba es una de las más singulares en la política exterior latinoamericana. Lo es porque históricamente se ha mantenido consistente por encima de quienes detentan el poder, el PRI, el PAN y, desde 2018, Morena. Lo anterior es cierto, aun con el lamentable episodio del “comes y te vas” del sexenio de Vicente Fox, pues apenas fue una mala anécdota, a la que se sobrepuso la relación histórica entre ambas naciones.

    Esta consistencia en la relación política entre ambas naciones se explica, en gran parte, por la tradición diplomática de la libre autodeterminación de los pueblos y la no intervención, principios en los que descansa la doctrina Estrada, con la que ha sido tradicionalmente apegado el gobierno mexicano y que, aunque un poco abandonada durante los gobiernos de las últimas décadas, se ha vuelvo a retomar desde el triunfo de López Obrador.

    Hoy, sin embargo, esta postura consagrada en la Carta Magna de nuestro país (Art. 89, frac. X), enfrenta un momento álgido ante la estrategia de máxima presión impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al país caribeño. 

    Entre estas medidas están la declaratoria del Gobierno de Cuba como una “extraordinaria amenaza” a la seguridad nacional y a la política exterior de Estados Unidos. Según la orden ejecutiva signada por Trump el 29 de enero de 2026, el régimen cubano apoya a grupos terroristas como Hezbolá y Hamas, y se alinea con países hostiles como Rusia, China e Irán. 

    Derivado de ello, y por encima de la soberanía del pueblo cubano, el presidente estadounidense justifica aranceles adicionales sobre las importaciones de los países que abastezcan, directa o indirectamente, de petróleo a Cuba. Políticas que violan múltiples artículos la Carta de las Naciones Unidas y el Pacto Internacional de Derecho Políticos y Sociales, tratados que son “the law of the land” de los Estados Unidos de América.

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    La nueva andanada de la Casa Blanca en contra del gobierno cubano recrudece el asedio económico al que se le ha sometido desde la década de los 60, a la que se le suma una presión energética cuyos efectos no hacen más que afectar las condiciones de vida de la población. 

    Este escenario de asfixia económica y política se da luego de que Venezuela dejó de ser el proveedor principal de petróleo a la isla, con la captura de Nicolas Maduro, y el posterior dominio impuesto a su sucesora, Delcy Rodríguez. A este cuadro se le suma la falta de apoyo por parte de países aliados tradicionales al régimen cubano, como Rusia o China, mientras que otras naciones se mantienen al margen, lo que abona a la normalización de la política imperialista de Trump.

    Ante una narrativa abiertamente intervencionista, México ha optado por una posición de mayor cautela. Por un lado, defiende férreamente la ayuda humanitaria a Cuba e insiste en la necesidad de la solidaridad internacional. Por otro lado, se explica la suspensión de envíos de petróleo hacia aquella nación como una “decisión soberana”, pues Petróleos Mexicanos (Pemex) toma sus decisiones basadas en contratos y disponibilidad del crudo. 

    Mientras que la presidenta Sheinbaum ha preferido un delicado equilibrio entre seguir apoyando al pueblo cubano sin entrar en confrontación con Washington, el expresidente López Obrador ha irrumpido públicamente en el debate, con un llamado a través de su cuenta de X, a donar recursos a la asociación civil Humanidad con América Latina.  Su pronunciamiento, a la que se sumó la mandataria, resulta coherente con la política exterior de México y con su postura como líder moral de la Cuarta Transformación. 

    Así, el expresidente puede optar por una postura de coherencia ideológica con la relación de apoyo hacia Cuba, y la presidenta Sheinbaum evita represalias de Estados Unidos hacia México y mantiene un escenario de viabilidad para T-MEC.

    En este frágil equilibrio, México se juega también su proyección como actor estratégico en América Latina, en un momento donde la defensa de la política de no intervención y de la libre determinación del pueblo cubano supone, también, defender los intereses de México frente a EE. UU. 

    Sobre la autora:

    Palmira Tapia es Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Oxford y Licenciada en Ciencia Políticas y Relaciones Internacionales, por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

    Twitter: @palmiratapia

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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